El ex jefe de redacción de diario El Tribuno se promociona como “lobbista” de Juan Carlos Romero en la Legislatura de Salta

El ex jefe de redacción de diario El Tribuno se promociona como “lobbista” de Juan Carlos Romero en la Legislatura de Salta
Tal es su capacidad de subsistencia que ya se anuncia como el encargado de cubrir las sesiones de la legislatura provincial como “lobbista” del hombre al que señalan como responsable de su linchamiento mediático.
Mientras por una puerta siguen con la purga de periodistas, los Romero no logran sacarse de encima al ex jefe de redacción, Francisco Sotelo. Hasta le habrían desarmado su oficina, pero el ex seminarista sigue firme e incluso se promociona como “lobbista” de Juan Carlos Romero en la Legislatura.

A escasos dos meses de un nuevo aniversario, en el que se planifica estrenar el rediseño del diario, con nuevas secciones como “El Ciudadano”, una especie de rejunte donde se fusionará la información local, el joven Sergio Romero, director del diario, y su leal compañero, Marcelo Romero, todavía no pueden poner orden y mucho menos cordura dentro del complejo editorial.

Tras ofrendar la cabeza de Sotelo, tal como lo había exigido el “Patrón del infierno”, como sus empleados llaman a Juan Carlos Romero, el joven de Harvard creyó que todo iba a repuntar. Nada más alejado de la realidad, pues el nuevo consorte de prueba, Daniel Chocobar, comenzó a hacerle sonar el interno para -poco a poco- quejarse por un hecho poco usual -tampoco inédito-, pues ya sucedió en otras ocasiones.

Lo que le habría molestado al nuevo mandamás dentro de la redacción era el hecho de que su antecesor todavía seguía en su oficina como si nada hubiese sucedido el primero de abril, cuando lo desplazaron. Incluso, nuestra fuente, nos cuenta que Sotelo daba órdenes y hasta pretendía revisar algunas páginas.

La presencia del ex alfil del joven Sergio no tardó en causar confusión y poner en ridículo a Chocobar, quien, al estilo Condorito, fue a ver al director y ensayó un: “Exijo una explicación”. Sin saber mucho qué hacer, y esto es literalmente así, puesto los Romero no saben qué hacer, Sergio, como en sus tiempos de academia, comenzó a urdir alguna táctica para sacar de su madriguera a Sotelo.

Después de varias indirectas y de recortarle toda posibilidad de acción, sin éxito, por cierto, el director prefirió esperar a que su ex jefe de redacción se fuera, como lo hace todos los fines de semana. Apenas, Blas Lacarra se marchó, una horda de operarios irrumpieron en su oficina y arrasaron con todo.

El lunes siguiente, cuando el hombre llegó, según cuentan, sus cosas estaban amontonadas en una caja de cartón. Esto, sin embargó no amilanó al Sotelo, quien conocedor de estas maniobras, siguió el ejemplo de otro ex jefe de redacción, Sergio Gareca (f) y volvió a aparecerse por la redacción.

Así, al mejor estilo de la película “Resistiré”, Sotelo sigue aferrado a la redacción. Tal es su capacidad de subsistencia que ya se anuncia como el encargado de cubrir las sesiones de la legislatura provincial, donde prefiere presentarse como “lobbista”, y nada menos que de Juan Carlos Romero, el hombre al que señalan como responsable de su linchamiento mediático.

Aunque no lo quiera reconocer, Sotelo sabe, como todos en la redacción, que su desplazamiento fue un encargo, pues nadie recuerda que antes de esto, los Romero hayan dispuesto un acto protocolar para el cambio de cinta y mucho menos que tal recambio se le dedique una página completa, impar y con foto -en primer plano- de la cara de fastidio del jefe despedido.

La “redacción del pánico”

En contrapartida, los Romero no tuvieron inconveniente para sacarse de encima a otros dos periodistas. Rubén Fernández Paz, es uno de ellos. Dicen que se fue por los reiterados ataques de pánico que padecía, al parecer, originados cada vez que lo llamaban para cambiar una página.

Este diagnóstico, tampoco nuevo ni desconocido para los periodistas y empleados de ese matutino, fue la excusa que usaron los Romero para convencer a Fernández Paz de una retirada pacífica. Otros, sin embargo, dicen que lo obligaron a renunciar.

Los más allegados, en tanto, aseguran que el larguirucho periodista no soportó que el elegido para suceder a Sotelo haya sido su vecino, a quien creía segundo en el orden, por supuesto después de él. Los más cercanos al joven Sergio, opinan lo contrario: “el más aplicado era “Picucho”, dicen.

El otro que se fue o lo “fueron” es Oscar Frías, el rizado periodista de espectáculo que cubría la afición de los Romero con los “fierros”. Algunos sostienen que fue el más bendecido, pues su indemnización fue de varios ceros.

En la redacción el despido de Frías, uno más de una larga lista, es adjudicado a una “operación Turca”, aunque al momento de oficializar el despido al cronista le habrían reprochado una baja productividad, en especial en las notas que pedían los hijos y amigos de los Romero.

Como la sombra del fantasma en una cancha de fútbol de Bolivia, el pánico reapareció días atrás, cuando el nuevo jefe comenzó a echar mano en la grilla de la redacción y nombró a Mario Peiro como jefe de deportes, designación que para los periodistas de esa sección, según cuentan, superó con creces la del “Cholo Garzón”.

Entre los de mayor antigüedad, en tanto, los Romero ya comenzaron a hacer circular un pedido claro y específico: ¡Jubilación! Dicen que “Tucho” Figueroa fue uno de los que ya recibió ese recado. El próximo destinatario de este mensaje sería el Rubén “Tierras”, perdón, Arenas.

Quien ni siquiera se da por aludido, como nunca lo hizo, sería el “Gringo” Echechurre, el hombre a través del cual Juan Carlos Romero estaría al tanto de todo dentro de la redacción, condición que, por ahora, le daría cierto grado de inmunidad.

En medio de este escenario, y por si faltara algo, el histriónico Atonio Oiene no descansa en su empecinada tarea de dar con las fuentes de esta crónica. Como si fuera el Inspector Gadget, el “Tano” recorta frases y compara cada palabra como si en ella estuviera la clave del Santo Grial. En homenaje a este denodado esfuerzo, aquí va un pequeño aporte: “La masa la amasa Susana, mientras la papá fuma la pipa y mamá me mima”.

Comentá la nota