El avance ultraislámico. Son la banda de fanáticos que fundaron un califato. Dinamitaron un templo del siglo X.
La banda ultraislámica que tomó partes de Irak e Irán y fundó un califato destruyó ayer una mezquita milenaria en la ciudad septentrional iraquí de Mosul. La Razón esgrimida para esta nueva barbarie es que el edificio estaba construido sobre la tumba de un profeta.
Los miembros de este grupo radical retiraron primero objetos destacados del interior de la mezquita, construida en el siglo X, y evacuaron a los vecinos de las casas cercanas al templo. A continuación, como hicieron los Taliban con las estatuas de Buda de Bamián, colocaron explosivos y los detonaron, causando la destrucción total del edificio histórico. Después pasaron una maquina aplanadora sobre los escombros. Estos integristas tomaron control de Mosul el pasado 10 de junio. En las tendencias islamistas más rígidas, se prohíbe la construcción de mezquitas sobre las tumbas de los santos, algo que consideran contradictorio al monoteísmo que estipula el islam.
Pero para esta organización, ese tipo de situaciones son un pretexto para amplificar su poder. Tras fundar su “califato” casi nada dejaron de hacer en un camino de barbarie: impusieron leyes ultraislámicas estrictas que limitaron la autonomía y la libertad de la gente, se lapidó a mujeres, cortaron las manos a supuestos ladrones y se crucificó a cristianos.
El autodenominado Estado Islámico, también ha atacado varios monasterios e iglesias en el norte de Irak, principalmente en Mosul, la ciudad que han convertido en una especie de capital de la monarquía que instauraron.
Como parte de su programa para garantizarse el dominio pleno de la región, ahora dieron un ultimátum de sólo 48 horas a cinco grupos sunnitas (estos fundamentalistas integran esa rama mayoritaria del islam), que hasta ahora fueron aliados en la lucha contra el gobierno de Bagdad, para ponerse bajo sus órdenes o abandonar la región, informó ayer el portal de noticias Sumaria News.
Si no lo hacen, enfrentarán castigos, advirtió la organización que hace una semana le había dado también un ultimátum a los cristianos de Mosul para abandonar la ciudad antes de la mañana del sábado, convertirse al islam o pagar un impuesto oficial si no querían enfrentar la muerte. Ello hizo que todos los cristianos huyeran de la ciudad. El E.I. también trata a los musulmanes shiítas, la rama minoritaria pero que gobierna Irán, como “infieles” que deben ser ultimados.
El grupo más conocido afectado por esta medida son las milicias Naqshbandi, integradas por antiguos seguidores del tirano Saddam Hussein. Sin el apoyo de esos grupos, la organización no hubiera tenido la fuerza necesaria para avanzar dentro de Irak. Esta banda de fanáticos tampoco tolera en Siria la presencia de otros grupos sunitas opositores al gobierno de Bashar Al Assad.
Los islamistas aprovecharon el vacío de poder para avanzar hacia Bagdad y ya controlan amplias zonas del norte y noroeste de Irak. El jueves, el Parlamento eligió un nuevo presidente, el kurdo Fuad Massum.
Ahora el reto es elegir a un nuevo primer ministro que logre consolidar políticamente al país para enfrentar la amenaza de estas legiones de integristas.

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