En la zona universitaria y residencial del este de Cipolletti actúan casi con impunidad. Se requiere de mayor presencia policial.
La situación no es nueva, pero pese a que se viene reiterando hace bastante tiempo todavía no se le pone punto final, para zozobra de la comunidad universitaria y de toda la población de un amplio sector urbano.
Muchos de los ataques son protagonizados por motochorros que, haciendo gala de audacia e impunidad, actúan incluso en horas de la tarde o primeras de la noche, cuando aún es mucha la gente que transita por los alrededores.
Los casos se multiplican y tienen un patrón de conducta similar. Los ladrones paran abruptamente la moto junto a la persona elegida como blanco, que sorprendida y temerosa no atina a hacer nada.
El que va de acompañante se baja rápidamente y con palabras feroces y cortantes reclama la entrega de todo lo que de valor lleve consigo la víctima. El botín lo suelen conformar celulares, netbooks o notebooks, algo dinero en efectivo, algún objeto de valor.
Vertiginoso accionar
Los estudiantes más humildes, es claro, no suelen portar mucho que pueda resultar valioso pero los motochorros están lejos de hacer distinciones sociales. Se abalanzan sobre la persona desprevenida que eligieron y, en cuestión de pocos minutos, se hacen de un botín.
Mucho se ha hablado sobre la necesidad de una presencia policial más frecuente en la zona de las facultades, que en conjunto reúnen a miles de estudiantes. Sin embargo, y pese al reclamo, no es muy usual observar a uniformados de a pie ni tampoco aquellos motorizados, afirman personas que suelen transitar por el sector.
Además de las pérdidas materiales, las víctimas quedan marcadas por el temor, que se redobla en los casos de los alumnos que deben volver a pasar por las inmediaciones. Se imponen, por tal motivo, acciones oficiales para frenar el accionar delictivo y llevar a la Justicia a los motochorros. La seguridad de muchos, sobre todo jóvenes, está en juego y no valen las excusas.
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