Las especulaciones tienen en cuenta dos escenarios, con distinto resultado. La ansiedad corroe pero es inevitable. Los 5.000 de Sapag. La prusiana organización de Sobisch. Un panorama con reglas internas propias, que se abstrae de una realidad conflictiva.
La presunción que se hace –porque en política nunca hay pruebas concretas, sino presunciones- es que si gana la interna Jorge Sapag, el respaldo, explícito o no, del gobierno de Cristina Fernández será para el actual gobernador. En cambio, si gana la interna Jorge Sobisch, el ansiado apoyo (que se traduciría más que nada en aportes financieros) iría para Martín Farizano.
Esta situación presunta explica en buena parte por qué desde el principio se ha dicho, desde sectores de la oposición, que convendría que ganara la interna Sobisch.
Uno de los dirigentes más veteranos del radicalismo lo explicaba de la siguiente manera, durante la semana que pasó: “si gana Sobisch, Martín tiene posibilidades reales de quedarse con la gobernación. Pero si gana Sapag, los peronistas van a inventar algo para distanciarse de nosotros, alguna excusa, y aunque formen parte de la coalición lo cierto será que cerrarán el negocio con Sapag, porque es el político más cercano a Cristina que tiene Neuquén”.
Esta especulación es cerrada con un pronóstico inquietante para el radicalismo: “podemos perder tanto la gobernación como el municipio”, dicen.
Dentro de este razonamiento, se meten a la misma coctelera ingredientes como Mariano Mansilla, Darío Martínez, y Horacio Quiroga. Se sostiene que será muy difícil mezclar eficazmente esos componentes, y que por lo menos uno siempre quedaría afuera del engendro bebible. “Es un escenario que se presta para la posibilidad de que el MPN recupere la ciudad. Sobre todo si se presenta un candidato como (José) Brillo, que podría ser respaldado por los dos sectores del partido provincial”, se sugiere.
Con más o menos especulaciones, esta sensación recorre la realidad de los cuarteles opositores. No es cierto que la única duda por la coalición la tenga el justicialismo. En realidad, todos la tienen, porque no pueden anticipar el resultado de la interna del MPN. No, por lo menos, por ahora, ya que la campaña del partido provincial todavía tiene mucho para recorrer, y la intención de voto todavía no está consolidada en encuestas como para anticipar qué es lo que ocurrirá.
La coalición, se sabe, es fundamentalmente unir los vértices de un triángulo esencial: UCR-PJ-UNE. Los demás, aportan poco o nada. Simplemente, revisten el asunto con una mayor cuota de imagen de pluralidad. Basta apuntar lo que se ha publicado durante la semana, la caída del parnaso legal de partidos políticos como el Partido Intransigente, el Movimiento de Integración y Desarrollo, o el Partido Socialista. Los tres firmaron su integración a la coalición liderada por Farizano, pero ya ni siquiera tienen estatus legal como organizaciones políticas, por las exigencias de la nueva ley electoral.
Mientras tanto, el reflejo mediático de la interna del MPN es meramente anecdótico. Se distrae en chicanas legales impulsadas por uno u otro de los dos sectores en pugna: no pasará nada en la Justicia, no al menos de lo que tiene que pasar por un solo lugar, que es el voto de los ciudadanos que participen de la compulsa del 20 de febrero.
Solo el resultado que surja de las urnas validará la re-unión en el MPN. Eso y la actitud que tome inmediatamente el ganador. La historia indica que siempre quedan heridos después de la contienda; pero que la enfermería puede ser determinante para que esos heridos no se transformen luego en terroristas inmanejables, que apuesten más al daño que se le pueda causar al adversario que a una victoria que ya no les corresponderá como propia.
Por lo pronto, Sapag está apostando todo a una campaña en la que funde su rol de gobernador con la de candidato; y en dar instrucciones terminantes para que cada funcionario político cumpla la obligación de arrimar una cantidad apropiada de votantes “independientes”. En la última reunión se habló de 5.000. Sapag los quiere seguros, con nombre, dirección, teléfono y demás datos que permitan asegurar su traslado a las urnas.
Sobisch sólo confía en potenciar al máximo el padrón propio que fue armando durante los tres años de exilio del poder. Las planillas están armadas y el operativo prusiano para traducirlas en votos también. Más allá de esto, el vértigo de la campaña va in crescendo. Son dos encuentros por día, mínimo, que se hacen con militantes y allegados en distintas localidades.
La interna produce, a su vez, un encapsulamiento. Es como si la realidad no influyera en ella, como si fuera un universo con reglas propias, diferenciadas.
En el otro mundo, hay tractorazos, infernales peleas sectoriales, muestras impresionantes de la cada vez más acentuada inseguridad pública. El MPN sigue impávido, con un solo mensaje: “esperen al 20 de febrero”.





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