El acusado se trasladó armado hasta la casa de su progenitora, donde la hirió sin mediar palabra.
En medio del silencio de la madrugada de ayer de la localidad de El Mojón, departamento Pellegrini, la presencia de un joven no pasó desapercibido para los perros de la casa de Marta Soria (45 años). Tras los ladridos de las mascotas, se escucharon golpes de manos que llamaban a la puerta. La insistencia del recién llegado despertó a uno de los moradores, a las 4.30.
El hermano de Marta abrió la puerta y comprobó que se trataba de su sobrino e hijo de Marta, identificado como Eduardo Salvatierra (27), quien reside en otro sector de la ciudad.
El muchacho le dijo que necesitaba hablar con su madre. El hombre regresó al interior y despertó a Marta, quien salió al encuentro de su hijo para saber qué es lo que quería.
El joven se encontraba debajo de un árbol cuando la mujer se acercó. Sin mediar palabra, el muchacho extrajo un cuchillo de grandes dimensiones e hirió a su madre. Le provocó dos heridas punzocortantes en el abdomen y una en el brazo, cuando la víctima interpuso su extremidad como una forma de protegerse de la violenta reacción de su hijo. Los ayes de dolor alertaron a los familiares de la mujer, quienes la auxiliaron y llamaron a la policía.
Personal de la Subcomisaría de El Mojón apresó en el lugar al sospechoso y la víctima fue trasladada al hospital de Nueva Esperanza, de donde fue derivada al hospital Padilla de Tucumán por la gravedad de las lesiones. Marta quedó al borde de la muerte.
Las averiguaciones policiales determinaron que todo había comenzado horas antes. Durante la tarde del domingo, Eduardo y su madre habían mantenido una discusión por teléfono celular, a través de mensajes de texto y llamadas. La separación de Marta y su esposo y padre del joven, no cayó bien en el sospechoso. El joven acusaba a la mujer de ser la causante de la ruptura de la pareja, por lo que se sucedían enfrentamientos entre madre e hijo.
Sin embargo, la víctima nunca pensó que Eduardo podría llegar a hacerle un daño físico. Semidormida y sin la mínima sospecha de que estaba armado, la mujer no tuvo la reacción necesaria para intentar defenderse y cayó herida en las manos de su propio hijo.
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