Río San Juan: estiman que no alcanzará para el 2050

Un estudio afirma que la única forma de sortear la crisis es establecer nuevas políticas de racionalización para uso humano y agrícola.
El dato preocupa y golpea, por la gravedad de la situación que pronostica: de mantenerse el derrame en baja que viene teniendo el río San Juan y la tendencia actual de consumo en la provincia, en 40 años va a faltar agua para todo tipo de consumo en San Juan, tanto agrícola como humano. La afirmación resulta de un estudio realizado por Mirtha Liliana Martínez, quien analizó el aprovechamiento del recurso hídrico como tema de su tesis de doctorado, investigación que le valió una distinción de la Academia Nacional de Geografía (ver aparte).

"Es urgente tomar decisiones -dijo la investigadora- porque vivimos en un oasis que en cuanto a recursos hídricos, tiene una oferta y una demanda. En cuanto a la oferta, dependemos en forma exclusiva del río San Juan y este a su vez, de los aportes níveos de la cordillera. Y si analizamos los datos disponibles, que son de 110 años a esta parte, vemos claramente cómo el promedio del derrame sigue una línea descendente: cada vez trae menos agua".

Martínez también explicó que "los acuíferos subterráneos también se nutren, por infiltración, del agua del río, es decir que si el río se ve afectado porque hay menos nieve, en los acuíferos también se va a notar esa falta".

En cuanto a la demanda, el otro componente del ecosistema del oasis, la tendencia es precisamente lo opuesto. "Hay una tendencia creciente de consumo, tanto para uso humano ( por un crecimiento demográfico natural) como agrícola e industrial. Esto, confrontado con la línea decreciente del derrame del río, nos da un panorama desalentador: es imprescindible que se tome conciencia de que somos habitantes de un desierto y tenemos que formarnos sobre ese estereotipo". Para la investigadora, esto supone varias decisiones a tomar. "Lo primero es racionalizar el uso del agua, tanto para consumo humano como para uso agrícola, industrial y de recreación. En algún momento habrá que tomar la decisión de colocar medidores domiciliarios de agua potable e implementar políticas de educación, desde lo formal y lo informal, de que no se puede usar agua indiscriminadamente. Esto implica enseñar desde la escuela sobre el uso correcto del agua, pero también explicarle al ama de casa que no puede regar el pavimento con la manguera ni lavar la vereda todos los días", dijo.

El uso del agua para riego también precisa, según las conclusiones del estudio, modificaciones sustanciales. "El sistema de riego tradicional, que es a manto, ya se tornó inviable -afirmó la especialista-, pero además hay otros sistemas, como el riego por goteo, que han extendido la frontera agrícola hasta el piedemonte. Esto permite un mayor aprovechamiento del suelo, pero como no todos los cultivos necesitan la misma cantidad ni frecuencia de agua, habrá que analizar las distintas posibilidades según las necesidades. Lo mejor sería incentivar técnicas mixtas o alternativas de riego, que optimicen el uso del recurso".

Consciente de que la diversificación de sistemas de riego impone una inversión que por el momento sólo está al alcance de capitales importantes, Martínez propone un rol activo del Estado. "Si en este momento -sostiene- a un productor que ve peligrar sus cultivos porque cada vez tiene menos agua, se le ofrece una herramienta financiera para invertir y hacer una perforación o implementar otro sistema de riego, seguramente va a aceptar".

Por último, la investigadora descartó que la minería tenga algún rol determinante en la disminución de agua del río San Juan. "Hay datos sobre cambio climático -explicó- que indican que el centro anticiclónico del Océano Pacífico, que es el que genera masas de aire que luego condensan y precipitan en la Cordillera de Los Andes en forma de nieve, está teniendo un comportamiento inusual. Esa es la causa principal de que no haya nieve suficiente para alimentar a los ríos de montaña y eso no tiene nada que ver con la minería", aseguró.

Aunque alarmante, el estudio arroja luz sobre algunos aspectos de la utilización del agua en la provincia que no siempre están claros. "Vivimos en un ecosistema de oasis, que por los componentes que tiene, es bastante inestable. Lo preocupante es cuando esa inestabilidad se transforma en desequilibrio. Y la buena noticia es que, modificando conductas a corto plazo, desde lo estatal y lo individual, se puede modificar también un panorama que por ahora, es bastante desalentador", concluyó.

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