Aunque los dos técnicos plantearon bien el partido, la jerarquía de los intérpretes marcó el desarrollo. Por algo uno es el campeón y el otro pelea para no descender.
Racing no pretendió el empate como objetivo, sino que su plan, anuladas las virtudes de Vélez, suponía la apropiación de la pelota y la circulación lejos de De Olivera. No le salió ni siquiera a partir del 1-0 por la sencilla razón de la diferencia de la calidad, porque satisfecho el esfuerzo de la recuperación, no había (ni habrá con este plantel insólito diseñado por Caruso Lombardi) recursos que le dieran tranquilidad en el manejo. ¿Le ganó a Estudiantes hace una semana y, luego, bailó al ritmo de Vélez? Concedido que el rey del Apertura 2009 y el de América cuentan con riqueza que Racing añora, Vélez tuvo lo que le faltó a Estudiantes: vértigo, sentido vertical alternados con pelotazos de franja a franja y más énfasis para recobrar la bocha cerca del arco adversario. Un detalle más: De Olivera, anoche, el mismo que había advertido sobre el temor que debería sentir Vélez, fue un aporte a la calamidad. Si Racing, en el receso, no suma un arquero será porque su urgencia en ataque le demanda contrataciones abundantes en esa zona.
Aun con el cabezazo en contra de Díaz, Vélez jamás permitió que Racing se extendiera en su ilusión. No había manera de sostenerla porque en la suma de duelos individuales, uno confirmó que tiene dotación intacta más allá de haber quedado lejos de Banfield y el otro, a un abismo de la cima, ratificó que la lucha por la permanencia lo perseguirá hasta fin de temporada, con pronóstico reservado. En el futuro inmediato, Vélez apenas demanda correcciones. Racing se ata a una plegaria para que algún talento acepte incorporarse para una aventura incierta.
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