Justo Moreno, para una transición compleja

Hace años que el rol de cualquiera de los poderes del Estado provincial se agotaba en el cumplimiento de reglamentos vaciados de contenidos.
a Cámara de Diputados es uno de los casos más emblemáticos de una sumisión absoluta que le impuso el FCS a la Legislatura y a la Justicia durante sus años de absolutismo; por eso, más allá de las simplezas de El Ancasti y La Unión, que festejaron el despido de Luis Barrionuevo, está lo importante de la elección de Jorge Moreno.

El jefe de la Renovación Peronista expresa una vocación política por acordar a al menos convivir con representantes de otras expresiones, un ánimo que puede redundar en beneficios concretos; eso está claramente expresado cuando reitera, cada vez que puede, que “hay que desdramatizar la política”. Lo opuesto es lo que expresan muchos otros, aún siendo igual o más jóvenes, enfrentar de manera terminante al adversario, donde siempre se impone alguno, pero donde difícilmente gane alguien.

Lo verdaderamente importante de la elección de Moreno en la Cámara Baja, es que se ubica en un puesto clave a un conciliador, un componedor, que demostró experiencia en lidiar con posiciones difíciles como los seis meses de transición que quedan por delante entre los gobiernos de Eduardo Brizuela del Moral y Lucia Corpacci.

Para muchos dentro del justicialismo, Jorge Moreno es un cuentapropista de la política, que no se ató nunca a ninguno de los líderes de formato tradicional del peronismo, pero eso mismo revela un criterio propio distinto, que logró imponer con el paso de los años. En todos esos años, Moreno negocio y acordó con todos, de dentro y fuera del peronismo, lo que le nutrió la agenda de contactos que son envidiables o que al menos merece respetarse.

Si muchos en el kirchnerismo, y más aun en el radicalismo claro, no vivieron su elección al frente de la Cámara de Diputados como una satisfacción, se equivocan y hasta harían bien en revisar esos sentimientos. Los seis meses de transición por delante, ciertamente no serán fáciles y tranquiliza un hombre como Moreno ocupando un lugar en la cadena de sucesoria del mando provincial. Eduardo Brizuela del Moral, y menos Martha Grimaux, no ofrecen esa tranquilidad.

Solo por pensar un proyecto de ley que se debe tratar en Diputados como el presupuesto 2012 será de difícil elaboración y por ende discutido ya que es de suma importancia para el gobierno entrante de Lucia Corpacci, pero que demanda la firma del gobernador Brizuela del Moral.

Hay varios temas, que si se mira bien, es conveniente para el gobierno entrante que se traten y se aprueben en el transcurso de estos próximos seis meses. El gobierno radical saliente le puede sacar provecho a ese interés político legítimo, oportunidad que se presenta justo en una etapa final de mandato que se presenta complicada, que día a día se complejiza más.

En el medio de esos dos sectores aparece Jorge Moreno, con experiencia en acuerdos de todo tipo, muchos de los cuales, a primera vista, se presentaban como bastante difíciles; que luce más cuando en el kirchnerismo no se destacan todavía espadas políticas con la vocación y las cualidades para los meses de transición.

Pero si aún todos esos argumentos no alcanzan para brindarle una cuota de confianza a Moreno, está una situación de la que nadie, ni oposición ni oficialismo, quiere hablar: un adelantamiento de la entrega del mando. El radicalismo reclama para su gobierno las atribuciones constitucionales que son plenas hasta el 9 de diciembre; pero si Eduardo Brizuela del Moral insiste con su negativa a discutir las iniciativas que resuelve, claramente está jugando con fuego.

Es que aun con atribuciones plenas, la derrota del 13 de marzo le recortó la legitimidad, legitimidad que se licua más cuando se conocen hechos que a simple vista aparecen como corruptelas que permanecían ocultas y que estallan ahora porque ya no hay miedo a denunciar a un gobierno con poca legitimidad.

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