Fin de semana largo. Corsos, mascaritas que van y vienen, imitaciones de corsos europeos como el de Venecia, y otros muchos más proletarios como los de La Matanza, Quilmes que se conformaron con papel y espuma.
Mientras esto sucedía, en lo que se llama "la cocina" de los intendentes se trabajó raudamente para la famosa “rosca”, no justamente de Pascuas, sino para saber qué medidas, convenios y alianzas van a tener que tramar para recibir las dádivas del gobierno nacional, para las llamadas "obras publicas"; estas son los negocios para mantener el clientelismo infame que muchos de los intendentes necesitan para sostener al grupo "militantes" que activarán para la contienda que se viene.
Obvio que en la farándula de esta rosca poco seria, no pasó por sus mentes el drama cotidiano de la gente que vive, de Tigre hasta el profundo del Conurbano, por la inseguridad.
¿Podrán con recetas arcaicas pasadas de moda volver a armar presuntos arreglos políticos con una situación económica social explosiva?
¿Podrán evitar que la gente indignada les corte avenidas, calles, que golpeen y tiren piedras en las comisarias?
¿Podrán evitar que quemen casas de presuntos pedófilos?
¿Que tomen justicia por mano propia cuando la justicia no existe?
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