Ejemplar en extinción, llegó mediante un préstamo con una institución dedicada a preservar esta particular especie
Majestuosa. Imponente. Centro de atracción del Zoo platense en la tarde de ayer. Y no era para menos. Los amantes de los animales podrían quedarse horas admirando a Kiara, la tigresa de Bengala blanca que, mediante un préstamo reproductivo con una institución de Estados Unidos dedicada exclusivamente a preservar esa particular especie de tigres, llegó al Bosque con su belleza impactante.
Es un ejemplar en extinción a causa de la mano del hombre, que persigue su inigualable color de piel hasta la muerte. Encima, la particular especie sólo puede tener descendientes con un ejemplar de las mismas características.
Cuentan los expertos que “los tigres blancos solían habitar el subcontinente indio”.
“Sin embargo -subrayan- el último individuo visto en estado natural fue cazado y muerto en 1958”.
Es un mito que los tigres blancos no prosperan en la vida salvaje, donde pequeños grupos se han criado blancos por varias generaciones, lo que ocurrió es que la ambición del hombre, a través de la caza, ha diezmado a estas bellezas para usarlas como como trofeos o por su llamativa y costosa piel.
Así se han ido perdiendo en su hábitat original, como es la India, y sólo quedan relegados a pequeños espacios y reservas que los protegen hasta con militares armados para que no los persigan y maten.
ENTRE “LOS MAS CARNIVOROS”
Carnívoros natos, comen un promedio de 8 kilos de carne por día, señalan los expertos.
En cuanto a Kiara, detallan que “es un ejemplar juvenil de dos años que tiene ojos celestes y una gran cantidad de rayas negras en su cuerpo”.
Un dato cautivante: “Esas rayas son como nuestras huellas digitales, características y diferentes en cada individuo, ya que muchos otros nacen todos blancos”, explican.
Los tigres de Bengala blancos pertenecen a la misma especie que los amarillos y naranjas (Panthera tigris tigris), pero son ejemplares con una condición genética que casi elimina el pigmento de su coloración normalmente anaranjada. No obstante, como se puede observar desde ahora en el Zoo platense, las rayas negras no se ven afectadas.
“No son albinos -aclaran los especialistas-. Esto ocurre cuando un tigre hereda dos copias de un mismo gen recesivo para la coloración pálida o blanca, que se ve reflejada, por ejemplo, en la tonalidad rosa de la nariz, en los ojos de color generalmente azul, aunque también pueden ser marrones, y piel de color blanco nieve con sus rayas negras”, describen.
El pelaje blanco es producido por una única alteración del gen del pigmento, según se descubrió a través de un estudio de investigadores de la Universidad de Pekín.
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