Pablo Quiavetta (29) recibió un tiro en la cabeza en un intento de robo en el Parque General San Martín. Quiere trabajar y apuntó contra las autoridades por las promesas que no cumplieron.
“Soy Pablo Matías Quiavetta, ha pasado casi un año desde aquel 4 de abril que un ‘estúpido inconsciente’ me dio un disparo en la cabeza por intentar robar un auto, que ni si quiera sabía manejar. Gracias a Dios y a las manos de excelentes profesionales de la salud hoy estoy vivo y la estoy luchando todos los santos días para poder recuperar mi cuerpo, mi habla y mis ganas de pelear por esto tan hermoso que tenemos, que es justamente la VIDA”, expresa en el escrito.
Y señala que, desde que recuperó el habla y se hizo entender, mantuvo reuniones con funcionarios del Ministerio de Seguridad. “Ellos me prometieron trabajo, estabilidad laboral, que iban a solucionar los problemas adversos que este hecho de inseguridad trajo a mi casa, ya que al haberme quedado inmóvil y casi mudo, no podía trabajar ni mucho menos mantener a mi familia”. Y que “desde aquella primera reunión con el ministro de Seguridad (en referencia al ex titular de la cartera Carlos Aranda), yo solo pedí algo dignísimo: trabajo. Yo sé que solamente con trabajo las personas pueden salir de cualquier mala situación. Solamente con trabajo el pueblo puede sobrevivir a tanta hipocresía, tanta pobreza, a tanta delincuencia. Hoy aquellas promesas están en nada, sigo esperando aquel llamado milagroso, de que me digan: ¡mañana comienzan a trabajar vos y tu señora!”, escribió Pablo, al mismo tiempo que explicó que nunca fue recibido por el gobernador Francisco Pérez. “He intentado hablar con el gobernador dos veces y con el vice unas tres veces sin tener éxito alguno. Hoy ando mendigando, rogando, implorando que un familiar o un amigo me de una mano para poder mantener al menos un poco mi situación económica, estamos pasando hambre. Sr. Gobernador, Srs. Legisladores, Judiciales y Ejecutivos. Verdaderamente me da vergüenza hacer todo lo que estoy haciendo para tener un pedazo de pan en mi mesa”, manifestó desesperado.
Expresó además su bronca contra los abogados de los Derechos Humanos, a quienes acusó de no brindarle apoyo. “Me da pena saber que hasta el día de hoy aún no ha golpeado mi puerta al menos un abogado de derechos humanos, en defensa hacia mi persona. En verdad no me da pena, me da vergüenza, impotencia, asco. ¿Qué pasa, como no tengo un prontuario no tengo derechos? ¿Cómo no tengo cargado en mis manos un ‘fiambre’ no tengo derechos? ¿Cómo no estoy involucrado con narcos no tengo igualdad de derechos que los demás? Esa es la parte que me da asco”, aseguró.
Asimismo, se lamentó por la pérdida de algunos bienes que tenía y que, por falta de pago u otra necesidad, los debió vender y ya no los tiene. Como lo son un terreno, el plan de auto que estaba pagando y la venta de un inmueble. “Pero no es esto lo más grave, la peor parte es saber que un pelotudo inconsciente que no sabe ni cómo usar un arma y todavía anda suelto, pudo haber dejado una familia completa sin su pilar, sin un esposo, sin poder conocer a su hermosa hija”, manifestó en referencia a los autores del disparo que casi le quita la vida y que aún siguen en clandestinidad.
Y en la carta se pregunta: “¿Cuántos muertos inocentes más tenemos que velar?; ¿cuántas familias más sufrirán una perdida tan dolorosa como lo es la de un ser querido por un hecho de inseguridad?”, al mismo tiempo que recordó los últimos casos resonantes. “Mientras que en la Legislatura se dialogan o disputan estos temas, más personas siguen muriendo, y lo peor que es por nada, como en mi caso que todo quedó nulo y no robaron nada, al igual que al doctor Prado, Gustavo Pellegrina, el reciente caso del quiosquero Luis Berardy”, recordó.
También le pidió a la sociedad que denuncien los hechos de inseguridad y que “no callen, no dejen que todo quede en nada” por el “bien de todos”. Por último, expresó su gratitud hacia todas las personas que lo acompañaron en su recuperación. “Gracias a todos y cada uno de las personas que oraron por mí, gracias a todos y cada uno de los profesionales del hospital Central y a todos los de la Clinica San Andrés. Y por supuesto a toda mi familia y amigos. Mil gracias”, concluyó.


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