Kamal Abadía: El inexplicable vacío al retorno de cada regreso

“No descarto la posibilidad de partir” – Esas fueron las palabras más sensibles de Kamal Abdalla, el inmigrante sirio que reside en Rojas desde hace 18 años y que regresó hace días a nuestra ciudad tras un viaje que juntó a familiares y amigos en el país árabe – Reconoce que el vacío que le ocasiona cada regresó a la Argentina, tras visitar Siria, se torna cada vez más insostenible
Kamal Abdalla nació en Siria, en una provincia llamada Tartus, en la ciudad Safita. Llegó a nuestro país a la edad de 28 años, un 31 de diciembre del año 1992. Vino en su momento como para pasear y conocer el país en el cual residía su tío, al cual no conocía ninguno de los hermanos Abdalla; unos catorce, y que son parte de la unión de padre y madre Abdalla que residen actualmente en el país árabe.

Justamente, Kamal es el único que vive en Argentina. El resto sigue en Asia. Su tío llegó en 1968 y es un amigo de esta casa: en su momento vivía en Tucumán. Kamal vino con la ropa para pasar un tiempo, pero resultó que le gustó mucho este país y se quedó a vivir, sin pensar en el futuro. Acá se casó y tuvo una hija. Luego se separó y formó nuevamente familia, teniendo dos hijos más. Ambos vínculos fueron con argentinas, hijas de sirios. Fue un cambio drástico en su vida.

Kamal cuenta que vino por paseo, y que nunca pensó que iba a quedarse definitivamente en esta país de cultura muy distinta. Sin embargo, Argentina lo esperaba con amplias sorpresas. “Vine sólo a pasear, conocer un poco América. Y en 10 días cambié el trato con la gente de este país y decidí quedarme definitivamente. Resultó que me puse de novio acá, y mi vida cambió absolutamente cuando me casé”, destaca, desde nuestra redacción, y tras el viaje de placer que lo depositó durante 90 días en su país natal.

REALIZÓ EL QUINTO RETORNO

Desde que está en Argentina, Kamal viajó a Siria en el año 1996, 2000, 2004 y 2008. Este año, al igual que en el 2008, se fue con toda la familia. Pero en esta oportunidad, particularmente, viajó con el fin de que sus hijos, de la actual pareja, de 5 y 7 años, pudieran disfrutar de los 90 días que duró la estadía, en familia, aunque también con la intención de que aprendieran a hablar lo máximo posible el idioma árabe.

“Mucho porcentaje del viaje lo hice con el fin de que los chicos aprendieran el idioma. Porque por más que intentemos acá, y logramos a veces que puedan aprender a hablar algo, la verdad es que si no practican allá mucho tiempo se les hace dificilísimo conocerlo”, sostiene.

Según Kamal, “la lengua en la que uno no nació, difícilmente pueda hablarse bien. A parte de la edad, no hay mucho tiempo en casa para tratar de hablar en árabe”, comenta el inmigrante de religión musulmana. Según dice, gracias al tiempo que se quedaron, el mayor de los hermanos volvió hablando el idioma perfectamente.

“Puedo conversar en árabe perfectamente con él. En tres meses, más lo que había aprendido en los dos meses que estuvimos en 2008, si hoy por hoy le quiero preguntar algo en casa y charlar sobre algún tema en árabe, él no tiene inconvenientes para hacerlo”, reconoció quien en este país se desempeña como empresario mayorista de verduras y frutas.

UNA ESTADÍA

SIMPLEMENTE

MAGNÍFICA

Los Abdalla partieron a Siria sobre finales del junio. Sobre principios de agosto, viajó también a Siria una pareja amiga de la localidad de La Angelita. De cuatro, el número de visitantes de Argentina se extendió a siete, con la particularidad de que todos se quedaron en la casa de los padres de Kamal, en la localidad de Zafita, situada a unos 28 kilómetros del mar Mediterráneo.

Pero al mismo tiempo fue otra familia de La Angelita a pasear a dicho país. Fue una familia que tienen familiares que residen cerca de Safita, a unos 30 kilómetros aproximadamente. Pero no fueron los únicos. Por dichos meses, entre junio y septiembre, también arribaron a Asia un joven de 25 años de General Arenales, con intenciones de conocer los familiares de parte de su padre, y un médico cirujano de la ciudad de Ascensión, con tres de sus familiares, con la excusa de no haber conocido hasta el momento Siria.

“Si bien no todos pararon en la saca de mis padres, cuando nos juntábamos especialmente, sumado todos los hijos de algunos de mis hermanos que no viven en Safita, la casa parecía un club. La verdad que pasamos momentos muy lindos y fue muy difícil cuando nos tuvimos que venir”, reconoce el empresario local, quien reveló que en la planta alta de la casa de sus padres vive uno de sus hermanos con unos cuantos hijos, lo que hace muy concurrido cada día en el hogar.

EL GRAN VACÍO

AL RETORNO

Kamal comenta que si bien la casa de su madre estuvo concurrida y se vivió muy lindo toda la estadía, una semana antes al regreso la señora se empezó a bajonear sabiendo que llegaba la hora del retorno de Kamal, nuera y nietos argentinos. “Ella comenzó a sentirse caída, triste, a manejar la cabeza. E incluso quiso venir a acompañarnos al aeropuerto a Damasco pero no quisimos, y le pusimos la excusa de que no había lugar”, dice.

“Necesitaría pensar seriamente la posibilidad de irme. Necesito pensarlo porque no es fácil, ya que tengo 20 años de trabajo acá. Tengo mi conducta de trabajo como para dejar todo, y es algo que no lo hice por dos días y no puedo dejar en dos días”, aclara. “Igualmente allá tengo la vaca atada, como se dice acá. Nosotros estamos bien plantados. Tenemos fábrica de bloques de ladrillo para hormigón y trabajan fuerte aunque necesitan que alguien lo explote un poco más”, agrega.

De todos modos, es el mismo bajón y vacío que le queda tras cada viaje. Pero tranquilamente podría ser una posibilidad el irse, con la fuente de trabajo que tiene. Es algo que se hace cada vez más firme. Incluso Kamal asegura que su familia lo sigue si decide partir. Aunque es la situación que le queda tras cada retorno, cada vez regreso se hace más duro e intenso en cuanto a las sensaciones.

“La verdad es que si vivo abajo del puente la familia me sigue. Pero a la hora de hacer un planteo de si debo regresar a Siria o no, siempre me surge que me podría pasar lo mismo una vez que esté allá. Si bien están mis hermanos y padres, acá ya hice una cadena de amigos que también son familia. Por eso es una situación difícil. No descartó la posibilidad de partir, aunque tampoco de quedarme”, reconoció.

SAFITA, CERCANA

AL MEDITERRÁNEO

Safita es una ciudad situada en la montañas costeras de Siria, en lo alto de tres colinas y en los valles que se forman entre ellas, donde es natal la familia de Kamal. Esta ciudad creció prominentemente durante la Cruzadas y estaba habitada por los Caballeros Templarios del Chastel Blanc, formando parte del condado de Trípoli. Tiene una historia muy rica desde los tiempos de los fenicios y muchas tierras paradisíacas.

Kamal cuenta que durante la estadía se aprovechó la cercanía con el sensacional mar Mediterráneo para disfrutar de las vacaciones. “Queda a unos 28 kilómetros del mar, y fuimos varias veces en los tres meses. Sólo un día alquilamos un chalet en la playa porque a la noche nos queríamos volver por el cansancio y no se justificaba quedarnos debido a las distancias cortas”.

“Tartus es como Junín. Y Safita es como Carabelas u Obligado. La verdad que ha progresado notablemente desde 2008. Me sorprendió mucho la cantidad de autos que tienen los habitantes. No había lugar para estacionar por momentos. Todos estuvieron reunidos. Los de acá y toda mi familia. Pasamos momentos muy agradables. Todavía por estos días sigue sintiendo que me falta parte de mí”, sentenció Abdalla.

RECUERDO DE

LA NOTA DEL 2008

En 2008, Kamal Addalla encaraba la descripción del viaje que hizo en su momento. Permaneció 70 días en dicha oportunidad y en su retornó también dialogaba con El Nuevo. Pero en aquella ocasión, si bien sintió un vacío importante al llegar a Rojas, reconocía a esta ciudad como su pueblo. En aquel viaje le había presentado por primera vez a toda su familia, precisamente la hermosa familia formada en Argentina.

En dichas líneas, Kamal también hablaba de la realidad económica y social de su país natal.

Destacaba a la seguridad y la tranquilidad para vivir, como los pilares y las diferencias con este país. También valoraba de Siria el gobierno, joven e inteligente, con mucha fortaleza. Algo que llevó a que el país estuviera abierto para todo el mundo, con posibilidades para cualquier empresario.

Hoy Siria, según Kamal sigue creciendo. Hay bancos, empresas y fábricas por todos lados, por lo que hay más fuentes de trabajo y más dinero para todos. Además existe una apertura de créditos muy grande y muy abierta lo que marca hoy en día en día una diferencia con lo que pasa en Argentina. Se gana más o menos el mismo dinero que acá, aunque el costo de vida es más bajo, sobre todo en los servicios. (lm)

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