Una interpelación que dejó sabor a poco

«Esto no sirve para nada» era la frase más oída el miércoles por la noche en la Legislatura de boca de diputados e históricos empleados que habían visto pasar a varios ministros en otros tiempos.
Era en momentos en que el ministro de Gobierno, Miguel Castro, se tomaba dos horas para leer la cantidad de personal en cada una de las dependencias de la provincia sin que nadie lo oyera, y luego repasara cada uno de los cursos de capacitación y la cantidad de asistentes desde 2007 a la fecha. La presencia de Castro dejó la sensación de haber sido desaprovechada por la oposición, que no supo ser concreta y punzante en las preguntas, y Castro lo aprovechó recurriendo a sus ironías en las respuestas especialmente al interpelante Roberto Risso. Si algo quedó claro, es que los diputados carecen de una virtud que es la gran cualidad del trabajo periodístico: no saben preguntar, y mucho menos repreguntar. Sólo saben opinar y escucharse a sí mismos.

Quizás fue una sorpresa para muchos, pero la única que puso en apuros a Castro fue la diputada Pierina Bissi, que esperó al final, y le mostró cuán flojas habían sido sus respuestas y toda su postura en torno al crimen de Julián Antillanca.

Temas desapercibidos

En el interrogatorio inicial, había dos temas que habían generado gran expectativa, pero pasaron totalmente desapercibidos: el del uso de radiogramas policiales en las elecciones, y el de las intervenciones telefónicas. Pero en ambos casos, fueron contestados velozmente por Castro y al cerrar el oficialismo la sesión, no fueron abordados en la etapa de las preguntas. Concretamente, Castro dijo que el servicio de radiogramas siempre ha sido utilizado por los partidos políticos en elecciones internas o en la general, ya que «están a disposición de todas las instituciones de la provincia, las ONG, pobladores, y en esta oportunidad, el Partido Justicialista hizo como siempre el pedido a la jefatura», aclarando que no eran datos oficiales, sino datos de los fiscales hacia la sede del PJ. Respecto a las escuchas, Castro fue brevísimo en su respuesta: aseguró que «no hay ningún sistema de escuchas», y que las declaraciones del gobernador sobre grabaciones, se refiere a «medios de comunicación radiales o televisivos». Agregó el ministro que «la policía no cuenta con aparatos de escucha, porque los procedimientos deben ser ordenados por la justicia y se realizan con la autorización de las empresas prestatarias de los servicios de telecomunicaciones». Y nadie pudo preguntar qué pasó con los equipos que se compraron hacia el final de la gestión de Lizurume.

La orden

Eran las dos de la madrugada y se cumplía un nuevo cuarto intermedio en la sesión especial de la interpelación. Un grupo oficialista integrado por el ministro Castro, el jefe de policía Guillermo Castaño y diputados oficialistas del PJ y el Provech bromeaba con cargadas sobre la figura del radical Roberto Risso, que hacía dos horas insistía con sus preguntas tratando de comprometer al funcionario. Hasta que apareció el vicegobernador Mario Vargas con cara de pocos amigos y mostró su enojo por la postura de los diputados dasnevistas -que estaban reunidos en un buen número en el bloque- que según su criterio no estaban defendiendo al ministro y dejaban que lo peloteen. «Ya está, ya cumplió, hace ocho horas que está contestando, ¿Qué esperan para irse? ¿Qué clase de compañeros son? Si le siguen tirando balas, alguna le van a pegar», fue el planteo de Vargas cara a cara a cuatro diputados. Y a juzgar por lo ocurrido minutos después, cuando la diputada Marisol Codina del Provech empezó a agradecer la presencia del funcionario y a preparar la despedida, el mensaje fue interpretado claramente.

El planteo

A lo largo de la interpelación, hubo varias ocasiones en que la Cámara estuvo al borde de quedar sin quórum, e incluso durante algunos minutos Castro debió dejar de responder porque había menos de 14 diputados en el recinto. El planteo de varios diputados oficialistas era de bronca con los 9 diputados presentes que habían votado la interpelación, quienes en ocasiones se levantaban durante varios minutos y dejaban de escuchar las respuestas. «Les dijimos que si ellos, que eran los interesados, no se quedaban, no teníamos por qué quedarnos nosotros para darle el quórum», explicó uno de los legisladores del PJ mientras veía subir apurado las escaleras a uno de sus pares de la minoría que volvía de la calle.

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