Tras el freno de EE.UU. a una inminente ofensiva, las tropas del régimen reiniciaron su ataque en suburbios de Damasco dominados por rebeldes.
“Volvimos a la situación anterior al ataque químico del 21 de agosto. Bombardeos constantes de la aviación sobre las zonas controladas por los rebeldes más allá de que haya o no una población civil significativa allí”, explica Amr al Azm, un líder opositor que monitorea la situación desde El Líbano.
Con el repliegue del ejército de Al Assad que tuvo que poner sus armas, y particularmente sus misiles, a resguardo, el Ejército Sirio Libre (islamistas moderados) había conseguido consolidar algunas posiciones en los alrededores de Damasco. Pero desde el momento en que se alejó la posibilidad de un bombardeo externo, las fuerzas oficiales reanudaron la ofensiva para recuperar un terreno que consideran esencial para la seguridad del régimen. Esta mañana, un miliciano rebelde que habló desde Jobar dijo que el bombardeo había sido permanente desde la madrugada.
Por su parte, Ali Haidar, el ministro secretario general del gobierno de Al Assad, dijo que si bien Siria está dispuesta a negociar con los poderes occidentales “no lo vamos a hacer bajo ninguna imposición” y que “vamos a continuar con nuestra lucha a muerte con los terroristas que nos atacan en nuestro propio territorio”. Aunque admitió que Siria posee un arsenal químico porque “es la bomba atómica de los pobres” y que lo construyeron “para mantener nuestro equilibrio estratégico con Israel, que ha sido nuestro enemigo por los últimos 60 años”.
Mientras que muchos se preguntan aquí en Oriente Medio cómo va a ser posible que equipos de las Naciones Unidas puedan verificar el arsenal químico sirio en este contexto de recrudecimiento de la guerra y para cumplir con el acuerdo presentado por Rusia de recolectar las mil toneladas de venenos para su destrucción.

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