Una jueza de Paz fijará la multa al dueño del perro

Una jueza de Paz fijará la multa al dueño del perro
Le remitieron las actuaciones porque Dina Huapi no tiene aún Juzgado de Faltas. La sanción máxima prevista es de 15.000 pesos.

La jueza de Paz de Dina Huapi, Griselda Battistessa, será la encargada de fijarle una multa al dueño del perro que el domingo pasado atacó a un cartero con tal saña que terminó internado en terapia intensiva con serias heridas en su rostro y sus brazos, según dijo el presidente del Concejo Deliberante de esa localidad, a cargo de la intendencia, Alejandro Corbatta.

El ataque al cartero Serapio "Pelusa" Lavayén reavivó un debate sobre las políticas públicas de control de fauna, al que aportó el veterinario barilochense Horacio Vautier, que está convencido de que los perros sueltos son antes que nada un problema de salud pública y requieren una planificación y una inversión que los municipios históricamente desatienden.

La municipalidad de Dina Huapi debió impulsar la investigación del asunto en el Juzgado de Paz, porque la localidad aún no tiene Juzgado de Faltas. La multa máxima es equivalente a cinco sueldos mínimos vitales y móviles, es decir, casi 15 mil pesos.

"Pelusa" Lavayén sigue en franca recuperación en el Sanatorio San Carlos, donde está internado en una sala común, indicó

ayer su esposa Raquel Oporto. Dijo que el dueño del perro se puso a disposición de la familia.

Serapio fue atacado por un dogo y un ovejero alemán el sábado cuando repartía boletas de agua de la Municipalidad de Dina Huapi. El ataque ocurrió en la calle Perú al 200. El dueño de los perros (Ariel T.) aseguró que el dogo fue el que causó las graves lesiones al cartero y que por eso lo sacrificó.

Estado ausente

"El Estado no puede estar ausente, tiene que regular y sancionar", dijo Vautier cuando se le pidió sus impresiones sobre lo ocurrido en Dina Huapi.

Opinó además que la próxima elección de intendente en Bariloche es una buena ocasión para que los candidatos expliquen "qué piensan hacer y cuánto dinero van a destinar" al control de fauna.

En su trayectoria Vautier registra numerosas campañas voluntarias de esterilización en esta ciudad y otras localidad de la provincia y varios cursos de tenencia responsable de mascotas, a los que sumó esta semana la presentación de su libro "Reflexiones de un veterinario ' irrespetuoso'".

Alude desde el título al calificativo que le dedicaron en uno de los tantas polémicas sobre bienestar animal.

Vautier explicó que la esterilización de mascotas es un instrumento válido pero no soluciona la abundancia de perros en la calle, que derivaron en la traumática agresión a Lavayén y la mordedura sufrida días atrás por un niño de El Frutillar.

Dijo que una política municipal seria debe prever un plan de capturas, un sitio de alojamiento para los animales con caniles suficientes, un régimen de patentamiento y adopción y fuertes sanciones para los dueños de mascotas que las dejan libres en la vía pública.

Además es partidario de que la legislación reserve la eutanasia como "un último recurso", lo cual le deparó severas críticas de los proteccionistas.

También puso el acento sobre "el riesgo real de rabia que existe en Río Negro", pese a lo cual las autoridades no ponen en marcha los protocolos de control y prevención previstos por ley.

El veterinario explicó que ante una mordedura, la víctima tiene que denunciar al servicio de Zoonosis y el perro debería ser identificado y sometido a diez días de "observación antirrábica".

Vautier reconoció mantener una larga disputa mediática con "los grupos protectores de animales más fanáticos y violentos" y también con los políticos "que se asustan cuando los insultan y los agreden" si no suscriben normas que clausuren cualquier posibilidad de eutanasia.

En su libro recuerda por ejemplo un debate al que fue invitado en Dina Huapi en 2011 sobre políticas de fauna urbana en el que le tocó compartir panel apenas con un médico y con una estudiante de veterinaria y no con los especialistas que le habían prometido.

En otro capítulo descalifica con ironía a un abogado dinahuapense que dice estar "a favor de la vida" y de ser un consumado pescador, que "devuelve" sus presas al agua. Vautier le recuerda que las truchas "sufren" el maltrato que ningún pescador reconoce. A su juicio, el letrado debería definirse como "a favor de la vida y a favor de la tortura".

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