Con goles de Diego González, Víctor Ayala y Lucas Melano, el Granate derrotó al Sabalero 3 a 0. El equipo de Sciacqua jugó todo un tiempo con 10 jugadores por la expulsión de Jacobo Mansilla.
El arquero visitante Agustín Marchesín, seguramente se habrá bañado para justificar lo que transpiraron sus compañeros. Pero como se dice habitualmente, fue un espectador de lujo. Si hacemos un repaso de las 12 fechas que se llevan jugadas, vamos a encontrar que un imaginario ping pong, Colón nunca superó a sus rivales en situaciones de gol. Y así se hace muy complicado, poder sumar. El dato es irrefutable: siete partidos sin convertir, son un verdadero karma para este equipo que juega sin arcos. Es alarmante la sequía de sus delanteros, pero además de no marcar, ni siquiera están cerca del gol. La única situación que tuvo para descontar, fue en los pies de Martín Comachi tras un error de un defensor de Lanús que dio un pase atrás y encontró al delantero sabalero.
Hace una semana, cuando se mencionaba, que ante All Boys el equipo había mostrado cierto orden defensivo, decíamos que ante rivales de otra categoría justamente como los que tenía en el horizonte, no iba a alcanzar con lo hecho en el debut de Mario Sciacqua.
Y así fue, porque el Granate se floreó en Santa Fe, lo ganó al trotecito, sin despeinarse y en los últimos minutos levantó el pie del acelerador, apiadándose de su rival. Colón no tuvo ideas, ni siquiera temperamento para intentar una reacción, al contrario, en el segundo tiempo jugó a perder por pocos goles. Se paró de contra, esperando que Lanús pueda equivocarse, algo que finalmente no aconteció.
Es cierto que la infantil expulsión de Jacobo Mansilla fue deter minante, ya que al minuto posterior llegó el primer tanto de Lanús en los pies de Diego González, tras un centro por la izquierda de Maximiliano Velázquez. El volante anticipó a Gerardo Alcoba y empujó el balón a la red.
Pero volviendo a la tarjeta roja que Mariano González le mostró a Mansilla, el carrilero perdió una pelota en la mitad de la cancha y no tuvo mejor idea que derribar de atrás al jugador de Lanús propiciando el segundo cartón amarillo y la consecuente expulsión. En dos minutos, se le escurrió el partido, ya que si 11 contra 11 parecía que era una quimera marcar un gol. Con un hombre menos, ni un milagro podía salvar al elenco local.
La etapa complementaria fue un monólogo del conjunto conducido por los hermanos Barros Schelotto, dejando una imagen de equipo sólido y atildado. En Colón se puede rescatar el empuje y las ganas de Meli, pero nada más. El resto no estuvo a la altura de las circunstancias, y el resultado final, así lo terminó reflejando. Está claro que el problema de Colón no pasa por los técnicos, porque con Rubén Forestello y Sciacqua el equipo juega decididamente mal. Es verdad que Sciacqua lleva apenas dos partidos dirigiendo, pero en esos 180 minutos, únicamente se puede rescatar el punto ante All Boys. Pero en cuanto al nivel futbolístico es tan malo como el que evidenciaba cuando el Yagui estaba en el banco. Si nos remontamos al torneo pasado, habrá que decir que tanto Roberto Sensini como Pablo Morant, no le encontraron la vuelta y debieron irse.
Por escándalo, este es el plantel con menos jerarquía desde que Colón volvió a Primera. Con muchos jugadores de las inferiores, que hasta aquí no demostraron condiciones, y otros que llegaron, que no se sabe porque se los trajo. Hace dos años y medio, Colón tenía en su plantel delanteros de la talla, de Esteban Fuertes, Federico Higuaín, Joaquín Larrivey, un enganche como Damián Díaz. Algunos rindieron, otros quedaron en deuda, pero había materia prima.
Hoy esa calidad está ausente, en el plantel están Rubén Ramírez, Darío Gandín, Luciano Leguizamón y los más jovenes que hacen lo que pueden. Colón se desangra y nadie para la hemorragia, todos miran impávidos, esperando un milagro, la resignación es la peor receta en estos casos.
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