Se activa la causa por cinco asesinatos en la dictadura. Sospechan que las víctimas fueron llevadas ya muertas a Diamante y Paraná, donde aparecieron los cuerpos. Zaccaría firmó los certificados.
El asesinato de cinco militantes, cuyos cuerpos aparecieron en Diamante y Paraná en agosto de 1977, sale a la luz por estos días en la Justicia federal luego de más de tres décadas de oscuridad.
Se trata de una investigación que tiene a su cargo la Fiscalía y que, además de determinar responsabilidades, procura establecer si se trató de enfrentamientos fraguados y si hubo traslado de los cadáveres hasta el lugar donde supuestamente ocurrieron las muertes como parte del simulacro. Por el momento no hay imputados, aunque la firma del médico militar Juan Antonio Zaccaría –el mismo que está procesado por robo de bebés en el Hospital Militar– figura en los certificados de defunción y eso podría eventualmente implicarlo.
Las víctimas eran oriundas de la provincia de Buenos Aires (Bahía Blanca y Tres Arroyos) y fueron informadas en su momento como muertas en enfrentamientos, como habitualmente solía describir la dictadura militar a las ejecuciones de los guerrilleros y disidentes políticos en general. Se trata de Darío Miguel Valiño, Alejandro Tomás Mónaco, Felipe Guerra, María Luisa Buffo y José Antonio Garza. Para los próximos días se esperan importantes testimoniales, pudo averiguar UNO.
La versión militar es que estas muertes se habrían concretado en dos hechos, cuando estaba al mando de la represión ilegal en la provincia el general Juan Carlos Ricardo Trimarco, hoy declarado inimputable por la Justicia. Uno de ellos aconteció el 3 de agosto de 1977: fueron ultimados en Paraná Mónaco, Guerra y Valiño durante un “enfrentamiento”, como describieron los comunicados del Comando de la II Brigada de Caballería Blindada publicados en los diarios La Nación, Clarín y El Diario. Los certificados de defunción indican que fue “muerte violenta”.
El segundo hecho ocurrió el 23 de agosto de 1977 en Diamante, cuando en un supuesto control de ruta mataron a Buffo y Garza.
En aquella época, los familiares viajaron hasta Paraná para buscar los cuerpos, y las autoridades militares les informaron que estaban en el cementerio de la capital entrerriana. Pudieron recuperarlos, con excepción del de Guerra, que nunca apareció. Además, no está claro si los familiares de Valiño pudieron hacerse de los restos.
En Bahía Blanca, familiares y amigos de las víctimas denunciaron sus desapariciones y hace unos años testimoniaron en la Justicia federal de Paraná. Uno de los testigos declaró que, a pesar de que los cuerpos aparecieron en la capital entrerriana y Diamante, los militantes habrían sido asesinados en Buenos Aires. De ser así, los cadáveres habrían sido traídos a Entre Ríos en una maniobra similar a la que se efectuó con el diputado del PJ Diego Muñiz Barreto, quien apareció dentro de un Fiat 128 en un arroyo cercano a localidad de Raíces Oeste, Departamento de Villaguay, crimen por el cual está acusado el represor Luis Abelardo Patti.
Las dudas podrían comenzar a despejarse esta semana, ya que está previsto que declaren testigos claves para determinar qué sucedió con esas víctimas del terrorismo de Estado. Los testimonios serán recolectados por los fiscales José Ignacio Candioti y Mario Silva, quienes tienen a su cargo la investigación. También tendrían previsto adoptar otras medidas para reactivar la causa.
La firma de Zaccaría
En el expediente por el momento no hay imputados y el responsable natural de los crímenes de lesa humanidad cometidos en Entre Ríos, Juan Carlos Ricardo Trimarco, se encuentra a salvo de todo proceso penal por su incapacidad mental decretada en la causa por sustracción de menores y sustitución de identidad en el Hospital Militar de Paraná.
Uno que debería dar explicaciones es quien se desempeñaba como jefe del servicio de Terapia Intensiva del nosocomio de avenida Ejército, Juan Antonio Zaccaría, ya que su firma aparece en los certificados de defunción indicando que se trató de muerte violenta. De hecho, se sabe que los cadáveres estaban destrozados, con signos de haber sido acribillados, lo que se contradice con la hipótesis oficial del enfrentamiento.
Zaccaría –actualmente con prisión domiciliaria– está procesado en la causa Hospital Militar y busca eludir el inminente juicio oral y público argumentando problemas de salud. Su nombre ya aparecía mencionado en el anónimo que recibió quien fuera coordinador del Registro Único de la Verdad, Guillermo Germano, y que presentó el 18 de mayo de 2005 cuando hizo la denuncia que abrió aquel expediente.
El relato desde Tres Arroyos
Una parte importante de estos hechos están relatados en el libro Los tresarroyenses desaparecidos, de Raúl Vergnano y Guillermo Torremare. Allí estos periodistas narran que, según la noticia que difundieron los diarios, cuya fuente habría sido un documento emitido por los militares, el 23 de agosto de 1977 en un supuesto enfrentamiento con el Ejército ocurrido en Diamante, fueron abatidos José Antonio Garza y María Luisa Buffo.
“El análisis de los hechos se encargaría de demostrar que la muerte de los mencionados no ocurrió en el lugar y las circunstancias citadas”, dice el texto.
Según Torremare y Vergnano, “el acta de defunción de Garza se contradice con la ubicación en tiempo y espacio, ya que ubica su muerte como producida en la ruta 11, en jurisdicción de la ciudad de Paraná, a las 0.30 del 23 de agosto de 1977, por ‘muerte violenta’. Con este último dato aparece un segundo elemento que, conjuntamente con el hecho de que ningún militar resultó herido, lleva a elaborar la hipótesis de que el citado enfrentamiento nunca existió, sino que fueron literalmente fusilados”.
La idea que se maneja es que Garza fue secuestrado en La Plata, estuvo detenido un tiempo en Bahía Blanca, siendo luego “trasladado” a Entre Ríos, para su desaparición definitiva. Similar debió ser la situación de Buffo, con quien no se sabe si José Antonio tenía alguna vinculación, dice el libro.
“Se deduce que los trasladaron en una camioneta, de la cual los hicieron descender. Los liberaron y les indicaron que corrieran. Tal vez supusieron que los estaban dejando en libertad, porque efectivamente corrieron. Pero no era esa la intención, lo supieron cuando escucharon estampidos de armas de fuego. Instantes después morirían acribillados por la espalda. Garza habría quedado tendido en el suelo, a Buffo la subieron nuevamente a la camioneta, que prendieron fuego con ella en su interior”, señalan los autores.
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