Instituto está pifiado

Instituto está pifiado
Sin suerte. Mereció mucho más la Gloria ante Banfield. Pero una pifia en el final le dio el triunfo a la visita.
El flaco del tranco lento y los pelos largos ya no puede hacer más nada. Tiene las dos rodillas raspadas. La izquierda y la derecha. Ha corrido más que nadie. Se tiró al piso tantas veces que ya su cuerpo está lleno de pasto y barro. Está cansado. No hay un gramo de aire dando vuelta.

Pero el flaco de tranco lento y los pelos largos sigue corriendo. Faltan apenas segundos. Instituto corajea un empate ante Banfield y merece muchísimo más. Son las pelotas finales. Y el Taladro tira un pelotazo al área. No vaya a ser cosa de que se puedan llevar algo más que ese punto a Baires.

El flaco de tranco lento y los pelos largos está en el centro de área. Su número 5 le da la espalda a Chiarini. Y la pelota baja lenta, hacia su pie derecho. No hay espacio /ideas/ganas para nada más. Hay que revolearla a la mierda.

Pero es ahí, cuando Federico Vismara (el flaco de tranco lento y los pelos largos), pifia. Así de simple: pifia. Justo él, la figura -enorme- de la cancha. El que se llevó todos los aplausos de los hinchas de Instituto. Todos.

Esa pifia habilita a tres jugadores de Banfield. El derechazo lo tapa Chiarini, abajo, difícil. Y en el rebote Nicolás Bertolo te mata, Instituto. Entonces, Banfield festeja y se lleva una victoria de Alta Córdoba por la novena fecha de la B Nacional.

Entonces, la bronca y la impotencia es esa en Instituto: la de vivir en la pifia constante. La de que nada pueda terminar de salir del todo bien. Que las cosas no puedan encadenarse una maldita vez. El triunfo ante Huracán en la fecha anterior merecía ser acompañado por otra actuación importante. Valiente. Y así fue. Justo ante un candidato al título como es el conjunto dirigido por el ex River Matías Almeyda.

Pero en Alta Córdoba la mala suerte se hace una fiesta y se sigue divirtiendo. Anoche, movió los hilos de esa jugada en la que Vismara, la figura de la cancha por afano, cometió su único error. Esa pifia. Y fue el 1-2 en contra.

Lágrimas de bronca. “Qué le podemos pedir a estos jugadores, viejo. Si han dejado todo. Si han jugado un partidazo. Bien, Bruja. Bien. Vamos que nos levantamos”, grita Leandro, uno de los tantos hinchas que despidió, en la platea, al equipo con aplausos. En especial a Vismara, claro.

Unos segundos antes, Julio Chiarini lloraba como un chico ante una derrota en un partido escolar en la mitad de la cancha. Y lo consolaba Pablito Burzio.

Y las lágrimas son entendibles porque son las que salen cuando no se le puede encontrar explicación alguna a la situación que te toca vivir. Y en esta derrota de Instituto ante Banfield realmente no la hay. Más allá de esa frase tan futbolera como dolorosa: “el fútbol es así”. Pero como el fútbol es así, no siempre el que merece, gana.

“No sé si alguien tiró algo arriba de esta cancha. Es increíble lo que nos pasa. No tengo explicación”, diría Kudelka, desordenado con sus sensaciones. Satisfecho por sus jugadores. Infeliz por la caída.

Mirá la repetición de la jugada del final por TV con la esperanza de que pase otra cosa. El flaco de tranco lento y pelo largo va a despejar. Pero, no. Pifia. Ahí, quizá, se resume el presente de Instituto.

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La tabla

11 puntos. El Albirrojo acumula dos triunfos, cinco empates y dos derrotas en el campeonato. Son 11 puntos. Merece más.

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