Un ladrón disfrazado de cartero encañonó a jubilada en su casa

Un ladrón disfrazado de cartero encañonó a jubilada en su casa

Vestía el uniforme de un correo privado y tenía un paquete con una etiqueta de “felices Fiestas”. La mujer se resistió 

- Buenas, somos del diario. ¿Hubo un robo en esta casa? - ¿De verdad no son ladrones? Yo ahora no le abro más a nadie. Haydeé (76), vecina de La Loma, aprendió a desconfiar como nunca. De hecho, tarda en atender el timbre y recién se asoma por una ventana enrejada cuando escucha que su vecino de al lado acompaña al equipo periodístico de este medio. A la jubilada le cuesta soltarse y empezar a hablar. En un episodio que trascendió recién en las últimas horas, el jueves a la mañana la engañó un delincuente disfrazado de cartero. Eran las 11.30. Un hombre solo, ataviado con el logo rojo y blanco de una empresa de correos privada, había llamado a la puerta de una casa de 26 entre 43 y 44. Haydeé salió a atender, y aunque no esperaba ningún envío a su domicilio, al principio se ilusionó con una sorpresa. El cartero tenía en manos un paquete grande con una etiqueta en el lado de afuera que prometía: “¡Felices Fiestas!”. “Señora, tiene que firmarme la planilla para que le entregue la caja”, le mintió el ladrón, imitando un procedimiento de rutina que en general tienen que cumplir los empleados de mensajería privada. La jubilada pretendió completar el trámite desde la ventana que da a la calle, con el enrejado blanco que la protegía del exterior. “Pero el paquete era muy grande y me pidió que le abriera la puerta para entrarlo a mi casa”, explicó la víctima, una vez que entró en confianza con el periodista de EL DIA. amenazas y forcejeo Pasó un segundo hasta que la actuación terminó. El cartero se convirtió en delincuente ni bien sacó un arma y encañonó a la jubilada. Haydeé se asustó pero de todas maneras le hizo frente al ladrón a pesar de que ya la habían encañonado. “El me tiró al piso y me seguía amenazando. Pero yo le arranqué el reloj, le manoteé los anteojos y hasta le saqué el bolsillo que tenía cosido en el pecho, con el logo de la empresa de correos”, detalló la víctima. No había nadie en la casa que pudiera colaborar con ella para echar al ladrón. En un momento, la situación casi adquiere tintes de dramatismo: “Llamó por teléfono a un cómplice. Pensé que me iban a matar”, subrayó Haydeé. A pesar de su edad, la jubilada fue más hábil que el delincuente y alcanzó a salir corriendo por el garage, para después pedir ayuda a gritos. El delincuente se imaginó cercado en pocos minutos y suspendió el asalto sin llevarse nada. En una esquina, un Peugeot 206 gris con un cómplice lo estaba esperando. Hay varios aspectos en cómo actuaron los delincuentes que encendieron el alerta porque evidencian su trabajo de inteligencia. En una planilla, el cartero falso tenía varias direcciones del barrio en las que, según se intuye, estaban listos para repetir el engaño. Otro aspecto llamativo es que conocían el nombre del esposo de la mujer, el supuesto destinatario del regalo. “Deben sacar los datos de las facturas e impuestos”, supone ella. Hace un año, a Haydeé también le entraron a robar aprovechándose de que había ido a atender a alguien que le tocó el timbre. “Tenemos rejas hasta en la banderola del baño pero igual se nos meten los ladrones”, aportó su marido. Con poco margen para la confianza, la jubilada parece querer cambiar el rumbo lejos de su casa: “Nos queremos ir del barrio”.

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