Por: Ricardo KirschbaumAlgún malintencionado podrá decir que han sido episodios menores. Y otros, recordar aquella frase de Perón: "No hay que dar por el pito más de lo que el pito vale" para bajarle el precio a lo que está ocurriendo. Pero, precisamente, lo que ocurre es un síntoma más de que algo oscuro continúa agazapado en los métodos políticos en la Argentina.
sufrido pintadas similares.
Estos actos hostiles forman parte de presiones explícitas sobre el diario y sobre los periodistas que cubren actos electorales del oficialismo, dificultando su tarea profesional y trabando el libre acceso a la actividad proselitista del kirchnerismo. Hay un mensaje paradójico en todo esto: mientras se pregona el pluralismo y la "democratización" de los medios de comunicación, los responsables de estas acciones están enviado un mensaje exactamente opuesto a esos objetivos. Y son un sinceramiento de que en realidad a los medios quieren controlarlos, más que "liberarlos". Minimizar lo que ha ocurrido es abonar el camino para acciones cada vez más agresivas. Clarín ya ha sufrido ataques armados peores en otra época, cuyos prolegómenos habían sido también una escalada de presiones y agresiones menores.
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