Se trata de Cristian Toledo, de 27 años. El hecho ocurrió el sábado pasado durante la violenta madrugada en el Barrio Gran Neuquén.
Todavía no pudo recuperarse de los golpes ni tampoco el celular y las llaves de su casa que le sacaron cuando se lo llevaron demorado. El joven, de 27 años, no descarta que los policías que lo golpearon lo hayan confundido y asociado a los desmanes, a pesar de que estaba lejos de la escena, en circunstancias ajenas al conflicto. Apuntó que ni siquiera se resistió de manera que la Policía tuviera que hacer uso de la fuerza pública.
En diálogo con La Mañana de Neuquén, contó que estaba con otros vecinos del barrio sobre la calle Pizarro, frente a la Escuela 295, que un grupo de personas intentó saquear esa noche.
En eso escucharon los escopetazos y comenzaron a correr para no resultar heridos. Como el joven tiene una discapacidad en una de sus piernas que le impide desplazarse con facilidad, dijo que tres efectivos de la Uespo logaron alcanzarlo.
“Me tiraron al suelo, me pegaron con un escudo en la espalda y comenzaron a patearme por todas partes. También me pisaron con los borcegos, y yo les decía `no me peguen, no me peguen, yo no hice nada’”, relató.
Dijo que no pudo reconocer a los policías que lo golpearon porque llevaban casco, escudos y protecciones en brazos y piernas. Cuando quiso hacer la denuncia en la Fiscalía junto a su hermana, contó que no se la tomaron porque le dijeron que tenía que presentar un testigo en condiciones de reconocer a los agresores.
Primero fue a parar a la Comisaría 16, luego a la 12. En el interín, detalló que le sacaron el teléfono, las llaves de su casa, la billetera y los cordones. Contó luego que al final lo trasladaron a la Seccional Primera, donde un médico policial lo recibió y le sacaron dos fotos, sin explicarse por qué lo hicieron. “Huellas no me tomaron”, añadió.
Recuperó su libertad a las 11 del sábado, pero no fue notificado de nada en su contra. Aseguró que es la primera vez que pasa por una situación así y que no tiene antecedentes. Recibió asistencia en el hospital Bouquet Roldán, donde un médico certificó los hematomas y las escoriaciones.
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