Se trata de Franco Romero, quien lo hacía acompañado por Federico Pereyra. Se movilizaban en una Ford K, que registró cuantiosos daños materiales, al chocar con un caballo en plena avenida. El equino quedó muerto sobre el asfalto.
Tremendo accidente
Fue anteanoche, a las 23.50, en la Avenida de Circunvalación, en la zona Oeste de la Capital, a unos 600 metros antes de la unión con San Francisco. A esa hora, de Oeste a Este circulaba un automóvil marca Ford K, color gris, dominio GYX-626, el que era conducido por el joven Franco Romero, del barrio San Nicolás, quien lo hacía en compañía de Federíco Pereyra, del barrio Santa Justina.
Por causas que se tratan de establecer, apenas 600 metros después del cruce de las avenidas, el automóvil impactó de frente con un caballo, que estaba parado en medio de la calle.
A raíz del tremendo encontronazo el automóvil se detuvo de golpe y el caballo cayó con parte de su cuerpo sobre el costado derecho del capot y el resto del cuerpo impactó con tremenda fuerza sobre el parabrisas.
Al parecer, los jóvenes a bordo del Ford K circulaban a baja velocidad, según dijeron en el lugar testigos presenciales, lo que les habría favorecido a que el cuerpo del equino no impacte sobre sus cuerpos.
Lo que si les cayó sobre el rostro a los dos ocupantes del vehículo fueron los restos de vidrios del parabrisas, que había sido totalmente destruido por el impacto del cuerpo del caballo.
Rápidamente se constituyeron en el lugar los efectivos de la Comisaría Cuarta, con jurisdicción en la zona y luego lo hizo un equipo de Rescate de Bomberos Voluntarios.
Finalmente se constituyó una ambulancia de la Emergencia 107, cuyos profesionales brindaron en el lugar las primeras atenciones a los jóvenes que tenías cortes pequeños en sus rostros provocados por los vidrios del parabrisas.
Luego de una breve evaluación, los profesionales de la salud decidieron trasladar a los jóvenes al hospital Enrique Vera Barros para una mejor atención de sus lesiones, que fueron consideradas leves y son riesgo para sus vidas.
La espectacularidad del accidente y el estado en que quedó el Ford K, más el cuerpo del equino tirado en medio de la avenida y la oscuridad reinante en la zona le dieron un cuadro tétrico al siniestro vial.
Los animales sueltos continúan provocando accidentes de tránsito sin que se acierte a una solución definitiva sobre el tema. No hay una política seria y responsable que termine con los animales sueltos. La Policía se encargaba hasta hace un par de meses de ese control, pero luego tuvo que dejarlo en virtud de que una ordenanza establece que quien tiene poder de policía para efectuar ese control es la Municipalidad de la Capital.
Sin embargo los animales continúan provocando accidentes sencillamente porque sus propietarios los dejan sueltos y, cuando uno de esos accidentes se cobra una vida, los propietarios no aparecen por ningún lado y nadie se hace cargo.
El caballo impactó con fuerza sobre al parabrisas y, sólo de milagro no provocó una tragedia con los jóvenes ocupantes.
Un hecho insólito y, además inexplicable lo constituye la oscuridad. Ese tramo de la Circunvalación aparece desde hace tiempo con las luces apagadas. .
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