Cuando parecía que se caía el cielo y los vecinos cada vez levantaban más la voz, la sinceridad de un comisario hizo retroceder el reclamo popular. Ocurrió durante los últimos días del atrás, cuando vecinos autoconvocados de Parque Sicardi se reunieron en una conocida casa quinta de la zona para reclamar mayor presencia policial por un aparente aumento de la delincuencia.
Hace años, Sicardi era el lugar elegido por aquellos que con un poco de dinero podían acceder a un terreno para allí afincarse o fundar una casa de fin de semana, a valores mucho más populares que en la zona norte de la ciudad de La Plata.
A trasmano de la city, se jactaban de la ausencia de gente desconocida circulando por el lugar y que aún se podía vivir con las puertas abiertas; pero un día todo cambió. El loteo indiscriminado de varios campos en los últimos años, convirtió a Parque Sicardi en la apuesta de cientos de platenses. Con la llegada de nuevos vecinos se originó un mayor movimiento y, por ende, llamó la atención de los chicos malos.
Alrededor de tres vecinos se convocaron en la famosa casa quinta y con la presencia del comisario de nombre Miguel y su oficial de servicio, comenzaron con los reclamos que cada vez subían más de tono, ante el silencio del representante de la ley. Comentaron actores presenciales que los moradores cada vez estaban más eufóricos con la demanda y por momentos pareció que la intención final era el linchamiento del responsable del destacamento de Arana.
“¡¿Me dejan decir algo?!”, levantó por primera vez su voz el comisario, y luego emprendió una pequeña clase de compromiso ciudadano. En un principio explicó la falta de móviles para cubrir todo el sector destinado al destacamento. Y, por otro, solicitó en un principio que los padres se hagan cargo de los jóvenes del barrio que andan deambulando por el lugar.
Al respecto, el comisario explicó que la presencia de los jóvenes en lugares alejados de sus hogares, y más precisamente en altas horas de la noche, motiva no poder cumplir con todas las demandas, por lo que solicitó que los jóvenes de cada barrio, paren en la esquina de sus casas para poder tenerlos identificados. Para ello instó a los padres a tener mayor control de sus hijos. En un segundo plano, la autoridad invitó a los adultos a poner en regla los papeles de los autos y motos que circulan por la zona, debido a que en los controles que efectúan, la mayor cantidad de infractores es de la localidad; y recordó que la buena parte de los menores que pasean en moto, lo hacen sin documentación.
La frutilla del postre llegó sobre el final y acalló a los más eufóricos. En un principio, dicen que Miguel le dijo unas palabras al oído al oficial que lo acompañaba y éste se retiró. El comisario continuó con el pedido a los presentes y -palabras más palabras menos- les hizo notar que “vemos con asombro cómo han crecido las plantas en los jardines y eso es algo que ustedes tienen la responsabilidad de cuidar”, e ingresó el oficial con unas hojas en mano.
Miguel mostró que las plantas fueron arrancadas en ese instante de la puerta del local en donde estaban reunidos. Sin acusar a nadie, notó que se trataba de marihuana y que en Parque Sicardi es abundante la cantidad de vecinos que tienen decorando su jardín con éste tipo de planta. Contaron que algunas vecinas se sorprendieron y pusieron cara de: “Me parece que en mi jardín hay una de esas”.
Pareció un golpe de Mike Tyson en su mejor momento. Una piña al mentón que acalló voces y encendió los rumores. Fue como si el cannabis sativa fuera poniendo su efecto sobre los presentes. Todo terminó en amor y paz, el reclamo era para el comisario y la sinceridad ganó la noche en “la nueva Babilonia“.
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