Por David BrunatLo eligió ayer la Asamblea Nacional Popular. Se espera que refuerce su campaña anticorrupción y por la igualdad.
China completó ayer la quinta transición generacional en el seno de la dictadura. La Asamblea Popular Nacional (APN), reunida estos días en Beijing, eligió con 2.952 votos a favor, uno en contra y tres abstenciones a Xi Jinping como presidente del país para los próximos cinco años en sustitución de Hu Jintao. Hoy será el turno para Li Keqiang, quien reemplazará a Wen Jiabao en el cargo de premier.
El nuevo jefe de Estado chino dedicó una reverencia a los delegados reunidos en el Gran Palacio del Pueblo apenas se confirmó el resultado de la votación, en una ceremonia transmitida en directo por televisión.
Una puesta en escena en la que todo estaba decidido de antemano.
Hace cinco años que el sillón presidencial esperaba a Xi Jinping.
Justo desde el momento en que la élite del régimen lo elevó al selecto Comité Permanente del Partido Comunista en 2007 y le concedió el puesto de vicepresidente en 2008, todo el mundo sabía que, a menos que cometiera un error de bulto, sería el próximo líder.
Xi Jinping concentra, igual que lo hicieron sus antecesores, todo el poder en sus manos. Es jefe de Estado, secretario general del Partido y presidente de la Comisión Militar Central, el organismo que controla al Ejército.
En su mano está ahora sostener el crecimiento económico y geopolítico de China, la segunda economía del planeta, para convertirse en unos años en el hombre más poderoso del mundo. Eso, o fracasar en la inaplazable reforma estructural del país y convertirse, tal vez, en el último presidente comunista del gigante asiático. En los cuatro meses que lleva como secretario general del PCCh, Xi parece decantarse por la primera opción.
La llegada de la quinta generación de dirigentes (tras Mao Tse Tung, Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao) ha sacudido algunas dinámicas del régimen. Xi personalmente ha lanzado una campaña anticorrupción que obliga a los funcionarios a no dar muestras de ostentación (relojes caros, autos, banquetes) y ha clamado por una mayor igualdad social, uno de los grandes problemas de China. También, en la presente Asamblea Popular Nacional, ha eliminado dos ministerios (ahora pasan a ser 25), incluida la poderosa y muy corrompida cartera de Ferrocarriles.
Más allá de estos retoques de maquillaje, Xi Jinping deberá poner en práctica cuanto antes el prometido cambio de rumbo de una dictadura con una peligrosa tendencia esclerótica si no quiere que el malestar social prenda con cualquier chispa inesperada.
El nuevo presidente de China tiene 59 años y antes de ingresar al seno del poder fue gobernador de las provincias de Zhejiang y Shanghai. Está previsto que realice su primer viaje oficial a finales de este mes, cuando acudirá a Sudáfrica para una cumbre de los países emergentes, el grupo conocido como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).
También visitará Rusia, uno de los principales socios políticos chinos, según anunció la cancillería. En esos viajes irá acompañado de su mujer, la cantante folclórica y estrella nacional Peng Liyuan, en un intento de promover el “poder blando” de la dictadura.
Si bien la constitución china no pone límites de tiempo a las legislaturas, se da por hecho que Xi Jinping ocupará diez años el poder, repartidos en dos mandatos, igual que hizo su antecesor Hu Jintao.
El nuevo presidente chino eligió como su vice, por sorpresa, a Li Yunchao, de 63 años, considerado un reformista y excluido del organismo de la cúpula del Partido y del Estado –el Comité permanente de la oficina política– por petición del ex presidente Jiang Zemin, que a sus 86 años goza de una buena salud y mantuvo una fuerte influencia en el Partido.
Xi Jinping, hijo de uno de los revolucionarios de primera hora, es un “príncipe” que pertenece a la aristocracia roja que domina la política y los negocios en la China del milagro económico.
El flamante jefe de Estado es apoyado por otros “príncipes” que en los últimos años ocuparon los puestos más importantes tanto en el Partido como en el Ejército.

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