Residen en comunidades ubicadas al este de la ciudad. La escuela de nivel medio más cercana queda a 3 km. En la zona oeste, donde reside 30% de la población, tampoco tienen ni un solo establecimiento.
“Aquí la única posibilidad de que los chicos hagan el secundario es que vayan a la escuela Pretty, pero casi nadie manda sus hijos”, explicó Mario Frías. “La escuela se ubica a más de 3 kilómetros de la comunidad Lapacho II y el trayecto que deben recorrer es muy lejos, muy peligroso para que vayan caminando y no tenemos ninguna posibilidad de ponerles un vehículo; por eso ningún chico de estas comunidades hace el secundario. Ni qué pensar si tienen que irse hasta el centro, imposible para nosotros”, manifestó.
La pobreza
La zona este de Tartagal es, por lejos, la más postergada; allí, no hace más de 20 años, se asentó una comunidad conformada por más de 250 familias, en la actualidad se llama Lapacho II. “Nuestros abuelos vivían donde hoy queda el barrio Roberto Romero, pero cuando comenzaron a construir esas casas nos vinimos para acá; después construyeron la planta depuradora de líquidos cloacales y ahora la tenemos a menos de 50 metros. El olor en el verano es insoportable, sobre todo cuando hacen más de 45 grados y no se puede respirar”, expresó el cacique Mario Frías, un hombre de 40 años padre de varios chicos. Pero a Mario hoy no le preocupa tanto el desplazamiento de su comunidad ni el mal olor. Su mayor preocupación es la venta y el consumo de drogas que padecen los chicos tanto de su comunidad como de las otras vecinas. Y es allí donde surge la otra gran problemática y quizás una de las principales razones de que el consumo de paco va en aumento en decenas de comunidades de toda la ciudad.
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