Irak rojo shocking con la sangre chiita

Al menos 63 fieles murieron y cientos quedaron heridos en una serie de explosiones coordinadas en mezquitas de la fe islámica de los más pobres. Todo apunta a una represalia de la red fundamentalista sunita contra el gobierno apoyado por Washington.
La delgada línea verde. Fue en las barriadas populosas de Bagdad, donde vive una población chiita antes segregada, en tiempos de Saddam Hussein, que estallaron las bombas después de la hora de oración de los viernes.

Viernes sangriento en Bagdad: al menos 63 personas, en su mayoría musulmanes chiitas, murieron en una serie de ataques que tuvieron como escenario la capital iraquí, donde varias de las siete explosiones registradas estaban dirigidas contra mezquitas chiitas. Según las fuerzas de seguridad, más de 180 personas resultaron heridas.

"La plegaria justo había acabado y muchos de los que habían acudido a orar se encontraban en la calle, justo afuera (de la mezquita) cuando los coches bomba estallaron", explicó Mayid al Shuwili, de 32 años, y testigo de uno de los ataques que más víctimas provocó, los de Ciudad Sader, un barrio periférico habitado principalmente por chiitas. Allí murieron 35 personas.

Observadores en el país árabe consideran que estos atentados podrían ser una acción de venganza de Al Qaeda, después de que las fuerzas de seguridad iraquíes y el ejército de Estados Unidos mataran la semana pasada a varios dirigentes de la red fundamentalista y militante sunita. Haidar al Mulla, quien en las elecciones legislativas del pasado 7 de marzo concurrió con éxito en la lista nacionalista de Iyad Allawi, dijo a agencias de prensa: "Otra vez un día repleto de sangre en Irak que ha puesto de manifiesto las carencias en el aparato de seguridad estatal". Tras los ataques, dijo, están esos "círculos que quieren que regrese el odio entre las distintas comunidades religiosas".

Cinco de las en total siete detonaciones tuvieron lugar cerca de mezquitas chiitas. El viernes, día festivo para los musulmanes, éstos acuden a las mezquitas a mediodía para para orar y escuchar la prédica semanal. En el barrio Al Amin, los testigos indicaron que fue un militante que murió en el ataque el que activó un cinturón de explosivos que llevaba puesto. En otros barrios estallaron coches bomba. El clérigo radical chiita Muktada al Sader, que reside en Irán, declaró tres días de duelo. En tanto, en la localidad sunita de Al Jalidiya, 80 kilómetros al oeste de la capital, estallaron siete artefactos, que causaron la muerte de ocho personas, siete de ellas miembros de una misma familia.

En los últimos meses en Irak ha aumentado considerablemente el número de atentados, a la par que la situación política vuelve a ser muy inestable. Casi siete semanas después de las elecciones todavía se desconoce quién formará el gobierno.

El actual primer ministro, Nuri al Maliki, quien con su alianza figura en la segunda posición tras la lista de Allawi, se está viendo sometido a una fuerte presión tras salir a la luz un escándalo relacionado con torturas cometidas en prisión.

Un representante del Partido Democrático Kurdo, de la etnia mayoritaria en el norte del país, liderado por Massud Barsani, dijo que espera que el tribunal de apelaciones en los próximos días también ordene un recuento en Mosul y Kirkuk, tal como demanda su partido. Pero son precisamente los votos de Bagdad, la capital, donde se hace más visible el enfrentamiento entre chiitas pobres y sunitas antes favorecidos por el régimen de Saddam Hussein los que están más sospechados.

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