Demasiado alto o demasiado bajo, obeso o flaco, homosexual o heterosexual, blanco o negro, europeo u originario.
En diálogo con El Tribuno, Dan Adaszko, sociólogo, magíster en Generación y Análisis de Información Estadística e investigador, explicó las raíces de por qué los argentinos son discriminadores.
“Durante el siglo XIX se buscó crear una nacionalidad que se fundaba justamente en la negación de los pueblos autóctonos y en mirar e importar todo lo que venía de Europa”, analizó el sociólogo. Sin embargo, advierte que las acciones para la inclusión deben generarse en el Estado. “El Estado llega a todos lados. Esta es una tarea del Ministerio de Educación y Cultura”, agregó.
La tarea es cambiar los paradigmas, lo importante es reconocerlo y con eso ya se dio el primer paso.
¿Cuál es la raíz de la discriminación?
Hay que ir de lo general a lo particular. Más allá de la sociedad argentina, el conjunto de las sociedades tienen sus patrones culturales y sus estructuras mentales. Tienden a percibir que hay un parámetro o ciertos parámetro de normalidad. Hay algunos que te separan lo que es normal de lo que no es normal, lo que es esperable de lo que no es esperable, lo que está adentro de lo que está afuera. Toda sociedad, con cualquier cultura que tenga, va a tener estos parámetros para medir lo normal de lo que se considera anormal. Por supuesto que toda sociedad va a tener ciertos elementos culturales que van a hacer que defina quiénes somos nosotros y quiénes son los otros; quiénes podemos dejar incluidos dentro de un grupo, a quiénes permitimos que se incluyan dentro de ese grupo, y quiénes no. Ese rasgo lo va a tener toda cultura y toda sociedad.
¿De dónde surge el caso argentino?
Cuando nos centramos ya no en cualquier sociedad sino en la nuestra, lo que hay que describir es cómo la sociedad argentina construyó esos parámetros de inclusión y exclusión social, cómo la Argentina construyó históricamente esa cuestión de pertenencia y de identidad, de quiénes somos nosotros y quiénes no están dentro de nuestro grupo y, por lo tanto, podrán ser discriminados. Ahí es donde hay que ingresar en lo que es la historia de la construcción de la identidad, que podríamos llamar identidad nacional argentina.
En el país tenemos varios casos en los que se niega a ciertos grupos sociales. Un caso claro es lo que ocurre con la comunidad qom en Formosa.
Ahí está claro este tema. Se ve cómo en Argentina se construyó cierto ideal de imagen de identidad nacional y en esa construcción estuvieron los que quedaron incluidos y los que quedaron excluidos. ¿Cómo se construyó en base a rasgos generales? Se construyó en la segunda mitad del siglo XIX en una sociedad argentina que se estaba empezando a formar y con elites que miraban prácticamente hacia Europa. Y esas elites negaban todo aquello que tuviera que ver con grupos culturales y étnicos de origen local. Entonces la construcción de esa identidad nacional, de qué es lo ideal, se dio en la mitad del siglo XIX y se hizo en base a un imaginario, a un espejo en el que se miraba hacia lo europeo, hacia la sociedad burguesa europea. Y esto obligó a negar todo lo que fuera distinto a esta sociedad, justamente lo que eran las etnias originarias, en base a una idea positivista de aquel momento que sostenía que había en el mundo dos grandes tipos de civilizaciones o dos grandes grupos: las sociedades civilizadas y las sociedades bárbaras. Dentro de estas sociedades estaban las europeas que se industrializaban, que avanzaban en el comercio, que construían sistemas políticos de representación moderna.
Por otro lado, estaba el otro grupo, al que se lo identificaba con las sociedades bárbaras -justamente no civilizadas-, que eran los grupos locales autóctonos. Eso es lo que explica por qué desde Sarmiento, Roca y toda esa generación se fue construyendo el Estado moderno argentino. Y tuvo en común esta definición de cuál era el horizonte para crear lo que se llamaría la nacionalidad argentina. Una nacionalidad que se fundaba justamente en la negación de los pueblos autóctonos y de mirar e importar todo lo que venía de Europa. Y eso explica por qué a los colonos de origen alemán, irlandés e italiano se les da en su momento tierras y se los deja desarrollarse, mientras que a los grupos que pertenecían a los grupos originarios les ocurre todo lo contrario. Se los persigue, con por ejemplo las campañas del desierto. Más adelante ya no se los persigue pero se los niega. No se les reconocen sus derechos.
Hoy la sociedad cambió tanto que hay muchos más sectores que quedan afuera: los obesos, los gay...
Una cuestión es la discriminación étnico racial, que en sus orígenes están en esto que acabo de describir, pero al mismo tiempo hay otros mecanismos culturales que básicamente son patrones de sistemas de valores que de vuelta tienden a construir modelos ideales de cómo debe ser la estética, la figura, la forma de pensar ideal, aproblable y deseable, y cuál es la reprochable. Así se construyen estigmas acerca de determinados grupos que no responden a esos modelos. Y ahí entran desde la estética a cuestiones de diversidad sexual y formas de pensar políticas.
¿Qué acciones se deben tomar para incluir a todos?
En primer lugar, quien debe tomar las primeras acciones es el Estado a través de los ministerios de Educación y de Cultura, seguidamente la familia. Pero el Estado tiene la gran responsabilidad porque llega a todos lados. Lo que podemos hacer las familias por separado educando a nuestros hijos, son situaciones marginales, cada familia actuando por separado. El Estado tiene la posibilidad de llegar a todos. Hay que usar todos los mecanismo del Estado que impulsen la integración social. Una cuestión principal en este punto es no aceptar el paradigma de la tolerancia. Hay que impulsar la integración. No es lo mismo integrarlo que tolerarlo. Tolerarlo es decir “no estoy de acuerdo, no admito, no comparto, no lo deseo dentro de mi grupo, pero como la legislación me obliga a no discriminarlo, lo tolero”. Otro paradigma distinto es el de la integración. Integrar desde y con la diferencia. Aceptar la diferencia, integrarla sin negarla y no solamente tolerarla porque no me queda otra.Parece que se hablara de antónimos sociales. Son las comparaciones que todos los días los argentinos hacen de sus propios ciudadanos. Son sectores a los que se oculta, se niega, e incluso se llega a perseguir. Contar con una sociedad integradora parece un sueño difícil de lograr.
En diálogo con El Tribuno, Dan Adaszko, sociólogo, magíster en Generación y Análisis de Información Estadística e investigador, explicó las raíces de por qué los argentinos son discriminadores.
“Durante el siglo XIX se buscó crear una nacionalidad que se fundaba justamente en la negación de los pueblos autóctonos y en mirar e importar todo lo que venía de Europa”, analizó el sociólogo. Sin embargo, advierte que las acciones para la inclusión deben generarse en el Estado. “El Estado llega a todos lados. Esta es una tarea del Ministerio de Educación y Cultura”, agregó.
La tarea es cambiar los paradigmas, lo importante es reconocerlo y con eso ya se dio el primer paso.
¿Cuál es la raíz de la discriminación?
Hay que ir de lo general a lo particular. Más allá de la sociedad argentina, el conjunto de las sociedades tienen sus patrones culturales y sus estructuras mentales. Tienden a percibir que hay un parámetro o ciertos parámetro de normalidad. Hay algunos que te separan lo que es normal de lo que no es normal, lo que es esperable de lo que no es esperable, lo que está adentro de lo que está afuera. Toda sociedad, con cualquier cultura que tenga, va a tener estos parámetros para medir lo normal de lo que se considera anormal. Por supuesto que toda sociedad va a tener ciertos elementos culturales que van a hacer que defina quiénes somos nosotros y quiénes son los otros; quiénes podemos dejar incluidos dentro de un grupo, a quiénes permitimos que se incluyan dentro de ese grupo, y quiénes no. Ese rasgo lo va a tener toda cultura y toda sociedad.
¿De dónde surge el caso argentino?
Cuando nos centramos ya no en cualquier sociedad sino en la nuestra, lo que hay que describir es cómo la sociedad argentina construyó esos parámetros de inclusión y exclusión social, cómo la Argentina construyó históricamente esa cuestión de pertenencia y de identidad, de quiénes somos nosotros y quiénes no están dentro de nuestro grupo y, por lo tanto, podrán ser discriminados. Ahí es donde hay que ingresar en lo que es la historia de la construcción de la identidad, que podríamos llamar identidad nacional argentina.
En el país tenemos varios casos en los que se niega a ciertos grupos sociales. Un caso claro es lo que ocurre con la comunidad qom en Formosa.
Ahí está claro este tema. Se ve cómo en Argentina se construyó cierto ideal de imagen de identidad nacional y en esa construcción estuvieron los que quedaron incluidos y los que quedaron excluidos. ¿Cómo se construyó en base a rasgos generales? Se construyó en la segunda mitad del siglo XIX en una sociedad argentina que se estaba empezando a formar y con elites que miraban prácticamente hacia Europa. Y esas elites negaban todo aquello que tuviera que ver con grupos culturales y étnicos de origen local. Entonces la construcción de esa identidad nacional, de qué es lo ideal, se dio en la mitad del siglo XIX y se hizo en base a un imaginario, a un espejo en el que se miraba hacia lo europeo, hacia la sociedad burguesa europea. Y esto obligó a negar todo lo que fuera distinto a esta sociedad, justamente lo que eran las etnias originarias, en base a una idea positivista de aquel momento que sostenía que había en el mundo dos grandes tipos de civilizaciones o dos grandes grupos: las sociedades civilizadas y las sociedades bárbaras. Dentro de estas sociedades estaban las europeas que se industrializaban, que avanzaban en el comercio, que construían sistemas políticos de representación moderna.
Por otro lado, estaba el otro grupo, al que se lo identificaba con las sociedades bárbaras -justamente no civilizadas-, que eran los grupos locales autóctonos. Eso es lo que explica por qué desde Sarmiento, Roca y toda esa generación se fue construyendo el Estado moderno argentino. Y tuvo en común esta definición de cuál era el horizonte para crear lo que se llamaría la nacionalidad argentina. Una nacionalidad que se fundaba justamente en la negación de los pueblos autóctonos y de mirar e importar todo lo que venía de Europa. Y eso explica por qué a los colonos de origen alemán, irlandés e italiano se les da en su momento tierras y se los deja desarrollarse, mientras que a los grupos que pertenecían a los grupos originarios les ocurre todo lo contrario. Se los persigue, con por ejemplo las campañas del desierto. Más adelante ya no se los persigue pero se los niega. No se les reconocen sus derechos.
Hoy la sociedad cambió tanto que hay muchos más sectores que quedan afuera: los obesos, los gay...
Una cuestión es la discriminación étnico racial, que en sus orígenes están en esto que acabo de describir, pero al mismo tiempo hay otros mecanismos culturales que básicamente son patrones de sistemas de valores que de vuelta tienden a construir modelos ideales de cómo debe ser la estética, la figura, la forma de pensar ideal, aproblable y deseable, y cuál es la reprochable. Así se construyen estigmas acerca de determinados grupos que no responden a esos modelos. Y ahí entran desde la estética a cuestiones de diversidad sexual y formas de pensar políticas.
¿Qué acciones se deben tomar para incluir a todos?
En primer lugar, quien debe tomar las primeras acciones es el Estado a través de los ministerios de Educación y de Cultura, seguidamente la familia. Pero el Estado tiene la gran responsabilidad porque llega a todos lados. Lo que podemos hacer las familias por separado educando a nuestros hijos, son situaciones marginales, cada familia actuando por separado. El Estado tiene la posibilidad de llegar a todos. Hay que usar todos los mecanismo del Estado que impulsen la integración social. Una cuestión principal en este punto es no aceptar el paradigma de la tolerancia. Hay que impulsar la integración. No es lo mismo integrarlo que tolerarlo. Tolerarlo es decir “no estoy de acuerdo, no admito, no comparto, no lo deseo dentro de mi grupo, pero como la legislación me obliga a no discriminarlo, lo tolero”. Otro paradigma distinto es el de la integración. Integrar desde y con la diferencia. Aceptar la diferencia, integrarla sin negarla y no solamente tolerarla porque no me queda otra.
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