Inseguridad, drogas y miedo en Tucumán

Inseguridad, drogas y miedo en Tucumán

Estado débil y candidatos ilusos para combatir estos flagelos que destruyen el tejido social ¿hay un límite?

TUCUMÁN (Redacción).- El desconcierto en torno a la compleja y multi-causal problemática de la inseguridad obliga a oficialista y opositores a entrar en contradicción permanente, apelando a tecnicismos que presumen logros improbables basados en la idealización de una fuerza de seguridad “modernizada” con tecnología de “última generación”. Típica respuesta de candidatos en campaña. ¿El problema? Los resultados inciertos y lo lejos que nos encontramos de resolver el tema de la inseguridad.

En este sentido el legislador radical Fernando Valdez presentó la semana pasada el Plan de Seguridad que propone el Acuerdo para el Bicentenario en caso que esta alianza acceda al gobierno.  No obstante, como advertimos, en ningún otro ámbito como en el terreno de la seguridad-inseguridad contrasta tanto la teoría y la práctica. Y, con Valdez se notó mucho.

El legislador radical habló de un Plan de Seguridad “distinto” que incluye la declaración de la Emergencia, con principios que identificó claramente como “prevención, desempeño, sociedad civil y asociación integrada”. ¿Sigue usted con nosotros atentamente estos argumentos de Valdez, o ya se aburrió como lector y ciudadano porque no le estamos diciendo nada respecto a cómo solucionar el problema de la inseguridad? No sea impaciente y aguante, el tema lo vale, y es, hasta apasionante. 

Valdez además refiere un “paquete de medidas” orientadas por “objetivos permanentes” como “gestión del conocimiento e identificación científica de problemas prioritarios de delito e inseguridad;  elevar la calidad de prestación de servicios del Estado haciendo eje en las demandas de los ciudadanos; impulsar la reforma policial para transformar la institución en un servicio de alta calidad profesional y compromiso ético; y poner en ejecución estrategias antidelictivas adecuadas y con evaluación permanente de resultados”. ¿Está claro? Si, ya sé, bla, bla, bla bla.

Estos programas parecen no conectarse con la realidad. Parten de datos concretos pero luego logran tal nivel de abstracción que los vecinos -por algo- no solo que no lo entienden sino que lo terminan sufriendo. Frente a un Ejecutivo débil y una oposición ilusa, a nosotros se nos ocurren otro tipo de preguntas y respuestas, más fáciles.

Qué tan difícil puede ser premiar o castigar con justicia a numerarios que pertenecen a la fuerza. Agreguemos una idea de los vecinos aquí, fuente de toda sabiduría. La familia del policía cuenta en este análisis. Medida: un sujeto no puede ser jefe de policía o comisario si uno de sus hijos se dedica a delinquir o drogarse. ¿Su padre lo pondrá prenso? Es como dejar al frente de la división Drogas al mejor hombre de la Policía pero que en su seno familiar tiene integrantes que consumen cocaína u otra sustancia. No puede dirigir así. De hecho se puede establecer un grado de parentesco con consecuencias (premios y castigos) para cada integrante de la fuerza policial. Los policías no pueden tener familiares directos que sean delincuentes.  Dicho a la inversa, sin respaldo del grupo familiar, ese policía no puede pertenecer a la institución.

Hay policías que por la forma de manejar no tendrían que tener ni siquiera carnet de conducir. Un arma, ni hablar. El estado en que se encuentran los móviles policiales es todo un dato también, es como las ambulancias.  

Considernado que el efectivo viene de un determinado barrio y, luego de formarlo institucionalmente para preservar el orden, le asignamos una manzana (dos o tres) bajo su responsabilidad, si el joven no conoce quién es quién en su vecindario y no puede controlar ese espacio geográfico donde nació, entonces el problema no es la zona, sino el uniformado. No debe permanecer en funciones.  La vocación es crucial, no es simplemente una salida laboral.  

Es muy importante no quedarse en el discurso artificial.  Mientras estos problemas se agravaban ¿dónde estaba el gobernador José Alperovich? ¿cómo mitigar o canalizar el drama de las adicciones cuando el Poder Político es parte del problema?

El problema de la connivencia entre la delincuencia y la policía debe abordarse seriamente, no puede ser que -por ejemplo- de 200 motos que hacen picadas ilegales, 50 o 100 máquinas posean alguna relación con la policía. O que el uniformado tenga "doble vida", que oficie de policía mientras viste el uniforme  y que cuando se lo saca sea un pibe chorro más del barrio. Pero, piensen algo práctico muchachos. Lo sencillo y lógico suele ser más efectivo y barato que las grandes soluciones, que por caras y costosas, se promocionan como “buenas” sin serlo.

La "modernización" de la fuerza y el equipamiento con la última tecnología no es la panacea sino parte de un gran negocio millonario, un circo de rango internacional, que incluye un paquete donde nos venden todo, la teoría y la práctica, pero viene con antecedentes de no solucionar nada precisamente porque termina dejando afuera el aspecto cultural y el sentido común del vecino, visión que debe ser recuperada. Tucumán no puede acostumbrarse a vivir entre el miedo y la impotencia.  

¿Entonces por dónde empezar? Como corresponde se comienza "poniendo orden en casa". El desgano de muchos uniformados se debe también a que son mal conducidos y maltratados por sus propios jefes.

Con una policía honesta, de buenas prácticas y respetable, la inseguridad en la sociedad será sensiblemente menor, no tenga dudas.

¿Lo seguimos en la semana?

¡Buena jornada!

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