Un juninense, compatible como donante de médula ósea

Un juninense, compatible como donante de médula ósea

Pablo Rojo recibió la noticia hace poco más de un mes y días atrás realizó la donación de células. Junto a LA VERDAD revivió la experiencia.

En una colecta masiva que se realizó en nuestra ciudad hace varios años, Pablo Rojo se presentó a donar sangre, como solía hacerlo, ya que estaba anotado en el banco de donantes. Ese mismo día le preguntaron si deseaba ser donante de médula ósea y, sin dudarlo, asintió.

Quince años después, una llamada telefónica lo sorprendió y lo embarcó en una de las decisiones más importantes que una persona pueda tomar en su vida: intentar salvar a otra.

Pablo resultó ser compatible en un 100 por ciento con un paciente que esperaba un trasplante de médula ósea.

“Yo fui a donar sangre, acepté ser donante de médula ósea y entonces me hicieron un cuestionario con muchas preguntas. A partir de ahí me anotaron, me sacaron sangre como donación pero me tomaron un par de muestras que mandaron a analizar. Al tiempo me llegó una carta que decía que estaba anotado en el banco de sangre y que podía ser donante de médula ósea. Hasta aquel momento lo único que supe fue eso. Doné y me olvidé”, cuenta recordando los años pasados.

Exactamente quince años más tarde, un día como cualquiera, Pablo recibió una noticia que cambió el curso de dos vidas. La suya y la de un paciente que lo esperaba para seguir viviendo.

“Hace un mes y medio me llamaron a casa y me dijeron que había un paciente que posiblemente era compatible conmigo. Los análisis que tenían daban bien pero obviamente había que repetirlos para confirmarlo”, cuenta sin poder evitar revivir la emoción que tanto él como su esposa Gabriela sintieron a partir de allí.

“Me mandaron información por mail, me llamaron nuevamente. Yo dije que estaba dispuesto, más que nada por algo que había pasado con mi viejo y me había costado tanto conseguir donantes, entonces dije, esto hay que hacerlo, desde el primer momento yo no dudé”, relata.

Según cuenta, luego de aceptar, fue consultado varias veces si estaba seguro y de acuerdo en hacer la donación, especialmente necesitaban saber si estaba convencido. Pablo lo estaba.

“Me pusieron en contacto con una persona que trabaja en el banco de sangre de acá, que funciona en el ex Hospital San José. Me tomaron una muestra de sangre que luego fue enviada a Estados Unidos para hacer un control final. Es un examen genético en alta resolución del cual en veinte días más o menos supimos los resultados”. Todo seguía en camino.

Es por ello que Pablo debió viajar a Buenos Aires a realizarse unos estudios para saber si su cuerpo estaba preparado para la donación.

“Yo hasta ese momento no sabía cómo se donaba. Cuando me dicen que di 100% positivo fue una alegría enorme. Ellos mismos, del INCUCAI te llaman con alegría”.

Luego de eso, Pablo firmó un consentimiento y entonces el equipo médico pudo ponerse en contacto con el paciente y su familia para darles la noticia.

“El 100% es como imaginar el cuerpo de Pablo igual al de la otra persona. Eso no se logra ni con la madre ni con los hermanos. Es algo único”, interviene Gabriela, emocionada.

La emoción no es para menos cuando uno escucha a Pablo decir que “solo en un caso de cada cuatro, a un enfermo de leucemia le puede donar un familiar. De cuatro casos, solo uno. Esa es la estadística. La compatibilidad es de uno en treinta mil en general, con alguien que no es familiar. Es realmente fortuito”.

El equipo médico le informó a Pablo que había dos métodos para realizar el trasplante.

“Uno es a través de una punción directamente en la cadera, que es un método que se usa poco y se pide en casos especiales. El otro es el de recolección, que se usa el 98% de las veces. Te ponen en una maquinita que filtra tu sangre y separa las células CPH que necesita para pasarle a la otra persona. Es algo muy simple y yo estuve tres horas y cuarto. Nada. Con la gente del INCUCAI, mirando tele, charlando”.

A las 13 horas del mismo día, Pablo salió del Hospital de Clínicas –donde se hizo la recolección, que se conoce como aféresis- y se fue a almorzar con su esposa.

“Comimos, salimos a caminar. Yo seguí mi vida totalmente normal”, remarca, eliminando muchos de los fantasmas que genera la desinformación respecto de la donación de médula ósea.

Todo el tiempo conectados

El INCUCAI solventó los pasajes, la estadía y el traslado para que Pablo pudiera ir con un acompañante. También las vacunas que días antes del trasplante le aplican al donante.

“Todo el tiempo te informan todo. Y desde que el resultado da positivo ellos están en contacto permanente porque a partir de ese momento es un reloj que empieza a marchar. Yo al principio no era consciente de esto pero cualquier cosa que te pase –un accidente, un corte profundo- puede frustrar la donación”, aclara Pablo.

Incluso antes de la firma de la conformidad uno se puede arrepentir.

“En todo momento te preguntan si estás decidido y siempre podés decir que no”, asegura Gabriela. “Pero vos sabés que la única posibilidad de vivir de esa persona es a través de esa donación. Es la última posibilidad luego de haber hecho radioterapia, quimioterapia”.

También puede suceder que algún evento impida ser donante como puede ser un tema de salud.

“Hasta el último momento podés arrepentirte. Si no te arrepentís, firmás un consentimiento y hasta ese momento el compromiso es solidario y voluntario.

A partir de allí, lo que sigue es mucho menos complicado”, cuenta Pablo.

“Los chicos de INCUCAI llamaron cuando salían rumbo la intervención del paciente que estaba inmunodeprimido. Es un equipo de trabajo increíble y hubo mucha emoción”, recuerda Pablo que también asegura que “uno empieza a tomar conciencia cuando ve su sangre llenando esa bolsita. Ahí empezás a caer. Esto que era mío lo va a curar. Pero no le cura un resfrío, le salva la vida”, reflexiona aún tocado por lo que acaba de vivir, tan fuerte y tan reciente.

Gabriela no esconde su felicidad y de hecho descubrió hace poco que puede donar sangre ella también.

“Hay que informarse, hay que ponerse en el lugar del otro, de la familia y del paciente que espera la única forma de salvarse”, asegura.

De hecho, los dos hijos de Pablo y Gabriela están esperando ansiosos cumplir los dieciocho años para ser donantes de médula ósea.

“Ellos me acompañaron en todo”, asegura Pablo sobre su familia e insiste en que, “es muy importante que la gente se acerque a donar porque es una donación sencilla que le salva la vida a personas que esperan un trasplante de médula. Es mas sencillo donar médula que donar sangre para el organismo y menos invasivo”.

Conocer al paciente

Pablo tuvo la posibilidad de escribir una carta al paciente y a la familia, aún sin conocer sus datos.

El equipo del INCUCAI chequea que no haya información ni datos de ningún tipo, ya que durante un año no pueden tener contacto con el donante, y se encargan de entregarla.

Pablo asegura que “para conocernos tenemos que estar de acuerdo los dos. Si él o ella quiere conocerme algún día, yo estoy dispuesto. No estoy dispuesto a generarle una necesidad de agradecimiento”, advierte. “No quiero eso, no me gusta. De hecho no soy muy amigo de estar hablando pero lo hago porque se que es necesario para concientizar”, asegura.

“Con tantos habitantes, en el país hay solo entre ochenta y noventa mil donantes de médula ósea. Falta mucha conciencia”, asegura.

Y después de una experiencia tan fuerte, y de tanta felicidad, Pablo y su esposa están más que seguros de que solo queda difundir a la comunidad la importancia de la donación de médula ósea. Un pequeño gesto que se puede volver gigante cuando menos se lo espera.

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