El fiscal de Estado interino espera la comunicación oficial para tomar su cargo. Se trata de un abogado que ingresó en la época de Aldo Giordano y goza del respeto de sus colegas.
Fernández tiene 44 años y hace 17 que está abocado a la función pública. Sus primeros pasos en la Fiscalía de Estado los dio en 1995 como asesor de Aldo Giordano. Es abogado penalista y en ese momento colaboró en una investigación a Raúl Moneta.
Padre de dos hijos varones y casado con una oftalmóloga, Fernández llegó a la Dirección de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas durante el mandato de Celso Jaque. Sin embargo, asegura que no tiene ninguna posición partidaria.
Su primer acercamiento con la prensa fue fugaz, ya que en los pasillos de Casa de Gobierno confesó que no podía hablar con los periodistas porque debía ir a buscar a su hijo más chico al jardín.
Por la tarde, aseguró que para cualquier profesional de la Fiscalía de Estado es un honor estar a cargo, aunque aclaró que no puede festejar porque su designación, temporaria por ahora, es consecuencia de la suspensión de Joaquín de Rosas, sospechado de haber actuado a favor de privados y en contra de los intereses de la provincia.
Fernández es un hombre respetado entre sus pares y un entusiasta a la hora de llevar adelante investigaciones dentro de su ámbito. Sin embargo, no siempre estas actuaciones hay llegado a buen puerto; especialmente, porque sus superiores -tanto en la época de Pedro Sin como de Joaquín de Rosas- preferían no tocar ciertos temas siempre vinculados con el mismo grupo económico.
Si bien no se sabe si el gobernador Francisco Pérez decidirá dejar a Fernández de manera efectiva y permanente en ese lugar, se saber que desde el primer momento su objetivo será cambiar la imagen de una dependencia vapuleada y bajo sospecha permanente.



Comentá la nota