En cuanto al seductor y temerario rol de Cristian U, por ahora nadie parece demasiado dispuesto a ocuparlo. Meoni duerme tranquilo, manejando el juego sin obstáculos de peso.
Para los que no siguen el programa, les cuento que el chico en cuestión es un jugador sin prejuicios, capaz de decirle en privado a cada uno de sus compañeros que es el “amor de su vida”, sabiendo que la cámara lo está tomando; es decir, que el espectador conoce su juego perverso.
Quizá no gane, pero su impunidad lo convirtió en ídolo. Increíblemente, el público ama semejante nivel de enfermedad y paranoia. ¿Por qué? Supongo que, descreídos de todo, valoramos a aquellos que no se disfrazan y exhiben sus intenciones despojados de pudor. El problema está en nosotros, no en él.
Apostar a
ganador
Puertas para adentro, la política se convirtió en una carrera donde lo único que importa es ganar. Gracias al marketing, los candidatos aprendieron que en las elecciones a presidente, gobernador o intendente, la gente apuesta a ganador (tendencia que el poder apoya); se reserva la sutileza para las legislativas. El triunfo del kirchnerismo en Catamarca y su “casi” victoria en Chubut, dos provincias pequeñas que no eran afines al oficialismo, es el mejor ejemplo.
A manera de operativo comando, una suerte de fuerza electoral oficialista cae con recursos generosos, y en un mes da vuelta un resultado seguro. ¿La gente compró el famoso modelo? Puede ser. Sin embargo, las investigaciones posteriores aseguran que lo que realmente sedujo fue la “cualidad ganadora” del equipo y su desprejuicio en mostrar las cartas.
Cualquier semejanza con Cristian U no es pura coincidencia. Ante una oposición timorata y lenta en eso de gritar “acá estoy”, el pueblo se inclina por aquellos que están dispuestos a todo con tal de seducirlos. Idéntica estrategia fracasaría cuando lo que está en danza es otro tipo de cargo. Claro que si se trata de ubicar en el sillón al mandamás, una demostración de fuerza no sólo es bienvenida, resulta necesaria.
Siempre hubo una
segunda opción
La estructura mental del elector promedio está muy estudiada en todo el mundo. Buena parte de las democracias se mueven en ciclos de rotación duales.
Estados Unidos navega entre demócratas y republicanos; ambos partidos establecidos y sin demasiadas diferencias de peso. Se pelean por cuestiones formales. Ahora bien, a veces esa dualidad se rompe y el sistema se enferma. Es lo que pasó en México y Venezuela, donde la capacidad de oscilación se rompió y quedaron pegados a una única mirada.
Aún en los tiempos de Perón, siempre había una segunda fuerza (radicalismo, desarrollismo, etc.) capaz de inclinar la balanza. Hoy la batalla se reduce a un cruce entre peronistas de uno y otro bando.
¿Qué ocurre en Junín? Durante la última semana hablamos con los distintos candidatos (los que ya salieron al ruedo) para tratar de entender cómo despliegan sus jugadas, y qué tipo de rol ocupará cada uno de cara a las próximas elecciones. Encuestas favorables en mano, el meonismo está tranquilo y, aplicando la lógica presidencial, estira las definiciones amparándose en el hecho de que el proceso electoral arrancará a fines de junio.
Meoni juega solo
y tranquilo
Meoni está en la misma posición que Cristina Fernández: el tiempo juega a su favor y aunque todos sabemos lo que hará, él insiste en que su objetivo actual es la gestión.
Por otra parte, al menos de cara a Junín, su relación con el devaluado Cobos no es un tema que deba resolver ya. El Vicepresidente puede haber retrasado sus ambiciones de seguir escalando posiciones en la política nacional, en el frente interno el daño es menor.
El Intendente juega solo y tranquilo. La gran pregunta es: ¿Aparecerá un Cristian U? O sea, alguien que ejerza una movida fuerte y descarada para luchar por el premio mayor o en su defecto ponerle algo de sal a la partida.
Los que tienen la
chance de calentar
el juego
Veamos el perfil de los participantes. Gustavo Traverso, perteneciente al espacio político “Nuevo Junín”, apuesta todas sus fichas a Cristina. Su slogan no deja espacio para la duda: “Gana Cristina, Gana Gustavo, Gana Junín, Ganamos todos”.
Andrés Rosa, de Unión-Pro, se guarece bajo De Narváez (“Gobernar bien”) y asegura que están en pleno proceso de construcción.
Mirtha Cure, que se ampara en el paraguas conceptual “Por el camino de la gente”, se proyecta desde su propia imagen y trayectoria, mientras asegura que quiere y puede hacer las cosas bien.
Daniel Rossetti, quien pertenece al espacio político “Vamos por Junín”, se inclina por el lema “Nace una esperanza”, y despliega un profuso plan de acciones que, según dice, serían el pilar de su potencial gobierno.
Héctor Muffarotto, de la agrupación “Peronistas del Bicentenario”, eligió la frase “Está en vos”, y también exhibe su extenso programa de acciones que incluyen proyectos concretos.
Santiago Aguiar, perteneciente a la agrupación “27 de diciembre”, enarbola la idea de una gestión transparente, mientras Magdalena Ricchini, integrante de la Coalición Cívica que lidera Carrió, se apoya en el ex intendente Abel Miguel; respaldo que, según se mire, podría ayudarla a volar o todo lo contrario. La clave de su campaña es “Mirar hacia el futuro”, al tiempo que rescata la sencillez.
Seguramente, en los próximos meses, la “casa se irá vaciando” de candidatos que quedarán en el camino. En cuanto al seductor y temerario rol de Cristian U, por ahora nadie parece demasiado dispuesto a ocuparlo. Meoni duerme tranquilo, manejando el juego sin obstáculos de peso.




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