"El juez no debe ser visto como un integrante de la clase política"

El magistrado y catedrático español Juan Montero destacó la necesidad de una verdadera división de poderes. También señaló que la independencia es un requisito indispensable para su labor.
Por JORGE VILLALOBOS

El especialista expuso en la "Primera Conferencia Internacional sobre Tendencias Procesales en el Siglo XXI", en Villa la Angostura.

Villa La Angostura > El catedrático y juez español Juan Montero Aroca fue uno de los expositores destacados de la "Primera Conferencia Internacional sobre Tendencias Procesales en el Siglo XXI y Medios Alternativos de Solución de Conflictos", que se realizó en Villa La Angostura. El evento fue organizado por el Colegio de Abogados de Neuquén y contó con el apoyo del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén y el Superior Tribunal de Justicia de Río Negro e instituciones. Congregó a unas 200 personas.

Montero Aroca estuvo a cargo de la conferencia de apertura de las jornadas que comenzó el domingo pasado y finalizaron el martes. Antes de marcharse, hizo un paréntesis en su agenda y dialogó con La Mañana de Neuquén, con la aclaración que no trataría asuntos internos del país.

¿Cuáles son los retos para la Justicia en el Siglo XXI?

Creo que el reto del siglo veintiuno es prácticamente el mismo que ha sido siempre y es el de que al juez la gente no lo vea como una parte del Gobierno, de la clase política, sino que lo vea como el juez debe ser, es decir en el garante último de los derechos de las personas. Cuando una persona acude a un juez para pretender lo que sea, el juez tiene que ser consciente que una persona acude a él cuando ya no sabe qué más hacer y que está basada su confianza en eso. Si el ciudadano ve al juez como un integrante más de la clase política de la provincia, de la Nación, del Estado, de lo que sea, no puede sentir la confianza de que sus derechos están en manos de alguien que velará por ellos.

En el caso de España ¿el Poder Judicial tiene una caída de credibilidad por esa situación?

La verdad es que normalmente, en los países en general, es muy difícil que se encuentre un sitio donde el ideal que yo le estoy diciendo no sea una idea, sino algo real. Por eso, he dicho que las tendencias son prácticamente las mismas siempre, porque están buscando casi siempre lo mismo.

Las diferencias de un país a otro suelen ser diferencias de matiz. Hay sitios donde la credibilidad es un poco mayor y hay sitios donde la credibilidad es un poco menor y hay sitios donde la credibilidad es cero, que hay que decirlo, es real. Pero hay algunos países donde la credibilidad en la Justicia a pesar de lo que la gente suele decir, tiene un cierto nivel admisible en algún caso. Yo no digo que en España sea exactamente así, pero creo que un nivel de credibilidad en mayor medida que los países iberoaméricanos, creo que sí.

Respecto a los retos del siglo XXI ¿cómo cree que debe actuar un juez?

Durante muchos siglos, no durante muchos años, en los dos últimos siglos en la historia argentina, como en la historia de la mayor parte de los países del entorno, a los jueces se los ha nombrado por la clase política. Y que se les ha hecho un nombramiento discrecional: se ha nombrado a quien se ha querido, a quien la clase política ha estimado que era la que se debía de proceder a nombrar. Eso es lo que yo estoy diciendo que lleva a que el ciudadano vea a un juez, al vocal del Tribunal Superior, como integrante de la clase política. Y tan es así que cuando el Gobierno, la clase política, tiene alguna queja contra un juez, su aspiración es ver cómo lo tira, cómo se lo quita de encima.

El ciudadano ve entonces que el juez ha perdido la confianza de la clase política. Me da la sensación de que en la Argentina por lo que he leído en algunos periódicos, ha habido algún asunto de estos en los últimos tiempos. Mientras eso siga, mientras el ciudadano perciba eso, va a ser muy difícil que lleguen a ver al juez como el garante suyo. El juez no debe verse como un integrante de la clase política, sino al revés, es el garante de los derechos del ciudadano frente a la clase política.

¿Y cómo se logra cambiar eso?

En España llevamos un siglo largo, donde realmente, el juez corriente no forma parte de la clase política y no forma parte, porque, desde entonces hasta acá, el ingreso se ha hecho en la mayor parte de los casos por un sistema de concursos con exámenes. Quiere decirse que un chico joven que es licenciado y se presenta a un examen, supera varios exámenes, entonces va a la Escuela Judicial y se le nombra juez y ese chico, ese juez, es consciente de que él no debe nada a la clase política, como no le debe nada, yo no estoy diciendo que sea, pero puede sentirse independiente de la clase política. De hecho, en el último siglo ha habido muchas veces que le han dado muchos sustos a la clase política, porque no formaban parte de ella.

Sin embargo, a lo mejor en los últimos tiempos eso que se percibía, incluso por las personas corrientes en la calle, creo que bastante claramente, me da la sensación de que en los últimos tiempos se está quebrando un poco. Y es por culpa de que algunos de los jueces, sobre todo los de categoría muy superior y algunos de los políticos, sobre todo de categoría muy superior, a los ojos del ciudadano, pareciera como que reman en la misma barca y si reman en la misma barca al ciudadano no le está pareciendo bien el juego ese.

De los valores, ¿Usted cree que la independencia y la imparcialidad son los principales valores que debe demostrar en su actividad cotidiana y en sus sentencias un juez?

El valor supremo de un juez es la independencia. Y de hecho, en la mayor parte de los sitios las normas le permiten serlo, las normas dan lugar a que si el juez quiere puede llegar a serlo. Cierto es que algunas veces eso tiene un coste, significa pagar un precio, pero eso es un precio que la mayor parte de los jueces estarían dispuestos a pagar razonablemente. Pero mientras un juez no se cree independiente de verdad, mientras no transmita a las personas la sensación de que lo es, en la Justicia, como en tantas otras cosas donde se vive mucho de la apariencia, vale aquello de la mujer del César: no se trata solamente de ser honesto, se trata de parecerlo también.

Los efectos de la crisis en España

Con la suba del desempleo en España por la crisis ¿hay un aumento de los litigios relacionados con ese tema?

Ese es un efecto que se produce siempre. Por ejemplo, en materia laboral, si en un país existe pleno empleo o casi, el que a un trabajador lo despidan de un sitio no es problema porque encuentra trabajo en otro sitio y, por lo tanto, no pelea por el despido. Cuando la situación de la crisis está, el trabajador sabe que si lo despiden de un sitio va a ser difícil que encuentre trabajo en otro y, entonces, pelea, jurídicamente. Por ejemplo, conflictos en materia de familia, de divorcios, creo que son siempre más o menos igual. Pero los conflictos de base económica en una situación de crisis son siempre muchos más.

El tema de las leyes inmigratorias y todo lo que se ha debatido en España, ¿ha representado un nuevo desafío para los jueces su aplicación?

Eso no se ha notado y tanto. Lo que sí se ha visto es que en los años de prosperidad en España ha habido una entrada muy grande de personas que iban buscando trabajo. Cuando la crisis empieza, golpea en primer lugar a la parte más débil, como es lógico, la parte más débil son los inmigrantes.

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