El temporal generó un dique natural donde se acumuló el agua del río Neuquén. Temen que una crecida provoque inundaciones.
El temporal que azotó al norte de la provincia hace tres semanas dejó una consecuencia inesperada. Cargado de barro, piedras y troncos, el arroyo Huaraco desembocó con furia sobre el río Neuquén, creando un embalse natural que apenas permite el paso del agua. Ahora, donde antes había un raquítico hilo marrón, tan típico de la temporada estival, puede verse un verdadero estanque, que tiene poco que envidiarle a los espejos del sur provincial.
“La gente viene a navegar en kayak. Incluso el otro día apareció una moto de agua”, contó Aravena, parado a pocos metros del límite que separa la localidad que gobierna de Huinganco.
Preocupación
Sin embargo, lo que podría pensarse como una bendición de la naturaleza y un futuro recurso turístico, tiene preocupados a los habitantes del lugar. Temen que con el comienzo de las lluvias intensas de mayo y su consecuente impacto sobre el caudal del río Neuquén pueda generarse un desborde del agua acumulada, provocando un nuevo corte de la Ruta 39, dejando aislada a Huinganco, tal como pasó a principios de febrero.
Además, según contó Aravena, del lado de Andacollo existen tres casas y una escuela que, por su ubicación, en una zona deprimida, podrían verse afectadas ante esta situación.
“Ya acordamos un plan de evacuación por cualquier contingencia”, contó el jefe comunal, y explicó que técnicos de Recursos Hídricos de la provincia y de la AIC realizan mediciones permanentes para decidir qué hacer.
“Están en la disyuntiva entre intervenir para derrumbar el dique natural o dejar que la naturaleza actúe por su cuenta”, señaló Aravena. Otra opción podría ser la de preparar un camino alternativo. Existe uno, menos consolidado que la ruta, que pasa por las tierras de Rogelio Figueroa, aunque es más susceptible a cortarse por temporales.
Temporal
“Fue un temporal impresionante: cuatro horas de lluvias y piedra”, contó un vecino de la zona. Aseguró que, en opinión de los pobladores de la zona, no se registraba un fenómeno de ese tipo desde hace 70 años.
En Huinganco, el desborde del arroyo del mismo nombre destruyó una casa, y provocó un alud de al menos 3 metros de altura. Las marcas de barro aún pueden verse en los pinos, a un costado del cauce, a unos dos metros de altura. Rocas del tamaño de un auto y troncos de varios metros de largo se aprecian en el recorrido, como señal de la fuerza inmanejable de la naturaleza.
“El estruendo que se sintió es indescriptible. Un ruido intenso que no había escuchado nunca”, contó otro vecino de la localidad.
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