Con dos décadas en el poder, Robert Mugabe acabó con el apartheid y el colonialismo en una de las naciones más ricas de África, a la que convirtió en una de las más pobres y enfermas. Hoy celebra sus 85 con una de las fiestas más caras del siglo.
En los 80, Mugabe ordenó a sus fuerzas especiales, entrenadas por Corea del Norte, que asesinaran a un grupo étnico distinto del suyo, en la provincia de Matabeleland. Ha castigado a distritos que no votan por él por medio de recortes indiscriminados en la distribución de alimentos.
Pero esas órdenes no alcanzan el nivel de “genocidio”. Sus soldados pueden haber participado alguna vez en el saqueo de los recursos de Congo, pero esto tampoco califica como una invasión o una ocupación. Zimbabwe no es un refugio ni un paraíso de terroristas internacionales buscados por Europa o EE.UU., tampoco toma parte en el mercado negro internacional de armas de destrucción masiva. Pero la situación se ha alterado recientemente.
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