Federico Luppi llega a Mar del Plata este sábado con “La noche del Angel”, la cual protagoniza junto a su mujer. El incesto, la política actual y su situación personal, en diálogo con El Atlántico. “Me he hecho muy kirchnerista” aclara
Por tercera vez en su vida, Luppi se para frente al público marplatense para interpretar a un padre, viejo actor que cree que la vida transcurre en un escenario, e invade por sorpresa la casa de su hija. Ella, psicóloga, trata de controlar en cada momento sus emociones y turbación por su presencia. La visita inesperada de un joven paciente de ella, hará que todo se modifique y que, nada en sus vidas, vuelva a quedar donde estaba.
La soledad, la falta de afecto, la edad, la falta de medios son algunas de las temáticas que atraviesan a los personajes, disparadas por un tema específico: el incesto, “el cual la obra plantea sin enjuiciar. No lo trata desde lo moralista sino desde lo que tiene que haber ocurrido o no para que eso suceda. Es un disparador”, dice Susana, mientras que Nehuen suma: “Lo propone desde la máxima intimidad. Cada personaje puede indagar dentro suyo con mucha libertad. Por eso no juzga”.
Luppi, confía a El Atlántico, que su interés por esta pieza tiene que ver con que “el autor ha escrito sobre dos edades muy indefensas en el hombre: los chicos y los viejos”. Y desde ese punto es que decidió involucrarse cumpliendo roles sobre y debajo del escenario: “Por cómo está planteado el mundo actual, la creatividad, el afecto, mi esfuerzo en todo caso consiste en intentar crecer hasta morirme sin que me deshumanicen. No pido más. Cada obra me da la posibilidad de ver qué hay de vivo aún en mí, y no me refiero al punto de vista biológico”, afirma.
- Después de tanto teatro y cine en su haber, ¿es más difícil encontrar esa motivación?
- FL: No. Material siempre hay y bueno. Hay que buscar más, estar más atento. Inclusive en Buenos Aires ocurre un fenómeno que asombra: lo que alguna vez se llamó el “off Corrientes” hoy alberga los mejores espectáculos, originales y tentadores: Timbre 4, el Camarín de las Musas, La Carpintería…
- Ese corrimiento de las grandes marquesinas ¿tiene que ver con una apertura del público, los artistas, los productores o todos juntos?
- FL: Es interesante…Me parece que la clave está en el propio creador que está viendo una realidad cada vez más caníbal en lo afectivo y que intenta salir de los moldes comunes. No se está dependiendo tanto del hombre de la guita. Lo cual da libertad y gozo creativo.
- SH: Con Nehuen venimos más del off que Fede. Creemos que mucho tiene que ver con que muchos directores y actores se han hecho productores. El mundo de la cooperativa te quita la dependencia del producto para netamente vender. De hecho “La noche…” es hoy una cooperativa, como cuando hicimos “El vestidor”.
“Me he hecho muy kirchnerista”
El corazón de Luppi se divide entre Argentina y España. Su país natal del cual se retiró cuando la realidad fue apremiante y el que lo adoptó, cuya actualidad crítica lo entristece notablemente. “La sensación es de desesperanza y angustia”, dice tras suspirar con notable pesadumbre y mirar a su mujer.
- ¿Más que lo que se vivió en Argentina en 2001?
-FL: Sí. Porque nosotros tenemos una ventaja -irónicamente- de haber pasado por tantas vicisitudes que nos hicimos duchos. El español hace 20 años que no tiene un solo conflicto. Están en un momento que tienen que retomar la gimnasia política de recambio.
- SH: Más que económica la crisis es ideológica. Creo que esta situación en otras manos posiblemente no sería igual. Hasta empresas privadas están diciéndole al Gobierno que la forma de salir es reinvertir el dinero público y no ser necios. Están aplicando las formas del Tacherismo, que se sabe que no funcionaron hace 60 años. La base social que tuvo España con educación y salud pública, la destruyeron en un año.
- Y ahora que volvió, ¿siente que Argentina está mejor?
- FL: Hace unos años que tengo ciertas dificultades con mi medio porque me he hecho muy kirchnerista (risas). En realidad, pasé tantas cosas con todos los gobiernos argentinos que cuando estaba en España y vi que hacían lo que decían, me asombró. Han hecho cosas razonablemente buenas, bastante adultas. Hay que pensar que hay que cambiar un país cuya cultura descansó casi siempre en la especulación y la transferencia de ingresos. Reconozco con impudor que tengo una debilidad por la Presidenta. Me parece inteligente, peleadora, audaz, en un mundo como el actual donde el canibalismo se ha hecho muy patente. Tengo serios deseos de que funcione porque nos merecemos un país mejor y tenemos cómo hacerlo. Cuando veo las movilizaciones con carteles puteando, con cruces, diciendo que falta libertad, que es una dictadura…En la dictadura ponías un cartel así y al otro día aparecías en una zanja. Esta falta de realidad en las relaciones me preocupa mucho.
“Por supuesto que tengo que parar todo esto”
Lejos del enojo manifiesto que tuvo con medios televisivos días atrás, cuando le preguntaron sobre las denuncias de maltrato que realizó su ex mujer y el tema recurrente de su hijo uruguayo, Luppi prefirió palabras tibias y algo esquivas al referirse a su actualidad personal.
- Habló de canibalismo y teniendo en cuenta las denuncias y situaciones personales que afronta, ¿se siente un poco “mordido”?
- Sí, sí…pero esto va a seguir. En todos los frentes, en el mundo mediático y político, existe un denuncismo (sic)… Se ha perdido el sentido político de la política.
- ¿Se siente afectado en su trabajo?
- No. Estoy con abogados. Por supuesto que tengo que parar todo esto. Hay lagunas muy grandes en nuestro mundo jurídico en lo que refiere a la difamación, las calumnias e injurias. Hay un límite difuso que no es fácil. Sé que esto va a seguir porque es la tónica actual.
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