Es el séptimo hijo varón de una vecina de Los Hornos. Un laberinto de trámites
En su humilde vivienda de Los Hornos, Joaquín duerme ajeno a toda la movida que durante meses encaró Sandra, también madre de Joel -2-, Tobías -4-, Juan -11, Agustín -13-, Santiago -15- y Matías -17-.
“Mis hermanos tienen 10 nenas y un solo varón y a mi me tocó ser madre de nenes”, cuenta mientras señala a su benjamín.
Cuando nació su último hijo, las amigas le sugirieron que le solicitara a la presidenta que fuera la madrina del niño y la idea le resultó atractiva porque creyó que serviría para procurarle un futuro mejor a su hijo.
“Después de que me dijeron que la presidenta podía ser la madrina, me puse a leer, busqué en Internet y me enteré de que por esa vía podría encontrar alguna ayuda”, agrega.
Si bien Sandra imaginaba que debería realizar alguna gestión para conseguir el madrinazgo presidencial, nunca imaginó que eso le demandaría tiempo y varios viajes a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
“Fui a la Municipalidad, me presenté en Mesa de Entrada, pero me dijeron que ahí no me podían dar ninguna respuesta, que de alguna manera le tenía que mandar una nota a la Presidenta”, agrega la madre.
No conforme con su primer intento fallido, Sandra decidió que lo más oportuno sería viajar a capital federal para tratar de acercarse a la madrina.
Una mañana de noviembre, organizó a los chicos y con la compañía de su suegra, se tomó dos micros y llegó hasta la Casa Rosada. Previamente se ocupó de juntar y fotocopiar las siete partidas de documentos de sus hijos y los DNI.
“Ni me imaginaba con qué me iba a encontrar, nunca había estado ni cerca de la Casa Rosada. De todas maneras, sólo llegué hasta la Mesa de Entrada”, afirma contrariada.
Es que en la Mesa de Entrada le dijeron que debía comunicarse con la Dirección General de Ceremonial, Departamento de Padrinazgos Presidenciales N º 24, pero sólo le permitieron plantear su inquietud a través de un teléfono interno sin que nadie la atendiera.
Al fin de idas y vueltas le dijeron que dejara todas las fotocopias en la entrada, pero aún el trámite estaba inconcluso.
Se enteró de que le faltaba la fotocopia del documento de su esposo.
“Me volví algo desilusionada, pero al mes me enviaron una carta en la que me decían que me faltaba la fotocopia del documento de mi esposo. Así que mandé eso por correo y me senté a esperar una respuesta”, dice la madre.
Luego de haber conseguido que armaran un expediente con su pedido y al cabo de dos meses, en enero recibió la visita de un asistente que corroboró la veracidad de todos los datos de la familia y de que el resto de los niños estaba bautizado.
“Me dijeron que ahora tengo que esperar que venga un asistente social. Lo único que quiero es que eso ocurra antes de que el nene cumpla los 18 años”, dice con tono irónico.
La madre señala que tampoco recibe el subsidio que se les otorga a las familias numerosas y que cuando se inundó en abril último, no se le brindó ningún tipo de ayuda.
“Nos mantenemos con las changas que hace mi esposo. Lo único que me gustaría es poder bautizar cuanto antes al nene y que la madrina colabore con los gastos de sus estudios o con materiales de construcción para arreglar la casilla”, sostiene la mujer.
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