Joven fue atropellado mientras esperaba el colectivo y sobrevivió

Joven fue atropellado mientras esperaba el colectivo y sobrevivió

POSADAS.  Un joven estuvo a centímetros de perder la vida aplastado por un automóvil contra la estructura metálica de una parada de colectivos. Esteban Adrián Maciel de 25 años fue hospitalizado y se recupera del golpe en la espalda provocado por la caída, luego de literalmente volar más de diez metros y caer al borde de una cuneta en el cruce de la avenida Quaranta y Humberto Pérez de Posadas.

El dramático suceso se produjo a las 15:20 de ayer, cuando un Citroen C3, cuyo conductor se dio a la fuga y abandonó el rodado a las pocas cuadras, giró -de acuerdo a testigos- de forma imprevista e imprudente hacia la izquierda, intentando el ingreso a la avenida Humberto Pérez, sin percatarse que por el carril rápido y en el mismo sentido (este-oeste) una camioneta Volkswagen Saveiro con Fernando H. (23) al volante, se aproximaba rápidamente.

En vano fue el intento de Fernando H. por intentar esquivar al Citroen. Este lo impactó y lo arrojó contra la banquina contraria, donde Esteban Maciel esperaba el colectivo para retornar del trabajo a su hogar.

La fortuna puso en ese instante a Maciel fuera del techo de la parada, ya que sólo el roce con el capot de la Saveiro lo eyectó más de diez metros y salvó del aplastamiento.

Mientras tanto, las chapas y estructura del refugio actuaban como guardarrail de pista de carreras e hicieron rebotar el rodado más de 30 metros nuevamente hacia la cinta asfáltica.

"Un auto volador", relataron los circunstanciales espectadores, cinco albañiles que reparaban en ingreso a un corralón de materiales a corta distancia, sobre la avenida Pérez.

Huyó sin ayudar

Lo reprochable también se manifestó en que, lejos de frenar y bajarse a asistir al herido, el conductor del Citroen huyó en sentido oeste-este.

Otro automovilista lo siguió y vio cuando detuvo el rodado por Comandante Miño, a dos cuadras de la avenida Quaranta (y a dos de la avenida San Martín), detrás de una concesionaria de automóviles.

Mientras tanto, Esteban Maciel era asistido por los jóvenes que bajaron ilesos de la Saveiro, quienes desesperados imploraban por una ambulancia y la presencia urgente de la Policía.

Transcurrieron más de quince minutos hasta que se hizo presente un agente de tránsito de la fuerza de seguridad, quien fue despertado de la siesta que disfrutaba dentro del puesto de Seguridad Vial ubicado enfrente a la colisión.

Fue el sereno del galpón de materiales para la construcción quien le golpeó la puerta para solicitarle su colaboración ante la emergencia.

Cinco minutos después arribó un patrullero de Tránsito, y a los pocos segundos la ambulancia de la Red de Traslado, para que Maciel pueda ser llevado al Madariaga, donde permanece en observación y análisis de los estudios realizados en la región lumbar, donde sufrió el golpe más fuerte, el de la caída tras el breve vuelo por el impacto de la Saveiro.

La fortuna del momento

Tal vez señal -o llamado preventivo- del destino, cuando se produjo el choque, despiste y colisión contra la parada de colectivos, no habían más personas aguardando en ese lugar.

De haber ocurrido el choque durante el período escolar, en ese punto habitualmente se concentran una decena de madres y padres con niños en brazos o alumnos primarios, secundarios y universitarios, las consecuencias podrían haber sido fatales.

Sin información

En cuanto al paradero del conductor que habría originado el siniestro, hasta anoche desde la Comisaría Decimoquinta no habían informado al juez de Instrucción Penal de turno, César Yaya, ninguna novedad sobre la correspondiente labor.

Entre varias, y generadoras de suspicacias, curiosidades, dentro del automóvil dañado y abandonado, se pudo establecer que una manopla, elemento metálico utilizado para golpear y lastimar a alguien, fue hallada al lado de la palanca de cambios, como también que el rodado no llevaba la patente trasera obligatoria.

Testigos y fuentes coincidieron en que el mismo rodado varias veces al día giraba en la esquina que colisionó ayer, por lo que sostienen que los propios policías de tránsito apostados en el control fijo deberían saber o sospechar a quien pertenece, o al menos haberlo frenado y multado al estar en infracción.

Vale recordar que en la misma esquina (Quaranta y Humberto Pérez), los arrebatos de motochorros son reiterados contra mujeres que esperan el colectivo, y que aunque sucedan a quince o 20 metros de un control policial, poco o nada parece intimidar a los delincuentes. Si se toma como referencia el profundo descanso del uniformado de ayer es probable hallar una explicación.

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