El prestigioso filósofo y ensayista habló del Gobierno, de los políticos, de la oposición y de la situación institucional de la República.
Me encantaría que fuera así, pero creo que no es así. Creo que hoy lo que sale a la luz, a excepción hecha de Elisa Carrió en su discurso que sí tiene plena conciencia de esto. Que no tenga la posibilidad de consolidar un liderazgo representativo no significa que su discurso no dé en el clavo del problema. Podemos analizar por qué no tiene la posibilidad de recuperar el liderazgo que tuvo, pero lo que es cierto es que hoy prepondera en la oposición la necesidad de ver quién se queda con la pieza más grande de la casa mientras la casa está ardiendo. La incomprensión es muy profunda. La disputa de liderazgos en este momento, desoye la demanda social.
¿No hay una dirigencia que escuche esta demanda?
Ha habido una extraordinaria evolución social en la Argentina en los sectores opositores, se ha pasado de la afirmación que los políticos deben irse todos a la convicción de que la política es imprescindible, que la ley es fundamental, que la Constitución debe ser respetada, y que los liderazgos sectoriales deben estar al servicio de consensos compartidos. Pero no hay una dirigencia que pueda dar cuerpo a esta exigencia y propósito porque la cultura cívica de quienes hoy integran la oposición todavía no ha sido capaz de dar el paso hacia la presentación de un frente de propuesta que vaya más allá de los liderazgos individualistas. No digo que todos tengan que estar unidos en un único grupo, en un único partido, digo que los consensos transpartidarios son los únicos que pueden superar la fragmentación partidaria. Entonces gane quien gane y represente quien represente a un sector u otro, la ciudadanía debe saber que lo que está en juego es una comprensión fundamental del riesgo que corre hoy la república por parte de un populismo que ha logrado poner a la ley al servicio del poder.
¿No existe el riesgo para el mismo Gobierno que este mismo modelo se muerda la cola y que por los mismos problemas económicos no dé las suficientes respuestas a las masas que dependen de él?
Supongamos que fuera así, durante la dictadura militar, cuando se declaró la guerra de Malvinas, muchos dijimos que era el fin de la dictadura, declararle la guerra a la Otan era el fin de la dictadura y fue así efectivamente. La pregunta es qué tarea habían desarrollado los partidos políticos para ir construyendo a lo largo de la dictadura militar un proyecto alternativo para que la transición a la democracia se cumpliera en forma sólida y progresiva. No fue así, el gobierno de Alfonsín, más allá de todo lo que éticamente le aportó al país, fracasó. Y luego no sólo hubo fracaso, hubo corrupción. Hoy nos encontramos con una situación similar: supongamos que el Gobierno sea víctima de sus propias contradicciones y que sus desmesuras lo arrojen a la impotencia y finalmente al fracaso. ¿Qué trabajo está haciendo la oposición para cuando llegue el turno de remplazarlo en el poder pueda generar una posibilidad de desarrollo que le retribuya, le devuelva a la democracia, significación ética y social?. Escaso, escaso. Porque estamos en un conventillo donde todos están peleando por tener la palabra y no las ideas. l

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