Símil lista de compras en el supermercado (copyright a la ocurrencia de Caruso Lombardi), el campeonato de 30 equipos podrá resultar más o menos bueno o más o menos vibrante y cada quien pondrá la subjetividad de su lupa, pero lo que está a salvo de polémica es su naturaleza original y compleja. Una argentinada de las tantas que a menudo ofrece la dirigencia que hemos sabido conseguir.
Pensemos en esta fecha adicional, metida con fórceps, que reúne unos cuantos clásicos de profunda tradición y otros en clave de manicomio: ¡un equipo de Mar del Plata versus otro de Misiones!
Anómala como es, la fecha ofrece los condimentos positivos que daremos por descontados. En los implicados directos, expectación, adrenalina, calor y color a raudales. En los futboleros extrapartidarios, un plus de interés. Habrá unos cuantos de esos partidos dignos de esperarse y de disfrutarse a salvo de crispaciones. Claro que para algunos de los implicados directos esta fecha extra viene con la inconfundible sensación de la duda cruel que aqueja. Central pelea por la punta y ya ganó en el Parque: ¿es una buena noticia volver a enfrentar a un Newell’s debilitado pero también muy necesitado? ¿Y para Newell’s y Bernardi? De haber podido elegir, ¿no habrían preferido eludir una moneda que en una cara tiene recompensa y en la otra un mazazo?
Un escenario similar se da en el clásico platense, cuyo partido de ida fue ganado por Estudiantes en el Bosque. Para el Pincha, que viene en alza, ¿es negocio vérselas otra vez con un Lobo igual de debilitado que de necesitado? ¿Y para el Lobo? ¿Y para Troglio?
Mucho más que otras veces, estos clásicos en simultáneo cifrarán el Cielo y el Infierno.
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