Justin en Córdoba: masa e histeria

Justin en Córdoba: masa e histeria
Tremendo cierre del Z Festival con al presentación de Justin Bieber. Los dos conceptos se graficaban a la perfección este viernes en el Estadio Kempes.
Los gritos se superponian en una carrera por el volumen que no tenía fin. Bastaba que una chica fuera corriendo hacia cualquier lugar para que todas salgan detrás desesperadas. Cientos, corriendo porque vieron a otras correr. "¿Quién está?", pregunta el cronista que está a dos generaciones de estos chicos de la generación Z (de ahí el nombre, Z Festival). "No sé, pero todas vienen", contesta una regordeta que no debe tener más de 10 años.

Aún en esa ternura preadolescente, en masa se convierten en cazadoras de cualquier cosa que, hipotéticamente, las acerque al "dios" de este periodo de su vida: Justin Bieber.

El pibe canadiense es la estrella teen que, a los 19, quiere ir dejando de lado su costado más adolescente para ser un ídolo pop. Y por ahí va el concierto, exaltando el costado sexy de esta atracción, con Bieber jugándola casi de macho alfa.

Un reloj en cuenta regresiva anunció que faltaban 10 minutos para que salga Justin (ya una hora después de lo anunciado), y la “bieber fever” (fiebre) subía a pesar de que justo se largaba a llover. Mucho antes, habían pasado los Hipnótica (gran banda de pop local); Owl City; el australiano Cody Simpson (¿el sucesor de Justin?) y la morochita Carly Rae Jepsen (tibio desempeño en escena, salvo al final que hizo subir a una chica a escena para su hit, Call me maybe). Todo bien, pero las “Believers” (las fanáticas de Justin) querían el platillo que habían ido a saborear.

Las pantallas lo mostraron como una sombra flotando con unas alas hasta que la figura angelada que tantas veces vieron así (a través de una imagen) se hizo real y al frente de sus ojos. Justin apareció caminando canchero, todo de blanco y con lentes de sol, arremetiendo con All around the world y Take you..

El escenario por primera vez era explotado en su totalidad: una gran pantalla de fondo y dos más pequeñas a los laterales y algo de pirotécnia. 12 bailarines, una banda de apoyo y muchas pistas y voces grabadas fueron los condimentos que rodearon a Bieber.

“¡Hola Argentina! ¡Cómo va!, ¿La han pasado bien hasta ahora? ¿Cuántas me han visto antes y para cuántas es la primera vez? ¿Cuántas tiene mi disco Believe?”, dijo en su inglés veloz, que no fue comprendido por la mayoría. “Vamos a hacer una de mis canciones favoritas (Catching a fire) ¿No les molesta si me pongo más cómodo?”, tiró pícaro mientras se quitaba la campera.

Él baila inspirado por los pasos de Michael Jackson (que sonó antes de su llegada) aunque por momentos hace hay gestos que parecen más a lo Wachiturro.

Se le anima a la guitarra acústica y la batería, justificando en vivo eso de que “también toca”. Igual, como buen show-entretenimiento, todos sus gestos están milimetrados y no sale jamás de su corset.

Van pasando los temas, (One Time, Eenie Meenie, Somebody to love y el lentazo Love me like you do), con cambios de vestuario y una coreografía tras otra.

El sonido es muy bueno, tanto que los gritos de las chicas quedaron atrás (era difícil, eh).

Las imágenes cuentan la película de su vida, y van llegando los grandes éxitos: Never say never, As long as you love, Boyfriend y Baby, su gran éxito, cantado justo por él, que está en pleno proceso de dejar de ser un “bebé” para convertirse en un hombre. ¿Sus fans lo acompañarán en ese largo camino? Por ahora, lo tienen en lo más alto.

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