El párroco de Nuestra Señora de Fátima ofrece a nuestros lectores una reflexión sobre el sentido religioso de esta celebración con tan alto perfil comercial. “Es la Navidad que en esperanza nos hace conocedores de la herencia del Cielo; que nos acerca la bondad de Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo”, expresó el sacerdote.
A pesar de ser una fiesta cristiana, se ha popularizado en todo el mundo. Hoy, hasta los no creyentes celebran la Navidad, aunque desde una perspectiva más vinculada a los afectos terrenales que a la relación filial con Dios. Los regalos, los pinos adornados y la figura de Papá Noel se han sumado a la tradición. Aunque no hay que olvidar que el verdadero sentido de esta celebración es conmemorar el nacimiento de Cristo, y no que se acote al mero intercambio de regalos.
La Liturgia nos habla de la llegada de Emmanuel, que en hebreo significa “Dios con nosotros”. La celebración de la Navidad nos recuerda que Dios no está lejos sino muy cerca nuestro. Celebramos al Niño Jesús que es Hijo de Dios. En El, Dios nos mostró su rostro humano, para salvarnos al mostrarnos con su vida terrenal el camino a lo eterno. Nace Jesús, que es el Hijo unigénito de Dios, imagen perfecta del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Mensaje
Haciendo referencia al importante significado que apareja esta fecha, LA OPINION mantuvo contacto con el padre Javier Fortunato, párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, que desde su sede en el barrio General San Martín, comprende los templos de Urquiza y Fontezuela.
“La Navidad es la manifestación de Dios y de su gran luz en un niño que ha nacido para nosotros. Nacido en un establo en Belén, no en los palacios de los reyes.
“Cuando San Francisco de Asís celebró la Navidad en Greccio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensión del misterio de la Navidad. Francisco de Asís llamó a la Navidad ‘la fiesta de las fiestas’.
“La mirada de Dios es como el rocío que fortalece, es como un rayo luminoso que fecunda y dilata: ¡Trabajemos entonces sin hacer ruido y sin tregua, trabajemos bajo la mirada de Dios, sólo de Dios!
“Dios se manifiesta como niño. Precisamente así se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz. En este momento en que el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras, clamemos al Señor: ‘Tú, el Dios poderoso, te has mostrado a nosotros como el que nos ama. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz’.
“Dios ha elegido lo débil de este mundo, dice San Pablo, y efectivamente en la Nochebuena percibimos cómo Dios siempre ha elegido el lado de lo débil y humilde. Nuestro Dios camina con los sencillos, con los humildes y a lo largo de la Historia eligió a un pueblo al que le dice: ‘No te elegí por lo grande que sos sino porque eres el más pequeño de la Tierra’. Los hombres siempre ponemos nuestra confianza en lo que es fuerte según este mundo y el Niño nacido en Belén dice claramente que eso es falso, porque el único fuerte, que es Dios, se ha puesto del lado de la debilidad, para desde allí salvar a todos.
“El Mesías que nace en Navidad se ha unido a nosotros tomando todo lo nuestro e incluso todo aquello que podía provocarnos miedo: venció incluso a la muerte para que ya no tengamos nada que temer. “Como los pastores, tratemos de encontrar a Jesús en esta Navidad y si ya lo hallamos acrecentemos nuestro vínculo con El sabiendo que así lo han hecho y nos enseñan los santos.
“Cada Navidad tiene sus diferencias y nos aporta su riqueza. Para quienes vivimos en esta ciudad, que la sabe suya, es la primera Navidad en la que María Crescencia Pérez es beata. Los santos nos permiten comprender también que Dios no mira los grandes números ni los éxitos exteriores sino que remite sus victorias al humilde signo del pesebre.
“Por esa misma encarnación, la mirada quiere ser la del presente. No nos quedemos mirando en la ausencia o la tristeza de una Fiesta. Veamos la plenitud de Cristo. Es la Navidad que en esperanza nos hace conocedores de la herencia del Cielo; que nos acerca la bondad de Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo”, expresó el sacerdote”.
Enseñanza
La celebración de la Navidad es un momento privilegiado para meditar, por ejemplo, en el texto evangélico de San Lucas 2, 1-20, en donde se narra con detalle el Nacimiento de Cristo.
Podemos reflexionar las virtudes que encontramos en los diferentes personajes involucrados y luego, aplicarlas a nuestra vida: “María nos enseña a ser humildes, a aceptar la voluntad de Dios, a vivir cerca de Dios por medio de la oración, a obedecer a Dios y a creer en Dios”, explica el padre Javier.
“José nos enseña a escuchar a Dios y hacer lo que El nos diga en nuestra vida, aunque no lo entendamos y a confiar en Dios.
“Jesús nos enseña la sencillez. A Dios le gusta que seamos sencillos, que no nos importen tanto las cosas materiales. Jesús, a pesar de ser el Salvador del mundo, nació en la pobreza.
“Los pastores nos enseñan que la verdadera alegría es la que viene de Dios. Ellos tenían un corazón que supo alegrarse con el gran acontecimiento del nacimiento de Cristo.
Jesucristo es luz, amor, perdón y alegría para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
“La Sagrada Familia nos da ejemplo de la aceptación de la voluntad de Dios, viviendo con sencillez, humildad y alegría el nacimiento de Jesús en el Portal de Belén”.
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