Peleó por su vida durante tres meses en el Cepsi luego de que lo picara un escorpión. La emoción invadió Forres.
En los brazos de su mamá, aferrado al amor de ella, Jeremías volvió a sentir el aire puro sobre su rostro, el sonido de la tranquilidad que caracteriza a su pueblo, la calidez del amor que unifica a su familia, y el interminable y tan deseado abrazo del reencuentro con su hermano mellizo. Ayer, Forres se paralizó. A exactamente tres meses de aquel día en que la desgracia golpeó la puerta de la familia Paz, cuando un escorpión atacó al pequeño mientras jugaba con su hermano en el patio de su casa, Jeremías recibió el alta médico y pudo reencontrarse con aquella vida que forzosamente tuvo que abandonar por un tiempo solamente para recuperarse y volver como un verdadero triunfador. Sin duda, ayer, no fue una jornada más. Aplausos, interminables silencios y muchas lágrimas de infinita alegría le dieron un emotivo marco a la llegada del niño a su casa. Con carteles que flameaban en el aire con palabras de aliento y bienvenida, Jeremías se reencontró con los suyos. El gran luchador, que soportó los daños que ocasionó el veneno del escorpión en su cuerpo, que le hizo frente a tres paros cardiorrespiratorios, que permaneció dos meses en Terapia Intensiva, un mes en sala común, y la mayor parte de ese tiempo inmovilizado, hoy en brazos de Carolina, su mamá, fiel compañera e impulsora en la lucha, pudo gritarle al mundo "misión cumplida". El objetivo, aquel 14 de abril, era volver a la casa. Hoy, es todo un hecho. La fuerza del pequeño luchador, las manos de los comprometidos profesionales, el amor de la familia y la fe puesta en Dios fueron las principales armas utilizadas para ganar esta batalla. "Felicidad". Así definió Carolina a este momento. Es que Jeremías es un león. Sacó fuerzas desde lo más profundo de su ser porque sus ganas de vivir no le permitían decaer en ningún momento y los frutos se ven ahora. "Estamos muy contentos y felices por haber ganado esta batalla. Fue muy lenta la recuperación, pero jamás perdimos la esperanza, siempre enfrentamos cada desafío con mucha fe, porque sabíamos que Dios no nos iba a abandonar y que su obra en mi hijo iba a ser completa", dijo la mamá del niño. Mientras Jeremías recibía el afecto de las más de 50 personas que se concentraron en su casa desde bien temprano para aguardar el momento de su arribo, su mamá, en medio del llanto y con su voz entrecortada, agradeció a todos los presentes que se preocuparon por la salud del pequeño, y que además cuidaron de sus otros hijos cuando Jeremías requería su permanente presencia durante su internación
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