La siesta de la Madre de Ciudades tuvo en una invasión de mariposas un particular condimento.
Cientos de pirpintos volaron durante la siesta santiagueña, adornando la tarde de otoño y dotando con su particular belleza de un carácter peculiar a la soleada tarde.
Las mariposas llegaron con el cambio de estación llamando la atención de los santiagueños que disfrutaron del colorido fenómeno natural.
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