Los jefes comunales desarrollan una utilización variada de la herramienta que les permite estar interconectados con propios y ajenos. Quiénes poseen cuentas personales, quiénes sólo municipales y quiénes no twittean
Si uno hace una pasada por los distintos muros puede diferenciar la cantidad de jefes que se acercan a la herramienta, el tipo de uso y el contenido mismo de los mensajes colgados por los conductores distritales.
La primera característica se destaca con la presencia de cuentas personales que manipula el mismo intendente o los sitios municipales pertenecientes a alguna cartera específica, manejados por los equipos de prensa y comunicación.
Inmersos en los tweets de cada espacio, se despliegan tres escenarios: los intendentes o sus cercanos que difunden los actos de gestión, los jefes que deciden polarizar la arena pública implantando temas álgidos que mueven entrañas, y los que directamente exhiben la ausencia del terruño tecnológico más allá de contar con foto y perfil.
Desasnando cada caso particular asoma todo un crisol de variedades nacidas en el diverso uso que los popes bonaerenses conforman en la red social, visitando día a día las paredes cibernéticas o espaciado en el tiempo.
Un grupo mayoritario de jefes comunales dedica los contenidos a informar sobre los eventos de la gestión, distribuyendo a los seguidores la agenda pública. Promoción de obras y megaobras, trabajos barriales y estructurales, campañas de prevención, anuncios y discursos son algunos de los tweets que circundan. Además de la mención a la acción mancomunada con los gobiernos provincial y nacional. En este punto, el caso de Carlos Tejedor muestra un singular agradecimiento a la Primera Dama bonaerense, Karina Rabolini.
Existen unos contados ejemplos de intendentes que, con una impronta particular y estilo informal, se disponen a condimentar la escena sin menguar en mensajes. En este “selecto” grupo se hallan Gilberto Alegre y Hugo Curto, conductores de General Villegas y Tres de Febrero, respectivamente. “Soy un hombre de pocas palabras, soy un hombre de acción; digo poco, hago mucho”, tira el barón del Conurbano.
Se observa un tercer colectivo, que presenta cuenta personal pero que se encuentra ganado por la inacción. Los sitios tienen fotos, datos de perfil y hasta algún seguidor, pero los tweets brillan por su ausencia. También en esta pata del Twitter podrían sumarse los intendentes que deciden no incursionar en los 140 caracteres.
El poder y la política se juegan en otro medio, en este caso, uno de tiempo interminable y contactos insondables. Cada uno se mueve a su ritmo y pisa a su manera. La construcción territorial de los jefes no se margina entre los muros, adquiere un nuevo nido para pegar su marca.



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