Robos, asaltos, hurtos, arrebatos, droga... forman parte del escenario de miedo que hoy viven los juninenses
¿En qué consiste? En la inseguridad diaria que sufren los vecinos. Antes, tal vez era peligroso circular por la madrugada en barrios de la periferia. Hoy, ni siquiera es seguro andar a plena luz del día por el centro de la ciudad.
Los arrebatos, robos de motos (se calcula que hay uno por día en promedio), las salideras, los atracos a mano armada, los asaltos a negocios y los ataques a jovencitos son hechos permanentes. Forman parte de la postal diaria de la ciudad, que nada tiene para envidiar a una ciudad del conurbano bonaerense. Es prácticamente incalculable el número de hechos diarios que sufren los juninenses.
Podría hacerse una estadística con los delitos denunciados. Pero significarían un ínfimo porcentaje respecto a los realmente ocurridos. Porque casi ningún padre se llega hasta la Comisaría cuando a su hijo le robaron el celular, o tampoco se radica la denuncia si se trata de un bien menor el que fue sustraído.
El por qué es fácilmente deducible: el número de esclarecimientos es todavía más ínfimo. La mayoría de los bienes robados jamás aparecen, y tampoco sus culpables. Por eso las víctimas optan por evitarse, al menos, la maraña administrativa que no llegará a buen puerto.
En los barrios más alejados es frecuente oír disparos, y hasta los propios vecinos se han acostumbrado. Los sujetos que circulan por la ciudad “en actitud sospechosa” ha crecido notablemente. Entran en cualquier momento del día a casas rodeadas por vecinos que no “escuchan” nada. Las peleas se dirimen a cuchillazos. Las motos literalmente “desaparecen”. Los comerciantes están asustados y se les hace difícil el día a día. Y la droga circula por todos los pasillos.
Cada cual trata de protegerse como puede, dentro de las murallas y fuertes en que se han transformado las casas, al menos de los que tienen posibilidades económicas. Pero ni con eso alcanza.
Sin medidas
Como manotazos de ahogado, ante alguna crisis o reclamo popular que contenga un tono un poco más elevado, salen las “reuniones” de autoridades.
Desde Tribunales, sobresale la cuestionada figura del fiscal general Juan Manuel Mastrorilli, a quien se le reclama no ser oriundo de Junín y residir en otra ciudad durante los fines de semana. La labor de fiscales a su cargo en notorios casos delictivos no fue brillante y hasta fue puesta en el ojo de la tormenta, con un pedido de jury incluido.
Los Foros de Seguridad ya no tienen la activa participación de las entidades, el compromiso de instituciones intermedias y el peso de su opinión que supieron ostentar, por ejemplo, cuando Luis Chami fue presidente del Foro Municipal. Los fomentistas que siguen, hacen lo que pueden, llevando el clamor de los vecinos hasta los oídos de la policía, que no siempre se ocupa de lo que le piden.
Lo de la policía es curioso. Los vecinos siguen pagando la Tasa de Seguridad, cada vez hay más efectivos, más patrulleros y mejor tecnología. Pero no se traduce una presencia efectiva por las calles. Los móviles están ocupados en operativos de tránsito, o en llamados por rencillas familiares, o en casos de alarmas que se activan, o tal vez circulando aburridamente por alguna calle. Pero en ningún caso, se observa una presencia en actitud “preventiva”. Ni hablar si tocamos el tema de los “aprehendidos” luego de un asalto, arrebato o robo.
Por su parte, el municipio sumó funcionarios a la Dirección de Seguridad y adelantó la creación de la “guardia urbana”, que ahora entró en un “stand by” por el avance del proyecto de la Policía Comunal. Las cámaras no han logrado plasmar una gran efectividad, ya sea como prevención o como esclarecimiento de hechos. Mientras tanto, no aplicó ninguna medida activa para desactivar zonas peligrosas de la ciudad, desde donde salen los delincuentes producto de la marginalidad y la droga.
Con la aparición de algún caso “ruidoso”, todos estos actores “se juntan”, analizan, proyectan, estudian, proponen... pero casi nunca la situación posterior sufrió algún tipo de mejoramiento.
A la deriva
Un caso especial es protagonizado por adolescentes y jóvenes que, cada madrugada, quedan librados a su buena suerte. Tras la salida de algunos boliches o cumpleaños, la calle se transforma en un laberinto que puede no tener un final feliz.
La peligrosidad de la noche ha ido en aumento. Y los jovencitos están librados a la buena de Dios cuando andan por las madrugadas en búsqueda de un taxi o caminando hacia algún sitio.
Patotas que golpean, motos con dos sujetos arrebatando lo que puedan y sobre todo, amenazas con armas de fuego. Los celulares son el objeto más buscado por los delincuentes, pero también se llevan plata, camperas, zapatillas o cualquier pertenencia que la víctima tenga y les parezca un botín apetecible.
A todo esto, el varias veces lanzado “corredor de seguridad”, que hace varios años atrás se había implementado por la avenida Benito de Miguel en horarios de cierre de boliches, quedó cajoneado y en el olvido. Y los chicos, sin protección.
El año pasado, a pedido de los Foros, parecía que volvían a instalarse. Pero el verano fue testigo de los varios robos por noche que sufrieron los chicos por la avenida de Circunvalación y todas las calles aledañas, sin que jamás los patrulleros hayan realizado rondas de control.
Con este panorama, los malvivientes que se movilizan por lo general en motos, tuvieron noches de excelente recaudación, con la zona totalmente liberada.
Estos hechos ya no son noticias. Los chicos entregan sus pertenencias sin chistar, al ser apuntados con un arma blanca o un revólver. Uno de los pocos casos que tuvo trascendencia fue el de un joven que debió volver en ropa interior a su casa, porque le robaron todo lo demás que llevaba.
Los chicos tienen más miedo que nunca. Al igual que las mujeres de cualquier edad, blanco elegido para el arrebato fácil.
Oscuro panorama
Sin una autoridad política que se ocupe más por esta situación que por las próximas elecciones, además de las fallas que subsisten en los otros actores sociales, policiales y judiciales involucrados, el panorama es más que oscuro.
Hace un año, la muerte violenta de Karen Campos ocasionó la reacción popular, que se vio empañada por el accionar de grupos direccionados. Pero el clamor había sido genuino, el cansancio de la gente palpable... Fue hace ya un año, y las autoridades todavía no reaccionaron.
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