En Junín, muchos jóvenes que se drogan no estudian ni tienen un trabajo estable

En Junín, muchos jóvenes que se drogan no estudian ni tienen un trabajo estable
Desde el Centro Preventivo Asistencial (CPA) admitieron que la ingesta de sustancias prohibidas es alta y lo atribuyeron a la fuerte oferta y la falta de “espacios de inserción y participación”.

Hay un lazo que liga la marginalidad con la drogadicción y que rige casi como axioma en todo el mundo. De acuerdo con ese precepto, mientras más lejos esté un individuo de acceder a los ámbitos personal y profesional mayores son las posibilidades de entablar conexión con el peligroso mundo narco. Y mucho de eso se está confirmando en el Junín actual.

En ese sentido, la directora del Centro Preventivo Asistencial (CPA), ente que depende del gobierno provincial y del Municipio y que tiene sede en Lavalle 929, Graciela Crupi, señaló que muchos pacientes que asisten a ese lugar para iniciar un tratamiento de rehabilitación no están insertos ni en el sistema educativo ni en el mercado laboral.

“Hay muchachos que no siempre están incluidos en el sistema educativo. Por otro lado, muchos de los usuarios nuestros trabajan y otros carecen de ambas cosas, donde hay que generar espacios de inserción y participación porque notamos que no tienen un proyecto de vida”, le dijo Crupi a Democracia.

En la actualidad, el equipo terapéutico del CPA está integrado por cinco psicólogas, una psicopedagoga, una médica psiquiatra, una trabajadora social y un profesor de educación física.

La titular del Centro Preventivo reconoció que el nivel de ingesta “es fuerte”, y completó: “No podemos desconocer la realidad de nuestra ciudad. Si hay muchos consumos porque hay mucha oferta, mayor disponibilidad y mayor tolerancia social. Las sustancias de consumos por las que consultan son: alcohol, marihuana, cocaína, inhalantes y psicofármacos.”

Con respecto a las edades de los adictos que concurren al CPA, Crupi reveló que en el Año 2013, de enero a Abril ingresaron treinta adultos y ocho menores, de los cuales catorce fueron enviados por juzgado y veinticuatro lo hicieron de manera espontánea. En tanto, en el primer cuatrimestre de 2014 acudieron treinta y seis adultos y cinco, producto de diecisiete derivaciones judiciales y veinticuatro inicios espontáneos.

Una vez diagnosticados, los usuarios que necesitan un tratamiento de mayor complejidad son derivados a las comunidades terapéuticas por medio de la Subsecretaria de Salud Mental y Adicciones cuando carecen de cobertura social. En caso contrario, se acuerda con las distintas obras sociales para llevar a cabo dicha internación.

“En caso de primar una patología psiquiátrica son derivados a las instituciones específicas de atención”, apuntó.

¿Bajó el consumo?

Graciela Crupi también brindó cifras comparativas de las consultas recibidas en el primer cuatrimestre de 2013 y el período similar del corriente calendario: “De Enero a abril del año 2013 se llevaron a cabo 949 prestaciones, mientras que en el mismo lapso de 2014 se realizaron 725”, comentó.

Programa preventivo

En lo que hace a la faz preventiva, el CPA trabaja con los establecimientos educativos,

donde se aborda la problemática en los distintos niveles de enseñanza, con docentes, alumnos y padres.

También se realiza una labor comunitaria, trabajando en red con otras instituciones en tres barrios: Loreto, Progreso, Villa del Parque y San Antonio.

El programa asistencial de la entidad consiste en atención ambulatoria, grupos con familias de pacientes en tratamiento y grupo de orientación en general y diagnóstico y derivación para pacientes que requieren de internación en comunidades terapéuticas conveniadas por la Subsecretaria de Salud Mental y Adicciones.

“Quienes acuden al CPA son usuarios jóvenes, adolescentes y adultos en general.

Alumnos que cursan carreras terciarias con el fin de realizar pasantías de aprendizajes para conocer la problemática, y alumnos del nivel secundario que trabajan la temática”, puntualizó Crupi.

La moda del narcomenudeo

A propósito de esta problemática, en Junín se consolida la modalidad del narcomenudeo.

Esta forma de operar consiste en la comercialización de los estupefacientes a través de pequeñas cantidades y de forma organizada, a veces dividida entre varios miembros o cómplices de la boca de expendio.

Para pasar desapercibidos y disminuir las posibilidades de ser descubiertos con importantes empaques de droga, los narcos trabajan a pedido y pautan cuidadosamente los puntos de entrega. En caso de necesitar ubicar un stock de dosis, lo hacen a través de vecinos o parientes en el barrio, quienes en algunos casos también comienzan a ser parte de la rama de comercialización.

El narcomenudeo es también la última forma de organización en las grandes ciudades de la Argentina y Latinoamérica. En las zonas conurbanizadas como Rosario o el Gran Buenos Aires, suele ganar terreno a través de la violencia, las peleas entre bandas y los sicarios.

Aquí en Junín, gran parte de los últimos allanamientos tuvieron lugar en viviendas de la periferia, muchas de estas sencillas. Muchas veces los narcos utilizan la fachada de una morada humilde, a veces habitada por niños y ancianos, como un telón para cubrir el negocio.

Si bien la Justicia y la policía coincidieron en que en Junín no operan grandes redes de narcotráfico, sí describieron la operatoria de los vendedores locales.

“Manejan siempre pequeñas cantidades. Saben que no pueden andar con mucho. Entonces, siempre es fundamental contar con el vínculo para poder determinar que la droga era para la comercialización. Si no, es tenencia simple, se le indica a la persona que debe seguir un tratamiento para recuperarse de sus adicciones y listo”, comentó Plou.

Comentá la nota