A través de un conservante natural obtenido a partir de residuos del procesado de langostino, técnicos del INTI consiguieron prolongar la duración de las frutillas después de la cosecha.
Con el objetivo de extender la vida útil de las frutillas, técnicos del instituto marplatense realizaron ensayos para evaluar el impacto que tiene sobre las frutas refrigeradas el uso de un recubrimiento de quitosano. El resultado fue un recubrimiento líquido que puede aplicarse mediante inmersión o pulverización.
La producción frutícola constituye una importante fuente de ingresos en las economías regionales. Argentina cuenta con una producción de alrededor de 35 mil toneladas anuales concentrada en las provincias de Santa Fe, Buenos Aires y Tucumán.
La cosecha abarca 1.400 hectáreas sembradas en los últimos diez años, superficie que creció un 50% posicionando al país como el tercer productor sudamericano de frutilla después de Brasil y Chile. El 62% de la producción mundial de frutas finas corresponde a la frutilla y Mar del Plata se posicionó durante el último tiempo como un fuerte polo en la materia.
Según informaron fuentes del Centro, los resultados de estos ensayos reflejaron una disminución en la degradación de la vitamina C y una mayor retención de humedad así como una reducción en la concentración de hongos de aquellas frutillas que habían sido recubiertas con este conservante natural.
Las pruebas demostraron su capacidad a la hora de disminuir el deterioro de los frutos, permitiendo así un mayor tiempo de almacenamiento.
En el período de post-cosecha, las frutillas se mantienen como máximo cinco días en el interior de cámaras y durante su comercialización en las góndolas tienen una vida útil estimada de tres a cuatro días.
Durante este proceso, alrededor del 40% de los frutos se descartan por mala apariencia. Las principales causas son su carácter perecedero y el deterioro que provocan los microorganismos. Por eso, “para reducir las pérdidas económicas es necesario desarrollar nuevas tecnologías de conservación que retrasen los procesos de deterioro microbiológico y mantengan la calidad durante la comercialización del producto”, destacaron desde el INTI.
En la actualidad, el uso intensivo de compuestos químicos en el proceso de producción frutícola provoca inconvenientes tanto en la inocuidad del producto como en el ambiente, motivo por el cual las nuevas tendencias muestran preferencias por el uso de conservantes naturales.
En este grupo alternativo de biocompuestos se encuentra el quitosano, un biopolímero sin toxicidad, biocompatible y naturalmente degradable con actividad antimicrobiana, antiviral y antifúngica. Este compuesto se obtiene de la quitina, el principal constituyente de las partes duras del cuerpo de invertebrados, las cuales en nuestro país constituyen un desecho de la industria pesquera sin aplicación específica hasta ahora.
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