Juan Carlos Romero también tiene deudas, pero resulta que los montos de sus obligaciones no se compadecen para nada con sus ingresos.
En este caso, otro Carlos (Juan Carlos Romero), se convierte en el personaje de un cuento, más criollo pero no menos lejano de una fantasía que al contrario de una obra literaria, termina siendo un ensayo sobre la burla y el desprecio a la credulidad pública.
La alfombra voladora sobre la que se desplaza esta vez el Senador Nacional, son las hojas sobre las cuales se asienta su Declaración Jurada a la AFIP, de donde surgen datos que comparados con la realidad, convierten a la posible fábula en una obra dramática donde la mentira más escandalosa es “la única realidad”.
Un sobrevuelo por esas páginas firmadas de puño y letra por Juan Carlos Romero, revelan que el hombre tiene por todo ingreso su dieta como Senador Nacional que asciende a $ 35.607.18; un magro monto para quien presume de un nivel de vida propio de un magnate.
El rubro de sus saldos bancarios, sencillamente es un insulto a la inteligencia, ya que Romero posee en los bancos menos dinero que un docente cerca de fin de mes; en efecto, quien fuera ex Gobernador de la Provincia, ostentando la suma del poder público, únicamente dice tener $ 45, 51 (Pesos Cuarenta y Cinco, con Cincuenta y Un centavos) en su caja de ahorros, mientras que su cuenta corriente acredita sólo $ 111,50 (Pesos Ciento Once, con Cincuenta centavos).
A la luz de estos montos, hay que pensar que Juan Carlos Romero se ha reducido a “vivir al día”, con su dieta y la ayuda de tarjetas de crédito, lo cual quizás sea una de las causas (además del blindaje judicial, claro) que lo motivan a buscar su reelección, o sea, continuar cobrando su dieta.
Como todo ciudadano que consume y compra, Juan Carlos Romero también tiene deudas, pero resulta que los montos de sus obligaciones no se compadecen para nada con sus ingresos, de donde al parecer, el Senador Nacional, o está en la más completa ruina económica, o bien, en su declaración jurada, en el rubro ingresos, se le han caído algunos ceros. Es que según el registro, Romero le adeuda al Grupo Horizontes S.A., la suma de $ 973.341,34 (Pesos, Novecientos Setenta y Tres Mil, Trescientos, Cuarenta y Un, con Treinta y Cuatro centavos), por una parte. A la Inversora Horizontes S.A., le adeuda $ 817.467.34 (Pesos Ochocientos Diecisiete Mil, Cuatrocientos Sesenta y Siete, con Treinta y Cuatro centavos). Y en el sumun de lo insólito, Romero le adeuda también a su hijo mayor, Juan Esteban Romero unos $ 300.000 (Pesos, Trescientos Mil). ¿Cuántos años más tendría que ser Senador Nacional para pagar todas estas deudas?
En el rubro de los bienes de uso, viene a descubrirse que Juan Carlos Romero no tiene vehículo alguno, salvo un antiguo Buick modelo 1935, que para más le fue obsequiado, cuyo valor de mercado hoy es de $ 100.000 (Pesos, Cien Mil), de forma que la flota mínima de tres vehículos de alta gama que utiliza para sus desplazamientos debe ser amigos muy solidarios.
En el agua, Romero se mantiene a flote en un velero que cuesta unos $ 165.000 (Pesos Ciento Sesenta y Cinco Mil). Aquí algo sobra, o mucho falta para explicar esta situación.
Entre todo este dibujo que ni la imaginación de Salvador Dalí podría haber concebido, surge un dato propiamente surrealista, y es el que denuncia que la AFIP le adeuda a Juan Carlos Romero un monto de $ 212.433,84 (Pesos Doscientos Doce Mil, Cuatrocientos Treinta y Tres, con Ochenta y Cuatro centavos); lo cual convierte al Senador Nacional en uno de los pocos argentinos a quien el Organismo que dirige Etchegaray le debe dinero…, salvo claro está, que en las tardes, Romero trabaje para la AFIP.
Como empresario, se podría decir que Romero es apenas un modesto emprendedor (encima endeudado), ya que en el detalle que sigue inmediatamente de sus acciones en empresas, no se consigna que éstas le den ninguna ganancia, lo cual según el más elemental criterio de la contabilidad, lo que no genera ganancias, da pérdidas. A menos, que el Senador Nacional Romero, no haya querido determinar esas posibles utilidades, lo cual se suma a este cuadro de falsedades declaradas bajo juramento.
14.521 acciones ordinarias de Plantaciones de Catamarca SA, valuadas en $ 83.880
9.834 acciones ordinarios de Agropecuaria Las Estacas S.A., valuadas en $ 24.317
9.352 acciones ordinarias de Agropecuaria Las Esquinas S.A., valuadas en $ 30.791
18.880 acciones ordinarias de Pinares de Catamarca S.A., valuadas en $ 29.461
12.792 acciones ordinarias de Adelina S.A., valuadas en $ 18.629
232.656 acciones ordinarias de Jucaro S.A., denunciadas como herencia por valor de $ 3.297.558
900 acciones ordinarias de Loma Balcón S.A., denunciadas como ingreso propio por $ 1.192.700
1.531.250 acciones ordinarias de Inversoras Horizontes S.A., (Herencia) por $ 2.586.698
Tal como iniciaba la nota, la Declaración Jurada de Juan Carlos Romero no sólo no se compadece con la realidad, sino que constituye un insulto a salteños y argentinos dada su calidad de Senador Nacional. No se puede pensar que un hombre como él viva sólo de su dieta y no posea una vivienda propia en la Capital de Salta; de donde resultaría que la mansión valuada en varios millones de dólares que habita, los vehículos, el avión, son sólo un pantalla que en todo caso podría llegar a pensarse que ocultan algún tipo de negocios espurios.
La afirmación tampoco es irresponsable a la luz de la más elemental decencia, ya que nadie que tenga qué ocultar, debe mentir en sus papeles, más todavía cuando ejerce un cargo público representativo y rentado por el conjunto de los ciudadanos.
En el estado de cosas presente, un ciudadano no podría pensar en votar a un individuo que vive de prestado y que adeuda tales importes porque con un solo ingreso de casi $ 40.000, es seguro que no podrá hacerlo y quizás utilice la función pública “para salvarse”.
Es una afrenta que declare un viejo vehículo, cuando él personalmente utiliza para desplazarse dos camioneta Toyota carrozadas más un auto de custodia, sin contar el modelo francés en que se mueve su señora esposa, también con su custodia detrás.
Menos todavía es posible tolerar que mienta sobre sus bienes inmuebles cuando es público y notorio que habita una residencia que precisa de veinticinco personas para su atención, mientras viaja por el mundo seguramente a costa del presupuesto de los argentinos, porque el suyo no amerita que tenga la posibilidad de ausentarse mensualmente a distintos lugares del globo terráqueo, acompañado en ocasiones con su chef personal.
Los mitos se destruyen con la realidad, sabido es; y en este caso, frente a los papeles certificados, firmados por el propio Juan Carlos Romero, el mito del millonario exitoso queda desvanecido…, salvo que la fantasía que ocultan estos números tan ridículos, sea que en realidad la sociedad de Salta se encuentra ante un gran farsante.-

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