Fue inspeccionado un sembrado de papas y se corroboró que 26 personas trabajan y viven de manera indigna

Si bien los inspectores labraron las actas correspondientes, el trabajo de recolección de papas continuó y los trabajadores seguirán viviendo en condiciones deplorables, hasta dentro de diez días, que es cuando termina la cosecha. Para el organismo provincial, el dueño del campo es solidariamente responsable con la empresa que arrendó el campo, que Semillero ‘Don Ignacio SA’ de la ciudad de Mar del Plata.
El martes por la mañana, un llamado telefónico alerta a la Redacción de este medio de comunicación de que iba a producirse una inspección a un establecimiento agropecuario, para verificar las condiciones laborales y de seguridad e higiene en las que desarrollaban sus tareas un grupo de trabajadores cordobeses especializados en la recolección de papas, en este caso destinada a semilla.

El delegado regional del Ministerio de Trabajo, Dr. Rodolfo Frers, fue el encargado de anunciarnos que se dirigía al establecimiento ‘Los Cerrillos’, propiedad de Luis Demarchi, pero que quien explotaba el campo era la empresa Semillero ‘Don Ignacio SA’, con domicilio comercial en la ciudad de Mar del Plata.

De inmediato se relacionó esta inspección con la que realizó hace veinte días la Afip, en aquella oportunidad para verificar si se trataba de trabajo registrado o en negro, siendo obviamente de esta última movilidad. En aquel momento, se estableció que los trabajadores vivían en condiciones inhumanas, en casillas de chapa y con piso de tierra, a la vez que para mantener la temperatura de los lugares le ponían al techo chalas de maíz.

En virtud de que los responsables de la cosecha ya habían sido descubiertos en su actitud desaprensiva para con los trabajadores, se esperaba que al menos las condiciones de habitabilidad habían sido modificadas, de que estaban un poco mejor, aunque era de prever que las condiciones laborales no habían cambiado.

En definitiva, nada cambió. Todo estaba igual, “sólo vinieron y pusieron cuatro chapas alrededor de la letrina, ahora hacíamos nuestras necesidades sin que nadie nos viera, pero en un pozo”, dijo a Nuevo Día quien este momento está a cargo de cocinarles a los trabajadores.

Lo encontramos preparando el puchero para el mediodía, a la noche les iban a servir milanesas. Pero un solo dato, el cronista de este medio, minutos después de las 11:00, ingresó a una de las dependencias de chapa y encontró la carne que, finalmente, fue cocinada envuelta en una cortina negra… eran moscas y el olor que salía de ese lugar era realmente nauseabundo. Todo esto a pesar de que el cocinero manifestaba que los comestibles eran guardados en un frezzer que se encontraba a unos 3 mil metros, en donde vivía el encargado.

El arribo al establecimiento agropecuario

El lugar de encuentro previsto por el delegado regional Rodolfo Frers fue el paraje conocido como ‘San Eloy’. Hasta allí llegó un móvil policial y funcionarios del Ministerio de Trabajo bonaerense con asiento en Bahía Blanca, que se sumaron al inspector laboral local, Darío Graff y a la asesora letrada, Dra. Mercedes Antonelli. También estuvieron presentes en todo el procedimiento el titular del gremio Uatre local, Ricardo Arrieta y su homónimo de Coronel Pringles, Hugo Fiteras.

A las 10:55, el operativo ingresó al establecimiento ‘Los Cerrillos’, ubicado a unos 4 o 5 kilómetros antes de llegar a ‘San Eloy’, sobre ruta 85, llegando después de recorrer un camino interno hasta el lugar donde se ubicaba el asentamiento de los trabajadores, encontrándose con las mismas condiciones con que se encontró la Afip, con casuchas de chapas y un ambiente absolutamente inhumano, de extrema pobreza, en donde viven desde hace 45 días unas veintiséis personas, habiendo llegado a ser cerca de cuarenta, pero al no soportar el ambiente muchos optaron por irse.

De inmediato, los inspectores del Ministerio de Trabajo comenzaron a realizar su tarea, siempre acompañados por dos policías de la patrulla de San Eloy, pero no hubo ningún tipo de incidente. Sólo cabe mencionar que quien oficiaba de encargado, no bien observó la presencia de inspectores laborales y seguridad e higiene huyó del lugar, con la excusa de que iba a buscar más bolsas para seguir desarrollando la tarea de recolección de las papas, que no son para consumo sino que se las utiliza como semilla.

Los inspectores comprobaron que nada había cambiado desde la inspección de la Afip, manteniéndose las mismas condiciones de trabajo esclavo. Veintiséis trabajadores fueron registrados, todos provenientes de Villa Dolores, en la provincia de Córdoba.

Del mismo lugar proviene el encargado de estos hombres, quien se identificó como Cirilo Oyola, quien manifestó ante los Inspectores que también se vio sorprendido por las condiciones en las que tenían que cumplir la labor.

Estos cosecheros de papa tienen una promesa de paga de 6,10 pesos la bolsa, cifra a la que se llega después de sumar tres diferentes labores que deben realizar y que son 3,10 pesos por juntar, dos pesos para llenar y atar la bolsa y un peso por cargarla en el camión que la transporta hasta Mar del Plata.

Lo que quedó en claro, por diferentes manifestaciones recogidas en el lugar, es que todavía no han recibido ningún dinero, el que esperan les será liquidado cuando terminen el trabajo de cosecha, dentro de unos diez a quince días, y en el lugar de origen, en Villa Dolores. Esto pone de manifiesto que existe una actitud de servidumbre de la empresa que arrienda el campo para con los trabajadores, porque la gente se encuentra ante la disyuntiva de irse sin dinero o aguantar y cobrar, se convierten en una especie de esclavos.

Viven en condiciones inhumanas

Hasta el momento llevan trabajando 40 días en condiciones de vivienda, sanitarios y alimentación que son infrahumanas; el hacinamiento verificado en las casuchas de chapa en las que duermen es evidente; las moscas se multiplican de la mano de los malos olores y se posan sin inconveniente sobre cualquier lugar, también en los alimentos, como la carne, que esperaban ser cocinados.

Según se indicó, hay una heladera o freezer, pero está en una vivienda o casilla ubicada como a tres mil metros del lugar; pero el cocinero, que también forma parte del grupo de trabajo, prepara, como puede, en varias ollas al fuego de leña y con el calor de las brazas, la comida del día, en el lugar donde duermen los recolectores de papas.

Sanitarios no existen, es un pozo en medio del campo, a menos de 20 metros del lugar donde comen y duermen, rodeado por cuatro chapas y sobre ellos, las estrellas. Esto fue lo único que se modificó después de la inspección de la Afip. El lugar para bañarse es también una casucha de chapa, con una cañería precaria de la que se desprenden entre cinco y seis duchas, en una suerte de baño comunitario.

Demás está decir que son indignantes las condiciones en las que se desempeñan estos trabajadores en pleno siglo XXI y a pesar de todo lo que se ha avanzado en derechos humanos.

Los inspectores del Ministerio de Trabajo certificaron todos los datos y tomaron registro fotográfico para las actuaciones administrativas que corresponden ante esta situación ilegal, que ahora vuelve a verificar otro organismo del Estado, como es el caso del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, dejando constancia que nada había cambiado desde la inspección anterior y que trascendió al país como trabajo esclavo en Coronel Suárez, como titulaban los medios de comunicación.

“El dueño del campo es solidariamente responsable”

El delegado regional del Ministerio de Trabajo, Dr. Rodolfo Frers, afirmó ante Nuevo Día que “vamos a hacer solidariamente responsables a los propietarios del campo”, a quien más tarde se identificó como Luis Demarchi, a quien en horas de la tarde se lo puso en conocimiento sobre las características del operativo y sus implicancias.

A criterio del Ministerio de Trabajo se ignora en estos casos que corresponde la aplicación de la ley 22248, quien hace responsable no sólo al arrendatario sino al propietario del lugar (ver recuadro). En este sentido, Frers expresó que “Vamos a hacer las intimaciones correspondientes, esperando el plazo que establece la ley para que cumplan las condiciones laborales que la misma prevé. Y en lo que se refiere a las condiciones de seguridad e higiene, corresponde que se aplique directamente la multa por infracción”.

“También vamos a intimar al propietario del campo, porque le cabe la responsabilidad solidaria que la misma ley establece. Nos hemos encontrado con condiciones de trabajo realmente paupérrimas: hay un hacinamiento total en lo que se establece como dormitorio, piso de barro y otras cuestiones que violan todo lo que dice la ley para la protección del trabajador rural”, expresó el funcionario encargado de las operaciones que se llevaron a cabo el pasado martes por la mañana, en el establecimiento agropecuario ubicado a escasos 40 kilómetros de la ciudad cabecera del distrito.

30 años de experiencia

El primero en hablar fue el cocinero de este grupo de hombres, Luis Oscar Heredia, quien en los primeros días también recolectó papas, y dijo en forma contundente que “lo único que nos hicieron después de la primera inspección de la Afip fue pararnos cuatro chapas en el lugar que usábamos como baño”.

El hombre, de mediana edad, explicó que hace 30 años trabaja en la cosecha de papa, que está acostumbrado a esta tarea golondrina que lo lleva de un lugar a otro, buscando estas siembras especiales, en el momento en que están listos los tubérculos para extraerlos de la tierra.

En el caso de este campo, ubicado en el Partido de Coronel Suárez, cerca del límite con Coronel Pringles, se usa esta papa para semilla de otras plantaciones, según explicaron los propios trabajadores, mientras que en las bolsas que se iban cerrando toscamente quedaban etiquetadas con una inscripción, la del nombre del establecimiento arrendatario: “Semillero Don Ignacio S.A.” y el nombre de una empresa importante, Mc Cain.

Luis Oscar Heredia comentó que está en el lugar desde hace unos 25 días y dijo que quienes llegaron antes le manifestaron que antes de entrar a las casuchas de chapa que usan para dormir tuvieron que limpiar los yuyos que estaban bien altos en el interior.

Dice también que con sus 30 años de experiencia nunca estuvo en estas condiciones laborales, sabe por experiencia que el trabajo de cosechero es duro, pero nunca le tocó estar antes en una situación igual a la que hoy vive.

“Me trajeron como ayudante de cocina y a los pocos días lo echaron al que estaba como titular y quedé yo. Nos dijeron que veníamos a un lugar con casa y todo con condiciones humanas acomodadas”, afirmó.

Destacó además que “cuando llegaron los primeros esto era un desastre, un yuyal… era una selva. El proveedor viene dos veces por semana y nos descuentan la comida del salario que tenemos ganado, pero no nos pagan hasta que no terminamos la cosecha y en el lugar de origen. Nos quedan unos quince días, todavía”.

- ¿Qué sucede si alguien se enferma o tiene un accidente?

- ¡Que Dios lo ayude, acá no tenemos nada!

Esta fue la respuesta, sencilla y contundente, del cocinero, quien agregó que “como movilidad, sólo tenemos el colectivo que pasa por la ruta. Acá no hay luz eléctrica ni posibilidad de señal de teléfono; nos alumbramos con velas o faroles”.

Por último, dijo que “nunca vi estas condiciones de trabajo y de verdad no voy a volver nunca más, hemos sido muy maltratados”.

El ‘tantero’

Cirilo Oyola es el mayor de todos los trabajadores y su tarea es la de llevar el control del trabajo que realiza cada recolector, es el ‘tantero’, tal el nombre en la jerga de este tipo de tareas agropecuarias.

Oyola afirmó, ante Nuevo Día, que “cobramos cuando nos vamos, unos 6.10 pesos la bolsa sobre el camión” y en cuanto a las condiciones de habitabilidad y salubridad dijo que “son siempre iguales, en ocasiones nos ponen casillas, un poco mejor que esto, pero no demasiado”.

Consultado sobre si le parecía bien como vivían, afirmó resignado: “No es bueno, padre… pero ya está, nos vamos pronto, ahora sólo queremos cobrar el trabajo que hemos realizado” y añadió que “las condiciones son normales y por supuesto que no deberían ser así, a quien le gusta vivir así”.

Quizás en sus últimas palabras le puso un poco de realidad a la situación, ya que dijo que “en estos momentos en Córdoba no hay trabajo y si nosotros no aceptamos, detrás hay una veintena de personas esperando la oportunidad… es así de simple; en julio comenzamos la campaña allá (en Córdoba), son dos al año, de junio a octubre y de noviembre a diciembre”.

El dato que faltaba saber era cuál es el rinde y fue Oyola quien confirmó que en esta zona “por hectárea se sacan unas 900 bolsas, de las grandes”.

Uatre presente

Los inspectores del Ministerio de Trabajo y el propio delegado Rodolfo Frers, estuvieron acompañados por los dirigentes gremiales de Uatre, Ricardo Arrieta por Coronel Suárez y Hugo Fiteras por Coronel Pringles, quienes manifestaron estar cansados de ver trabajadores hacinados y sometidos a condiciones humanas deplorables, dijeron, para explicar que vienen haciendo en toda la región estas inspecciones, como por caso las que se llevaron a cabo en lugares como Hilario Ascasubi, con cosecheros de cebolla, donde se comprobaron una serie de infracciones y se encontró también que hay muchos indocumentados, inmigrantes de países limítrofes.

Dijeron que las condiciones que se encontraron el martes, en este campo de Coronel Suárez, son una de las peores que han visto en mucho tiempo y reclamaron que deben hacerse operativos conjuntos con el Ministerio de Trabajo, porque es el organismo quien tiene el poder de Policía para poder entrar sorpresivamente a los lugares de trabajo, como por ejemplo, los establecimientos rurales.

“Yo no tengo nada que ver”

En la tarde de ayer, el propietario del establecimiento agropecuario ‘Los Cerrillos’, el señor Luis Demarchi, tomó contacto telefónico con esta Redacción para afirmar que no tiene nada que ver con la situación en la que viven los recolectores de papa.

“Yo no tengo nada que ver; es más, cuando ví lo que habían levantado para que la gente viviera les manifesté que estaban haciendo mal las cosas, la gente no puede vivir en esas condiciones”, afirmó Demarchi, desde la ciudad de Buenos Aires.

Resaltó que “solamente les arrendé el campo, cuyo contrato vence a fines del mes de junio”, indicando que “como podrá imaginar, esto no me agrada para nada”, mientras que dejaba en claro que no estuvo en ninguno de los dos operativos que ya se realizaron en su establecimiento agropecuario.

Por último, afirmó que “no tengo ningún tipo de vinculación con el Semillero, sólo les arriendo”.

“No nos dan recibo, ni nada”

En forma exclusiva, el cronista de Nuevo Día tuvo la oportunidad de conversar con dos de los recolectores de papas, en su mayoría gente muy joven, quienes expresaron que “nos trajeron con la promesa de pagarnos un precio y resulta que cuando nos pagan es mucho menos, esto pasa siempre”.

“Nos ofrecieron 3,10 pesos por bolsa de semilla de papa que recolectamos y son entre 100 y 150 bolsas las que hacemos, pero no sabemos justo porque las vamos dejando en el surco y ellos vienen y las levantan. Calculo que hacemos 35 surcos de cada lado, o sea que son 70 surcos por día, seguro que son más de 100 bolsas”, afirmó uno de ellos, que por motivo de seguridad no damos la identidad del mismo.

Sostienen que “siempre, al momento de pagarnos salen con otra cosa, no sabemos cuanto nos cuesta la comida, estamos sin luz, sin agua y ni siquiera tenemos señal en los celulares para comunicarnos con la familia de nosotros”.

“Trabajamos diez horas por día más o menos, pero no sabemos lo que nos pagan, parece que por la comida nos descuentan 45 pesos por día, nos habían dicho 38, pero no nos dan nada y no tenemos ni una moneda para salir de aquí”, afirmó el segundo.

Al seguir con su relato, el recolector dijo que “no nos dan recibo ni nada”, al tiempo que afirmó que “vivimos en unas casillas y con el sereno de la noche es como que llueve adentro y entonces nos tapamos con unos nailon para no mojarnos y poder descansar algo. Pero nos habían dicho que íbamos a estar en unas casas bien, con luz y todo, pero nos mintieron. Vinimos acá y no tenemos nada de eso, tenemos que ir al baño en el campo y tomamos agua de un molino que está medio cerca”.

“La comida está bien, pero al fin y al cabo la pagamos nosotros, pero no nos quejamos. A la mañana nos dan café, almuerzo, cena y a la tarde unos mates. Cuando hizo un mes que estábamos, quisimos saber cuánto ganamos pero no nos quieren decir”, indicó el trabajador.

Por último, dijo que “este trabajo nosotros lo hacemos siempre, pero en otro lado está todo bien, nos cumplen, pero vinimos acá y son una basura. No sabemos el nombre de la empresa, no nos quieren decir, no nos dan nombre ni nada”.

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