Desde el jueves 25, el establecimiento ubicado en San Nicolás 1864 del barrio Centenario llevará el nombre de la destacada pergaminense desaparecida físicamente. El acto en homenaje a la docente comenzará a las 13:00 y contará con la presencia de importantes autoridades.
El mismo pasará a llamarse desde el jueves 25, “Rosana Sofía Cura”, en vez de su anterior nombre “Provincia de San Luis”. El cambio de nombre es en razón a que la maestra Rosana Cura, desaparecida a temprana edad fue estímulo y motor de ese establecimiento en el tiempo de su labor en dichas aulas.
La comunidad educativa del establecimiento propuso el cambio de nombre, “considerando esta una oportunidad única para repensar nuestra identidad, la resolución del área educativa provincial dice: ‘Que la celebración de ambas fechas -Bicentenario de la Patria y 25 años de democracia- resulta propicia para generar instancias que fomenten la discusión abierta y plural respecto de nuestras instituciones educativas en diálogo con el mundo contemporáneo y sus múltiples realidades históricas nacionales, latinoamericanas, la cultura propia y la del mundo, los desarrollos sociales y tecnológicos, la investigación científica y la producción económica en armonía con el mundo natural”.
“Que el Bicentenarios nos desafía a una conversación ciudadana que revisite el pasado, de cara al presente y al futuro, con los pueblos’.
“Que la ley de educación de la provincia de Buenos Aires al referirse a la institución educativa le impone a esta auricular la participación de las distintas personas que constituyen la comunidad educativa: directores, docentes, padres, madres y/o tutores, niños, adolescentes, jóvenes y adultos, etcétera”.
El director general de Cultura y Educación resuelve aprobar la imposición del nombre “Rosana Cura” al Jardín de Infantes Nº 913 de la ciudad de Pergamino. El acto de imposición del nombre será el 25 de este mes, a las 13:30, en la sede del establecimiento, San Nicolás 1864, con la presencia de autoridades educacionales, municipales y provinciales.
Vale destacar que son pocos los establecimientos educativos de la ciudad que llevan el nombre de destacados pergaminenses como éste, en el que se homenajea a una educadora prominente que dejó la “huella” marcada en la institución a la que dedicó su vida y labor.
Rosana Sofía Cura
Fue un ejemplo extraordinario de estudio y dedicación. Egresada de la Escuela Nacional de Comercio a fines de la década del 70, Rosana no pudo cumplir con sus aspiraciones de estudiar alguna carrera en una ciudad universitaria, por ciertas limitaciones económicas y el profundo amor que les tenía a sus padres a quienes acompañó hasta el último momento de sus vidas. Rosana entonces comenzó a estudiar Maestra Especializada en Educación Inicial (maestra jardinera) en el Instituto Superior de Formación Docente Nº 5 y, ni bien se recibió comenzó a trabajar en jardines de infantes de la ciudad. Pero su amor al estudio no cesó y continuó en el mismo establecimiento estudiando el Posgrado en Jardín Maternal y el Profesorado Especializado en Irregulares Sociales, carreras de las que egresó con notables promedios. Mientras desarrollaba su vocación en establecimientos educativos de Pergamino, Rosana estudió Psicología Social y Psicodrama, hasta concretar su sueño de hacer una carrera en la ciudad universitaria de Rosario y, viajando semanalmente, con mucho sacrificio, se recibió de psicóloga, profesión que ejerció hasta su partida definitiva. Mientras tanto, trabajaba en el Jardín de Infantes Nº 913, establecimiento que estaba y está en el barrio en el que residía (Centenario). Su especial apego por la niñez y su reconocida sensibilidad social, hizo que en este Jardín apostara a todo lo que ella sentía y quería para los chicos. Cada problema de un niño a su cargo, se hacía “carne” en ella, hasta el punto de sufrirlo de la misma manera y desde el mismo lugar. Su vocación excedía el simple cumplimiento de las horas de trabajo e invertía gran parte de su sueldo para comprar material que le ayudaría a actualizar permanentemente sus clases y a dar aportes de verdadero valor a su tarea diaria.
En 1977 se acercó al grupo Juventud de Teatro y comenzó su carrera teatral en la que también abogó por el estudio sistematizado y no por lo sólo vocacional, poniéndose ella misma como ejemplo. Se preparó con gente como Susana Torres Molina, Juan Carlos Puppo, Perla Stockoe, Carlos Demartino (Escuela de Raúl Serrano), Charly Diez Gómez y muchos más. No concebía al actor sin un perfeccionamiento constante. En 1989 ingresó como docente en teatro a la Escuela Municipal de Bellas Artes, en donde, avalada por la Dirección de Cultura comenzó su trabajo de enseñanza con los más pequeños. Pasa allí algunos años, hasta que funda su propio taller “Un, dos, tres, creando…” que pasó a prestigiar la docencia teatral en Pergamino. Allí Rosana aplicaba todas sus técnicas desde la actriz y desde la docente de Educación Inicial y sus profundos conocimientos de Psicología. El taller estuvo en la Casa de la Cultura y finalizó en Florentino Teatro Bar, donde sigue a cargo de su amiga Pamela Lombari, a quien dejó el legado. Como actriz fue, sin dudas, una de las mejores de la historia del teatro de Pergamino, habiendo ganado varios galardones no sólo en esta ciudad, sino en festivales nacionales como el de Chascomús en el que fue proclamada mejor actriz durante dos años consecutivos. Nunca abandonó el teatro en los treinta años que le tocó trabajar para y por él, siendo sus espectáculos significativamente importantes en profesionalidad, estética y prolijidad. A su partida, estaba ensayando “Play Strindberg” de Frederic Dürrenmat, basada en la obra de August Strindberg. Más allá de los pesares de su salud, imaginaba el estreno y los posters de promoción con los amigos y actores que la acompañaban, José “Neme” Carenzo y Jorge Sharry. Podemos agregar que Rosana tenía un sentido de la honestidad y la ética inquebrantable y era tan leal a sus amigos como lo fue con sus padres.
Hija única de un matrimonio de “gente buena”, con una madre escapada de la guerra y radicada junto a su padre en el centro mismo de la peluquería que lindaba con la avenida Colón. Allí nació, en uno de los tantos barrios de la ciudad, con un padre que trabajaba, mientras su madre le entonaba hermosas canzonettas italianas, privilegiando su estado de hija única con caricias y dedicación a la vida.
Sólo resta decir que, aunque muchas de ellas guardadas en su maravilloso cofre artístico, escribía hermosas poesías, con las que alguna vez ganó el certamen literario del diario de Pergamino. Otro de sus textos fue musicalizado por su amigo Fernando Crespi y estrenado en 1982 en la sala del Banco Local.
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